Jardín Zaragoza
Ahora puedo pisar baldosas,
cruzar aceras, decir palabrotas.
Me encargué de hacerme
un drama para cada ocasión,
tengo una historia guardada
convertida en libro o relicario.
Ahora pueden florecer palmeras,
La Mora y los pastos relumbran
en terrazas de concreto,
sólo pedía un par de rosas.
Es el jardín de mi casa
ajeno y prohibido,
amado, de los juegos de niño.
A mi paso, en mi delirio
de besos y abrazos,
novios furtivos,
uno o dos abrazos,
los juramentos del exilio.
Nunca hubo jardín en mi casa,
sólo un parque vecino.

