“La décima”

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A mi padre, Armando Saint Martin Martínez. Gracias por la pasión heredada detrás del escudo de corona y laureles que protegen un círculo en el centro con dos letras DT, encerradas por C.

Hay afecto en los lugares, los gustos y las personas. El amor del padre siempre se siente en el beso en la frente que él te daba a la hora de dormir. Ser hijo de padres divorciados tiene sus ventajas y desventajas; fuera de la toxicidad y la guerra entre los procreadores de AS, él pudo acercarse a su padre y verdaderamente amarlo. Las fechas, que estoy por relatar, están separada por cuatro años y un día, pero ¿qué es el tiempo cuando lo relacionamos con los sentimientos?

Ambas están unidas por una palabra adornada de un artículo “La décima”. El medio día del domingo 23 de mayo del 2010 dio comienzo a la última proeza en la memoria de los aficionados toluqueños. Mi padre había viajado a Toluca con el único propósito de observarlo junto a sus hermanos. ¿Dónde estabas tú AS? Un aficionado de hace dos años se encontraba en una Comercial Mexicana haciendo el mandado con la tía con la que quedo encargado junto con su hermana.

Me perdí 120 minutos de infarto. Me perdí el juego de tú a tú que propusieron el Deportivo Toluca y el Club Santos, las atajadas entre alumno (Alfredo Talavera) y maestro (Oswaldo Sánchez). AS no estuvo al tanto de esa tanda de penales milagrosa y cardiaca, pero en la tarde recibe una llamada de confort y seguridad: “Mi amor, somos campeones”, le dice su padre. Era todo lo que tenía que escuchar, los diablos rojos obtuvieron su última estrella. ¡Qué hermoso fue compartir ese sentimiento contigo! Ese amor detrás de una playera roja. La décima estrella escarlata.

El 24 de mayo de 2014, a las 19:45 horas en Lisboa, Real Madrid se enfrentaba al Atlético de Madrid, en la primera final de UEFA Champions League entre equipos de una misma ciudad. Pero antes de esto, retrocedamos unos meses. No hay duda de que la vida cambia su transcurso en segundos. Lo recuerdo muy bien, era miércoles. Me encontraba en mi clase de taller, sentado en las que usualmente era mi espacio de trabajo. Un prefecto entra al aula.

Dice lo siguiente: “Armando Saint-Martin te llaman a dirección, trae tus cosas.” El eco de los compañeros en tono de burla ante el misterio del llamado lo vuelve más extraño e incomodo. Nunca he hecho algo malo dentro de mi vida escolar, siempre ha tratado de ser un ejemplo. Sólo me han llamado la atención por mi cabello largo, tremenda injusticia, ¿no lo creen? Extrañado camina hacia él y pregunta por la situación. Compa, apodo con el que le llamaban al prefecto Alejandro, no sabe nada.

Piensas en los últimos meses de tu vida y sientes ese miedo que jamás se va. Era tu padre, algo relacionado a él. Hermanos se encuentran en una mirada antes de ponerle atención a la maestra Magaly. Obtienen el pase de salida y se encuentran con Chevy blanco de cuatro puertas. Su hermana también está allí, van rápido a una casa por algunas prendas, listos para una despedida jamás imaginada por adolescentes. Esa tía, con la que perdiste la final, te lleva hacia tu destino.

Un viaje feliz de infancia se torna triste. Los tres hermanos saben de la delicada situación a la que se enfrentan. Ya están en la Ciudad de México y antes de ingresar en la visita de la tarde en el hospital 20 de noviembre, comen en un restaurante de tortas. Allí en las televisiones de plasma puede verse un partido Schalke 04 vs Real Madrid, juego de los octavos de final. Ver fútbol fue mi única distracción del día, es una forma en que olvido la tristeza de tu ausencia. Uno a seis el marcador final.

Estabas inconsciente, dentro del sueño médico para no sufrir dolor. ¿Nos habrás escuchado? Dicen que después de esa fecha hubo un poco de mejoría en ti, decirte adiós ha sido lo más difícil que he tenido que hacer, más porque AS tenía catorce años. Hubiera querido abrazarte, hubiera querido hacerte masaje en esos pies blancos como pambazo veracruzano, hubiera querido besarte tu frente una última vez. Tu voz se fue sin ser palabra en una fría madrugada, el dolor, indescriptible en ese entonces, se calma en un abrazo perruno.

Una velada dramática en que te fuiste vestido de diablo rojo antes de ser cenizas. Los diablos no pudieron hacerte el homenaje que yo quería, se quedaron en semifinales, tanto en el torneo apertura como en el torneo clausura, de la mano del príncipe guaraní del que siempre escuché palabras de tus bocas; pero si hubo quién le hiciera feliz en ese año desafortunado. Regresemos a Lisboa, minuto 92, segundo 44: “Le va a pegar Luka Modrić. Todo el Real Madrid dentro del área buscando CABEZAZO. Sergio Ramos metió su profética cabeza y AS de quince años corrió, gritó y brincó. El Real Madrid lograba su tan ansiada décima copa de Europa.

Fue como si las palabras de mi padre se repitieran en ese momento, a pesar de su fanatismo por el Barcelona. El tiempo ha pasado, el Madrid ya tiene trece Champions y como llegaron los títulos para este grande, sé que así le llegarán a mi amado Deportivo Toluca. Es así como lo objetivo se diluye en subjetivo, gracias a los afectos detrás de “La décima” de ambas escuadras de fútbol de las que AS es aficionado.