La madre Juana

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En el verano de 1736, la madre Juana Antonia de Santa Teresa, superiora de las Carmelitas Descalzas de Toluca, estaba dedicada a realizar una obra pía; la fundación de un beaterio.

El ejemplo de san Elías profeta, fundador de la orden del Monte Carmelo y el dinamismo de santa Teresa de Jesús, fundadora del convento carmelita, le infundían el entusiasmo necesario para hablar del proyecto con las damas más acaudaladas de la ciudad y con sus acaudalados esposos.

San José de Toluca era entonces una ciudad pequeña que no llegaba a cinco mil habitantes, aunque era residencia de varios hidalgos y de labradores y artesanos llegados de España en busca de fortuna, así como de una población dominante de indígenas.

La fundación del beaterio daría a las monjas carmelitas la oportunidad de velar por la educación y el virtuoso comportamiento de las jovencitas de la región. Sobre todo, aquello que, había decidido no ser monjas, querían conducir sus pasos por la senda de una educación cristiana.

El mes de agosto llegó con excelentes noticias: la madre Juana Antonia presentó por fin la solicitud de permiso ante el virrey de la Nueva España. Juan Antonio Vizarrón y Eguiarreta para establecer el beaterio.

Un hombre adinerado de Toluca, don Domingo Serrano, estaba dispuesto a donar una finca de su propiedad para la fundación de a casa de recogimiento y su señora esposa, doña Francisca Bruna Muñoz, estaba entusiasmada con la idea.

El investigador Javier Romero Quiroz informó al respecto lo siguiente: Domingo Serrano y su esposa, Francisca Bruna Muñoz, por escrito del 2 de enero de 1737m expresaron al Comisario del Santo Oficio de la Inquisición, Bachiller Nicolás de Villegas, que deseando el bien de sus almas y el común público de esta ciudad de Toluca y jurisdicción, teniendo noticias de que en ella se pretendía fundar un Beaterio o Casa de Regimiento, para las muchas mujeres virtuosas, honestas y recogidas que hay; deseando vivir en perfección y queriendo cooperar a obra tan santa y para mayor honra de Dios Nuestro Señor, han deliberado de común acuerdo y voluntad de donar una casa que tienen y poseen por suya propia en esta dicha Ciudad y en la esquina de la calle que llaman del Chapitel a las pretendientes de dicho Beaterio, y a las que en adelante la habiten y entren en él para que lo funden y habiten todo el tiempo que la majestad divina fuere servido el mantenerlas y dicha linda casa por el oriente con casa y tierra de Miguel de Bedoya y de Manuela de Villaseca y por el poniente con la calle Real que va de norte a sur al pueblo de Calimaya y por el sur con un callejón que va de poniente a oriente al pueblo de Metepec, y por el norte, con un pedazo de tierra de Francisco Frías.

Aparentemente, la voluntad de los Serrano y el interés de la madre Juan Antonia limpiaban el camino de obstáculos para que las autoridades españolas autorizaran la fundación del beaterio.

Transcurridos 34 años, hacia 1770, la madre Juana Antonia, quien había envejecido junto con su proyecto, desistió del beaterio y pidió permiso para establecer en su lugar un colegio de niñas educadas, debido a que doña Rafaela Serrano, hija del benefactor, estaba demandado la devolución de la finca por no haberse fundado en ella le beaterio, como había sido la voluntad de su padre al hacer la donación.

En cuestiones eclesiásticas, la burocracia novohispana se movía despacio. Cuando el Virrey Vizarrón, en 1837, turnó la petición de las Carmelitas de Toluca al fiscal de la Real Audiencia, Pedro Bedoya, la opinión del funcionario fue que una obra de esa naturaleza solamente podía ser aprobada por el Rey de España-

Ese fue el motivo por el que tres décadas y fracción no bastaran para dar respuesta a la solicitud. Lo más probable es que el proyecto de obra pía de la madre Juana jamás haya cruzado el océano en demanda de la real aprobación.

En cambio, el colegio para niñas tuvo mejor suerte, porque en los últimos años del siglo XVIII funcionó con regularidad en dos secciones: el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús para niñas españolas y el Colegio de los Dulcísimos Nombres de Jesús y María para indias educadas, construido por el señor Miguel Jerónimo Serrano, descendiente de los antiguos dueños del beaterio, quien ocupaba el cargo de teniente de Acordada y Comisario de los ramos de Pólvora y Naipes de Toluca, además de ser hombre de abundantes recursos económicos.