La búsqueda…
De repente se me van los versos, como un cometa que se pierde en el aire, o una paloma que vuela quién sabe a dónde y no regresa, o eso parece. Y así, se me escapan los pensamientos, las horas vacías de canto y hasta los días sin que funcione el campanario de mi inspiración, sin un verso que se acerque a la ventana de mi sentir, sin el barco de las letras que me guíe, por lo menos a la orilla del mar azul de un posible poema.
Sé que la inspiración volverá en un disfraz de lo que le dé la gana, una sonrisa de nácar o una dorada mirada, y que veré la luz de las estrellas en el cielo fantástico de un soneto. Tal vez en un rondel bordado con los hilos de plata de la luna, una prosa iluminada con la acuarela del amor que me viste con sus encajes blancos y rojos. Quizás en una copla de almíbar y eslabones de chocolate a mi amiga, o en un verso a las manos de abeja obrera de mi madre, o tal vez, a las esmeraldas titilantes de los ojos de mi padre.
Sigo el calendario de mi vida, nunca pierdo la vasija de la esperanza. Las letras son mi pasión y también mi alimento. Sé que en cualquier esquina del tiempo me voy a encontrar con un sentir que me envuelva con su velo mágico y me inspire ese poema que quiero que salga a mi encuentro, natural y espontáneo, como una flor hermosa que se abre a la vida.
Sigo, sigo, sigo, los potros indomables y veloces del reloj no esperan. Continúo con todos mis sentidos, alerta. Observo con los ojos de la curiosidad. Escucho con el oído de la inquietud de descubrir, qué me dicen todas las voces, incluyendo las del silencio.
Siento y percibo el perfume y las caricias de todo lo que está a mi paso: El céfiro del viento, la manta suave del abrazo de los seres que amo, la pasión incontenible del sol, el latir impetuoso de mi corazón.
Descubro, disfruto y saboreo todas las uvas que me ofrece la creación en sus platos de encantamiento y en sus copas de vino tinto, en el cristal más fino del optimismo. Respiro profundamente y agradezco a Dios el ramillete de mis cinco sentidos.
Camino, veo a los árboles mecerse suavemente con el beso frenético del viento. Estamos en primavera, los cantos de los pajaritos, lo saben y lo celebran. Las flores, con sus vestidos finos, elegantes y coloridos, ofrecen sus aromas en los perfumeros invisibles de la brisa. Hay vida en la vida.
A mi paso me encuentro con el sosiego y la generosidad en la mirada de un anciano, me saluda y me dice: ¿Qué andas haciendo muchacha? ¿Cómo estás? Hay euforia en su voz y sinceridad en sus luceros. Sostengo fuerte su mano con la mía. Mientras lo saludo y le respondo, lo miro a los ojos y pienso… ¿Ahora, sobre qué escribo? Varios posibles poemas llegaron a mi encuentro, sin esforzarme. ¿Con cuál empiezo?
Los poemas estaban ahí, como diamantes en bruto o como una preciosa puesta de sol, esperando ser descubiertos para darles la forma de versos, al simplemente dejarse llevar por el hilo mágico de su encantamiento. Y en eso estoy, espero atraparlos a todos y que, no se me escape ninguno, por la ventana del infortunio, para seguir formando los pétalos de colores de mi amoroso florilegio.
~•~
Se me fue la inspiración
o al menos eso pensaba,
el verso no se acercaba
a mi puerta o mi balcón.
Se enteró mi corazón
y entre sollozos cantaba:
se me fue la inspiración,
o al menos eso pensaba,
Con mi alma en acción
mirando lo que pasaba,
mil poemas me mandaba
y ya no dije sin razón…
¡Se me fue la inspiración!
~•~
La inspiración es un río que emerge de donde menos lo esperas y te lleva a lugares desconocidos. Las palabras son pájaros que vuelan y se posan en el alma para acomodarlas como las piezas de un rompecabezas, hasta formar la imagen deseada.
La inspiración puede ser caprichosa y ausentarse por días, pero, cuando se presenta, nunca nos deja con las manos vacías.

