La mentira

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Mi papá siempre fue alguien ocupado, casi todos los días de la semana. La mamá de A.S. después de que él cumpliera los cinco años, dejó de trabajar y se convirtió en la fiel acompañante de él y sus hermanos. Casi todos los días sonaba el sonido del timbre, eran pacientes agendados y no agendados, una vez él tomó la llamada. Con voz tierna le explica cómo llegar a la calle empinada de José María Alfaro. El paciente nunca llega y el papá no le reclama, supongo que re-agendó.

            El Doctor Saint cuando no estaba en consultas, estaba en congresos. Hacía constantes viajes para actualizarse. Siempre que viajaba al Distrito Federal regresaba con pequeñas figuras de juguete de diversas franquicias que me gustaban y también les traía algo a mis hermanos: cartas de Yugi-Oh y algunos monstruos; algunos Digimon y niños elegidos (aún conservo a Tentomon). Y figuras de la adaptación occidental del Súper Sentai.

            El padre viajaba los viernes a un pueblo llamado Misantla, era su constante rutina. En un camión se subía para recorrer curvas peligrosas y alarmantes al ojo humano. A.S. estaba en primero de primaria y un día de esos de su boca salieron palabras falsas sobre la inasistencia a clase; incluso en su mentira interpuso a su maestra. ¿Por qué los adultos continúan nuestro juego falso? Me gusta suponer que él quiso tener un día conmigo y nadie más.

            Ese viernes me levanté más tarde tras escuchar su propia voz. En la casa solo estaban padre e hijo. Me vestí y bajé a la cocina, allí estaba él. El Doctor Saint se preparaba su desayuno para comer a medio camino. En una sartén puso cebolla picada, jitomate y chile. El resultado final huevo a la mexicana, su padre puso mayonesa en ocho panes y después el producto del utensilio de cocina. Los envolvió en servilletas y los guardó en tuppers.

            Después de eso en dos botellas recicladas de seiscientos, sirvió el néctar de la vida, negra y azucarada (en ese momento sí sentí felicidad). Empacaron todo en una pequeña mochila, junto con un reproductor de discos y sus audífonos. Tomados de la mano salieron de la sala de espera-cochera, subieron a un taxi y llegaron a una de las dos terminales de la “Ciudad de las Flores”.

Antes de entrar estuvieron en los puestos callejeros y comerciales. Allí A.S. encontró un DVD de sus personajes favoritos —mezclaba diversas temporadas Mighty Morphin, In Space, Lost Galaxy, Lightspeed Rescue y Wild Force¾ y una revista con muchas estampillas.

            Su padre se los compró con gusto y viajaron en esa regular ruta. Junto con el doctor Yep tenían un pequeño consultorio y mientras trabajaba, la reencarnación de su nombre jugaba con su prima. Mi mentira me permitió estar más tiempo a tu lado, no es la única vez que he faltado a clases.