La intersubjetividad y la vida cotidiana
Podemos decir que la intersubjetividad es la que delinea el campo de la cotidianidad, por un lado, y es el fundamento que posibilita la existencia del mundo de vida, por el otro. Schütz abandona la perspectiva trascendental de Husserl y se centra en la esfera mundana. Tenemos entonces que el tema de la vida cotidiana se expresa en las relaciones de los actores sociales entre sí y en cómo comprenden y constituyen la realidad social. De esta manera, el mundo de la vida es el horizonte último de sentido, nunca agotable, mientras que la vida cotidiana es sólo una provincia del mundo de la vida, mundanamente intersubjetiva.
Sin embargo, la relación fenomenológica entre ambos mundos se da, según Schütz, a partir de las relaciones sociales cotidianas, de la conciencia social cotidiana, del entramado social de sentido cotidiano y, por último, de la comunicación cotidiana. Por tanto, la teoría social fenomenológica de Schütz es una ciencia de los fenómenos de la intersubjetividad mundana, por lo que un análisis de las estructuras del mundo de la vida puede interpretarse como una sociología general de la vida cotidiana, como lo señala Grathoff. Por otra parte Luckmann, afirma que la vida cotidiana implica un mundo ordenado mediante significados compartidos por la comunidad. Su propuesta fenomenológica tiene como objetivo principal la reconstrucción de las construcciones sociales de la realidad. Aquí se incorpora la subjetividad como dato pertinente para el análisis de la vida cotidiana, en donde la subjetividad se comprende como un fenómeno que pone de manifiesto el universo de significaciones construido colectivamente a partir de la interacción.
Entonces, la propuesta de los autores de La construcción social de la realidad tiene como eje básico el concepto de intersubjetividad. Berger y Luckmann la comprenden como el encuentro, por parte del sujeto, de otra conciencia que va constituyendo el mundo en su propia perspectiva. La intersubjetividad no se reduce al encuentro cara a cara, sino que se amplía a todas las dimensiones de la vida social.
Ahora bien, después de lo dicho hasta aquí, hay que recalcar que no es posible entender esta cuestión sin entrar en las de la comunicación, y aún más, específicamente desde un enfoque sociofenomenológico, en donde el individuo es un actor social que reproduce su contexto social a partir de sus interacciones cotidianas. La reflexión se centra en las relaciones intersubjetivas, bajo el ángulo de la interacción, y se otorga un rol relevante a los elementos de negociación y de comunicación en la construcción social de los contextos de sentido. Esto implica hablar de la relación entre el yo y el otro que se da de manera dialéctica que no se inscribe en la reflexión de corte más antropológico de construcción de las identidades y las alteridades, sino que más bien se toma como punto de partida para la construcción social de la realidad.
Dicho esto tenemos que la interacción en el mundo se da, por tanto, en el plano de la intersubjetividad, lo cual implica, para la fenomenología, la cualidad de las personas de ver y oír fenomenológicamente. Estas acciones constituyen las dos formas de relación por excelencia con el mundo. Y el habla, como principal canal de comunicación, es consecuencia de ellas. Es a partir del ver y el oír que se forma el sentido, desarrollado a través de los diálogos y las interacciones. Ello se explica por el hecho que la interpretación de lo social, en términos colectivos, tiene como telón de fondo a las influencias que las acciones de las personas tienen en los demás. Es por ello que nuestra capacidad de interpretar y la mera presencia dentro de un contexto social nos pone ante los demás, en la doble posición de actores y observadores, como lo señaló Vizer.
Así pues, el mundo de la cotidianidad es sólo posible si existe un universo simbólico de sentidos compartidos, construidos socialmente, y que permiten la interacción entre subjetividades diferentes. Ramón Xirau sintetiza esta idea: Cuando percibo a ‘otro’ lo percibo como un ser encarnado, como un ser que vive en su cuerpo, es decir, como un ser semejante al mío, que actúa de manera semejante a como actúo y que piensa de manera semejante a la manera en que pienso y además remata: el mundo de los hombres está así hecho de seres en comunicación que se perciben unos a otros como semejantes porque comparan al otro con ellos mismos.
Vale la pena señalar que la comunicación intersubjetiva tiene que ver con el proceso en que los sujetos comparten sus conocimientos con otros en el mundo de la vida. Cada individuo aprende la realidad desde una posición específica y esto permite que el conocimiento que cada uno tiene pueda intercambiarse con otras personas que conviven en el mismo espacio. Este compartir que se lleva a cabo en las relaciones interpersonales, que se producen en la vida cotidiana, son importantes para posteriormente explicar y entender la acción humana y de este modo comprender los procesos sociales.
Como Schütz menciona que el sujeto puede percibir la realidad poniéndose en los pies del otro, pues de esta forma percibe fenómenos que escapan al conocimiento de su yo, ya que no pueden percibir su experiencia inmediata, pero si la del otro. También es necesario destacar que el proceso comunicativo es lo que permite a los sujetos ser conscientes de los pensamientos de los otros. Así, el mutuo entendimiento repercute en un nivel macro para ofrecer explicaciones del porqué la sociedad se comporta de cierta manera. De esta forma sabemos que una exitosa comunicación intersubjetiva repercutirá posteriormente a nivel social. Se debe tener buena comunicación personal y aceptar las diferentes concepciones que los individuos tienen de la realidad, pues sólo así se podrán dar explicaciones del comportamiento social y de las acciones que los individuos llevan a cabo dentro de un contexto específico. Por lo tanto, todas las acciones sociales conllevan comunicación, y toda comunicación se basa necesariamente en actos ejecutivos para comunicarse con otros; por lo tanto, los sujetos deben llevar a cabo actos manifiestos en el mundo externo que se supongan interpretados por los otros como signos de lo que quieren transmitir.
Como hemos señalado, es precisamente en el mundo de la vida cotidiana donde se construyen los significados; un mundo considerado hasta entonces como un espacio de lo irrelevante, de lo repetitivo, donde ocurren nuestras acciones de manera inconsciente. Sin embargo, la percepción de que este mundo ha sido ordenado naturalmente o como una segunda naturaleza, obedece a que para el hombre común es irrelevante preguntarse acerca de su constitución. La actitud natural se caracteriza por el supuesto de que el mundo de la vida que yo acepto como dado es también aceptado como dado, por mis semejantes. Al momento en que nacemos, empezamos a formar parte de un mundo que nos precede, formado de significados socialmente establecidos que tenemos que interiorizar por medio de la socialización. Estos significados nos permiten actuar en un marco de coherencia en relación con el o los otros.

