+ La herencia del Rector Barrera Díaz debe reconocerse en la salud financiera y administrativa de la UAEMéx; Comienza este jueves el proceso electoral universitario; Al PRI ahora sí le preocupa luchar contra el nepotismo político
La frase
Liderazgo significa inclusión y alcance, no dominio y poder.
SADHGURU
El registro de aspirantes a Rector o Rectora.
La sucesión en la Rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de México comenzó prácticamente este martes 4 de marzo, sólo unas horas después de que el actual presidente del Consejo Universitario presentó ante ese órgano su cuarto y último informe de labores, en ceremonia que tuvo un gran contenido en cuanto hace a los simbolismos, pues, como dice el dicho, no hay plazo que no se cumpla, y para él llegó la hora de decir adiós al máximo cargo en la institución.
Valorar la obra del rector Barrera Díaz no será tarea sencilla, pues debe verse a este periodo como uno fuera de toda normalidad. No a todos los rectores, por no decir a ninguno, le había tocado lidiar con algo tan complicado como la pandemia de Covid-19, pero a pesar de ese factor que para todos fue negativo, ahí deja una institución administrativa y financieramente saneada, que eso sí es algo que ninguno de sus antecesores puede presumir.
Tiempos difíciles, pero resultados concretos y contundentes, y sólo como ejemplo podría revisarse cuántos años la Universidad Autónoma del Estado de México mantuvo una deuda millonaria ante el Instituto de Seguridad Social del Estado de México (ISSEMyM), la cual parecía imposible de cubrir, pero él, sí lo logró.
Pagó hasta el último de lo que todos los rectores que lo precedieron le quedaron a deber al ISSEMyM, además de que también dejó en cero los adeudos que la institución acumuló al paso de los años ante instancias como la Comisión Federal de Electricidad, lo que no es poca cosa, pues había planteles que debían más a la CFE que lo que han utilizado de servicio eléctrico a lo largo de su existencia.
Ese debería ser considerado el principal aporte de Carlos Eduardo Barrera Díaz, además de heredar a quien le sustituya en el cargo una institución en paz, donde no hay problemas sindicales, mucho menos estudiantiles, lo cual mucho deberíamos reconocerle universitarios y no universitarios, pues es un factor que, de cumplirse, como sí lo hizo él, contribuye al engrandecimiento del propio Estado de México.

Por lo que viene para la institución en las próximas horas, valdría la pena destacar el inicio del proceso electoral en su etapa formal, pues ya la informal se vive desde hace algunas semanas, con patadas y encontronazos por debajo de la mesa.
Lo que sigue es el registro de aspirantes a dirigir la Universidad Autónoma del Estado de México, y en ese aspecto ya comenzaron los destapes formales y abiertos, como el que hizo la secretaria de Investigación, Patricia Zarza Delgado, quien de plano anunció que ella sí se registrará al proceso, que cuenta con la experiencia y que cumple con todos los requisitos señalados en la convocatoria que expidió la Comisión Especial que tendrá a su cargo el proceso.
Zarza Delgado consideró que sería interesante que sean varios los hombres y mujeres que hagan públicas sus aspiraciones, y que sean los propios universitarios los que decidan, con su voto, quien debe encabezar a esa institución; finalmente, sobre el eventual uso de urnas electrónicas para la votación, dijo que no es nada nuevo, que éstas ya se han empleado, pero que quedará a la decisión libre y autónoma de cada plantel universitario la posibilidad de incorporar esa tecnología para definir al próximo Rector o Rectora.
Antes, 24 horas previo al informe del Rector Barrera Díaz, fue la directora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAEMéx, Laura Elizabeth Benhumea, la que de plano renunció a ese cargo y se reincorporó a ese plantel, pero en condición de maestra de tiempo completo, para cumplir los requisitos necesarios para su postulación el próximo jueves como aspirante a la Rectoría.
Precisamente será este jueves 6 de marzo la fecha en que quienes aspiren a ocupar la Rectoría tendrán que presentarse a registrar oficialmente sus aspiraciones, siendo de esta manera simple especulación todo lo que se diga y se haga antes. Quien no tenga el registro oficial no podrá iniciar ninguna actividad de promoción ante alumnos, maestros y trabajadores administrativos de esa institución.
Ojalá que se trate de un proceso electoral participativo, en el que no sean razones de género o de poder las que definan al ganador o ganadora, y que sea la madurez de los universitarios lo único que se tome en cuenta a la hora de ir a las urnas, sin importar si es que son electrónicas o a la antigüita.

Falsa legalidad…
Ahora resulta que el Partido Revolucionario Institucional apoya la iniciativa de ley que ya se aprobó en el Congreso federal en torno a la negativa de que los cargos se heredan o se transfieran entre padres e hijos, esposas y esposos u otra mezcla consanguínea.
¿Por qué no asumieron esa posición los priistas cuando eran mayoría o cuando los Del Mazo, sólo por poner un ejemplo, se pasaron el bastón de mando entre abuelo, padre y nieto?
La señora Cristina Ruiz Sandoval debería escuchar a los sabios antecesores, no sólo del poder, sino de la sociedad, que recomendaban nunca escupir para arriba, pues regularmente el resultado es que uno sale ensuciado.
Todo lo expuesto en su interesantísima conferencia ante representantes de medios de comunicación del lunes, en la sede del priismo mexiquense, verdaderamente raya en lo absurdo, pues nada más habría que recordarle a la líder del tricolor que por algo le decían a su partido la gran familia revolucionaria, pues fueron hasta cínicos en eso de pasarse el poder entre descendientes.
El principal argumento que esgrimió la presidenta del Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional fue que, al prohibir el nepotismo político, se estaría evitando la sobre representación política.
Que no se preocupe doña Cristina Ruiz Sandoval, pues, al paso que van los priistas, jamás se repetirá una sobre representación en su caso, pues difícilmente tendrán suficiente personal o militancia en la próxima elección como para que se generé una sobre representación, por el contrario, que se preocupe para no incurrir en la subrepresentación, si no es que en la extinción del suyo como partido político.


