La humillación

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Juego de poder irreflexivo, gana el más sagaz, porque humillar es triunfar sobre la velocidad de respuesta del otro. Nada más. El humillador es de instinto bajo y cuenta con mayor capacidad de infligir violencia, vergüenza y culpa. Un reconocimiento de su mala conducta no cambiará el comportamiento de esas personas, en cambio, en la víctima se provoca un abuso emocional, a través de la anulación de la personalidad, pues al sujeto que ha sido humillado, se le borra de la superficie de la tierra, se le confunde hasta dejarlo en estado de indefensión. Se trata de empequeñecer, apuñalar el corazón o golpear el plexo solar (Klein, 1991).

Una de las reacciones más comunes del humillado es querer esconderse, hundirse en el suelo o desaparecer. Lo curioso es que la humillación perdura sin desaparecer en su magnitud, las víctimas vuelven a sentirse expuestas o estigmatizadas, deficientes, degradadas cada vez que recuerdan la humillación. Y no decae en ellos el deseo de volver a esa herida emocional para cambiar lo que hubieran dicho para protegerse.  Inútilmente recrean ese momento, pues el sentimiento primordial de supervivencia hace que en el momento de la humillación, el afectado quiera escapar.

Algunos consejos para vivir la humillación que pueden recuperarse en redes sociales –a veces más humillantes que los entornos sociales reales– son los siguientes:

  1. Esperar para responder, no disculparse, aceptar la culpa o contraatacar, eso puede llevar a eventos contraproducentes, pero una buena frase puede venir a la mente cuando se sale del estupor.

  1. No tomarlo personal, dejar de pensar que la agresión es directa, se piensa que escuchar con la boca abierta es signo de despersonalización y muestra sorpresa y confusión ante lo que se está oyendo. Así, él o ella que está humillando, puede avergonzarse de su acción.

  1. Salir de la situación, nadie merece ser humillado. Los neurocientíficos afirman que sólo contamos con 20 minutos para hacer que una conversación emocional cambie de curso. Lo demás es redundar y no va a solucionarse hasta un próximo encuentro. Se puede decir algo así como en este momento no estoy listo para esta conversación o lamento que tengas esa opinión.

  1. Comprender la motivación de la otra persona. Una vez fuera de peligro, analizar qué está pasando con el humillador, eso no significa perdonar, esto no es para sentir lástima por esa persona, es para tener claro que se trata de un otro que está actuando de manera específica. Pueden estar enojados, amenazados. Se sabe que la mayoría de los acosadores sienten impotencia.

  1. Buscar apoyo. Otras víctimas de humillación han pasado por lo mismo.

  1. Cuidado con las represalias. No se recuperará autoestima con la venganza.

  1. A veces, la única manera de seguir adelante es romper con la conexión con el humillador.

Valiosa información, ojalá hubiera aplicada al menos un principio de los anteriores en reciente ocasión.