+La ausencia del alcalde Moreno; Lo que hemos aprendido del 19 de septiembre de 1985; los recuerdos; falta consolidar los cambios después de 40 años de duras y dolorosas lecciones
La frase
La tierra es muda: habla por ella el desastre./ la tierra es sorda: nunca escucha los gritos./La tierra es ciega: no observa la muerte./ El día se vuelve noche/polvo es el sol/ el estruendo lo llena todo.
JOSÉ EMILIO PACHECO
LAS RUINAS DE MÉXICO
SUPERTIP: La ausencia hasta por 15 días, del presidente Municipal Ricardo Moreno Bastida, no abedece a que se haya conflictuado con la gobernadora Delfina Gómez, tampoco porque tenga una fuerte enfermedad, sino porque tiene que cumplimentar la inscripción de uno de sus hijos en una Universidad de EU, y debe hacer los trámites personalmente debido a las nuevas normas que dictó el presidente norteamericano.
Se calcula que estará de regreso, antes del inicio de la Feria del Alfeñique, misma que deberá inaugurar.
Lo que se aprendió tras el sismo de 85
El pasado viernes se conmemoraron 40 años del fatídico 19 de septiembre de 1985. Un día que quedó marcado en la memoria colectiva por la destrucción, pero también por la resiliencia de los mexicanos, quienes supieron reponerse a ese tremendo impacto de la naturaleza, más allá de sus autoridades, que demostraron lo inútiles que eran y que también se les recuerda por su alto grado de irresponsabilidad.
Pero los sismos del 85 deben ser recordados, pero también entendidos, porque hubo muchas enseñanzas que afortunadamente empujaron importantes cambios sociales en nuestro país, y la mejor de ellas fue el nacimiento de una política de Protección Civil.
Antes de ese día, la Protección Civil prácticamente no existía, todo se construía en esta nación sin considerar que ciertamente podrían registrarse fenómenos que no estaban en nuestras manos ni siquiera prever, y que, por lo mismo, nadie estaba preparado para enfrentar.
Hoy la situación es diametralmente opuesta, pues a golpe de sismos –en el 2017 nos repitieron la lección– hemos aprendido algunas cosas, desde cómo organizarnos, cómo prepararnos, cómo construir nuestras viviendas para resultar menos afectados ante los movimientos de la tierra, y otras muchas lecciones en un doloroso proceso.
La conmemoración por los 40 años de los sismos de 1985 en la Ciudad de México obliga a pensar en el presente y en el futuro de las urbes desde el desarrollo sostenible, lo cual supone metrópolis con viviendas y servicios básicos adecuados, sistema de transportes seguros, planificación y gestión participativas, reducción de muertes por desastres y disminución del impacto ambiental.
La lectura que tenemos en 2025 sobre los fenómenos naturales y los desastres es distinta a la que se tenía en 1985. Actualmente se sabe que los desastres son multifactoriales y están vinculados con las condiciones de vulnerabilidad de las poblaciones y los asentamientos humanos.
Desde esta lógica, los desastres son construcciones sociales convirtiéndose los fenómenos naturales en amplificadores de realidades existentes.
Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México coinciden en que, de acuerdo con una encuesta realizada por el área de Población de esta entidad académica, más de la mitad de las 30 mil personas damnificadas que se refugiaron en albergues y campamentos en 1985 tomaron esa opción porque provenían de vecindades de colonias aledañas al Centro Histórico de la Ciudad de México donde rentaban viviendas a bajo costo, pero en inmuebles deteriorados que carecían de mantenimiento.
La encuesta captó el hacinamiento, el uso de viviendas como talleres, por lo que al perder éstas hubo quienes también se quedaron sin sus medios de subsistencia.
Así, los terremotos de 1985 evidenciaron las vulnerabilidades sociales acumuladas por décadas de desigualdad, abandono, corrupción y precariedad, y fueron el gran catalizador que permitió que surgiera la ciudadanía, colectiva, organizada y plural y que se apropiara del espacio público.

Desde los primeros momentos los universitarios, como casi todos los mexicanos, formaron brigadas de rescate, atención médica, evaluación de daños y de organización de la ayuda. Además, se demostró que la producción y divulgación del conocimiento, así como los valores de los mexicanos son, y seguirán siendo, un compromiso al servicio de la sociedad y de todas sus comunidades.
Ese compromiso se transformó en un motor de conocimiento, pues se avanzó a pasos agigantados en campos científicos como la sismología, el urbanismo, ingeniería y protección civil, al mismo tiempo que las humanidades y las ciencias sociales documentaron y analizaron el despertar de la sociedad civil.
Se estudió a fondo la vulnerabilidad, no como un hecho natural, sino como una construcción social, y fue esta capacidad de integrar el análisis geofísico con el estudio de los procesos sociales, urbanos y políticos lo que consolidó a la sociedad post 1985 como un referente internacional en la comprensión integral de los riesgos socioambientales.
Las mujeres jugaron un papel destacado, pues ellas removieron escombros, fueron las primeras en organizar albergues, comedores, guarderías y encabezaron los cuidados colectivos. Hicieron en la arena pública lo que ya hacían en la privada: tejieron redes de solidaridad y denuncia. Enfrentaron trabajos extenuantes, exclusiones y dobles jornadas, y no se rindieron.
Por ejemplo, el papel de las costureras fue fundamental, en medio de su duelo encarnaron la dignidad laboral de quienes en décadas no habían tenido seguridad social, salario y reconocimiento frente a la precariedad y la opacidad de los empresarios y las autoridades.
Ellas fundaron el Sindicato 19 de Septiembre, la primera organización independiente reconocida. La lucha y resistencia de las mujeres fue columna vertebral de la reconstrucción, y su liderazgo transformó para siempre la vida pública de la ciudad y del país.
Existe coincidencia de que el temblor del 85 marcó para siempre la historia de nuestro país, pero también fue un punto de quiebre en la manera en que entendemos y enfrentamos los riesgos sísmicos.
El 19 de septiembre de aquel 1985 dejó pérdidas irreparables y profundas lecciones. Nos mostró con crudeza la vulnerabilidad de nuestra nación, pero también la solidaridad y la capacidad de respuesta de la sociedad mexicana.
Gracias a la lección del sismo hubo una nueva visión. El Estado mexicano creó el Sistema Nacional de Protección Civil y dos años después el Centro Nacional de Prevención de Desastres, con el apoyo de la UNAM, la cooperación internacional y el compromiso del gobierno federal.
Esa alianza entre ciencia, instituciones y sociedad nos permitió dar un paso histórico hacia un modelo más sólido de prevención y de gestión del riesgo. Gracias a ese respaldo se consolidó la Red Sísmica Mexicana, que hoy es base para la vigilancia de nuestra Sismicidad y el Sistema Nacional de Alerta de Tsunamis, que contribuye a proteger a millones de personas en zonas costeras.

40 años después, debemos reafirmar que los desastres no son naturales, son la materialización de riesgos que nosotros mismos construimos a través de nuestras decisiones y de la manera en cómo ocupamos el territorio con las condiciones sociales y económicas que generan vulnerabilidades.
Indiscutiblemente hay mucho que aprender en este sentido, pero se han dado pasos importantes y se podría avanzar todavía más rápido en la medida en que nuestra autoridad estuviera dispuesta a invertir más, a apartarse de los pretextos, y a involucrar a distintas áreas de la administración pública, a la iniciativa privada, y, sobre todo, a las instituciones de educación superior que bien podrían aportar mucho más a lo que ya hemos avanzado al respeto. El 85 no debe olvidarse, debe aprenderse de él y nos debe impulsar para consolidar esos cambios favorables en nuestra sociedad.
En lo personal me permitió recordar que ese día de hace 40 años, recorrí los lugares más dañados de la ciudad de México entre las 8:30 de la mañana y las 15:00 horas y que no sólo tomé el frente del famoso hotel Regis, sino otras fotografías más de las cuales publico algunas.
Ver una parte de Televisa en completa destrucción. El edificio del Hotel Continental Hilton en Reforma e Insurgentes, donde resultaron afectados sus 12 pisos. Ahí tuve la opción de salvar a dos ciudadanas norteamericanas, que estaban atrapadas en la parte alta y que las vi gracias al telefoto que utilicé, lo que me permitió avisarle a los bomberos que lograron sacarlas por la media ventana que les quedó, después de que el sismo les achicó la altura de su habitación.
Ahí en ese lugar en donde triunfó Olga Breeskin durante muchos años, entrevisté a personajes de la calidad de Roman Polanski, Mario Puzo (autor de El Padrino), a Julián Marías, el filósofo español, autor de: La filosofía española actual. Unamuno. Ortega, Morente, Zubiri; Lina Wertmüller, nominada al Oscar por la cinta Siete Bellezas o bien a Sergio Leone conocido por sus Spaghetti westerns, o Costa Gavras, el gran director de Z, La Confesión, Estado de sitio, Amén o Missing, entre otras.

