La Navidad del 2020

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Querido lector, llegamos casi al final del año, éste que nos ha traído tantas sorpresas y una de ellas es que volvemos al confinamiento; aunque nunca dejamos de estar en el encierro, pero mucha gente creyó que el semáforo en naranja, era como verde. Ojalá que retomemos el compromiso con nosotros, con los demás y nos quedemos en casa.

Momento difícil cuando estamos a unos días de una de las celebraciones más importantes del año, la Navidad, esa celebración que es significativa no sólo por su valor religioso sino socialmente: es una fiesta de reunión familiar, de compartir entre los más cercanos, donde algunas personas aprovechan para viajar y visitar a sus seres queridos, de quienes viven separados ya sea por trabajo o por elección. Es el momento de brindis, abrazos, risas; momentos memorables sin duda.

Pero este año será diferente, esos abrazos, esas visitas y reuniones numerosas tendrán que esperar, imagino que somos muchos a los que se nos ha dificultado y habrá otros a los que les ha costado más, mantenerse a la distancia; mientras que para algunos la proximidad física parece imprescindible, otros lo han tomado de muy buena manera. Cada cual tendrá sus razones, probablemente unos descansaron de ciertas relaciones y otros en la distancia se dieron cuenta cuánto necesitaban a ciertas personas.

Como diría el dicho popular el que nada debe, nada teme; mientras unos se separan en paz sabiendo que mantienen excelentes relaciones entre sus seres queridos o que al menos mantenían una cordial relación, otros estarán preocupados por no haber aprovechado, en su tiempo, la proximidad y la calidad en sus lazos afectivos y más ante la incertidumbre de la propagación del virus y su letalidad, bastante inquietante la idea de perder a alguien sin haberle disfrutado, sin haberle perdonado o pedido perdón o sin haberle dicho te amo.

Ojalá que esto nos deje una lección acerca de valorar más el tiempo que pasamos con aquellos que más amamos, pero aún no se ha perdido todo, hoy tenemos las herramientas tecnológicas que nos pueden ayudar a acercarnos, llamadas telefónicas, videoconferencias o videollamadas, se han convertido en herramientas fundamentales de nuestra nueva normalidad y nos permiten disfrutar ver en pantalla a nuestros seres queridos, sanos y salvos.

En estas épocas también recordamos con nostalgia y dolor aquellos que fallecieron y nos confortábamos con la memoria y nos consolábamos entre nuestros más cercanos, pero esta vez, ante la ausencia de la proximidad física, serán los recuerdos los que nos mantendrán; ya decía el novelista y poeta Hans Carossa, ¡Bienaventurado el que tiene recuerdos que pueden fortalecer su espíritu! Hagamos de ellos nuestra fortaleza, esperanza y un incentivo para querer cuidarnos y cuidar a quienes amamos. Aunque también está la otra cara de los recuerdos, cuando se vuelven melancolía; esa tristeza profunda de la que decía Santa Teresa de Ávila no lleva a camino ninguno, porque la melancolía, no hace y fabrica sus antojos en la imaginación y en un estado de tristeza profunda nos puede llevar a estados depresivos y que incluso pueden acabar en tragedias.

Abracemos esos recuerdos, que nos devuelvan la sonrisa que, a veces, perdemos en medio de tanta fatalidad y desazón. Que esos recuerdos se conviertan en divertidas videollamadas, en cálidas llamadas, en abrazos al alma.

La fiesta desbordada tendrá que esperar a mejores tiempos y con la fe y esperanza de que todos nos hemos de encontrar nuevamente. Pero también hay que ser honestos, muchas de aquellas celebraciones acababan en excesos, accidentes, riñas, separaciones, familias fragmentadas e incluso hasta en muertes. Esperemos que esto del resguardo, aparte de nosotros, estos desenlaces que, francamente, no creo se extrañen o anhelen.

La Navidad, querido lector, esta época que impregna el ambiente de amor y fraternidad, de alegría, gozo; puede que hoy pueda parecer lo contrario, pero la oportunidad está, que ese amor nos mantenga unidos en el querer salir adelante de este momento que nos tocó vivir, que la fraternidad nos ayude a ser más comprensivos, respetuosos y corresponsables ante los retos que nos presenta esta pandemia y que, la alegría y el gozo sea nuestro, con la luz de cada día, con el poder leer el mensaje de alguno de nuestros seres queridos, del poder verles, escucharles, o si es posible de poder abrazarles, pero también, el tener que alejarnos para estar a salvo y evitar riesgos, porque hoy también la distancia es una forma de decir te quiero, me importas.

Mientras, habrán muchas personas que así lo entiendan, habrá otras que se sientan ofendidas o abandonadas, pero esperemos que la lección llegue pronto, constantemente hago referencia a William R. Daros cuando dice que se requiere coraje para vivir ante la adversidad; se requiere generosidad y justicia para convivir en la diversidad que es riqueza potenciadora de formas de vida y prudencia para convivir adecuadamente.

Así es querido lector, constantemente requerimos de coraje para afrontar la realidad que ahora nos golpea; requerimos de generosidad y justicia para aceptar y comprender la diversidad de ideas que existen acerca de los modos de afrontar la pandemia, pensando en el otro, los otros y la prudencia, ésa que como se ha ausentado en todos los niveles de la sociedad y que como dice Daros, nos ayuda a convivir adecuadamente.

Querido lector, gracias por tu lectura y me congratulo de que esté vivo y en las condiciones para que pueda acceder a estas sinceras líneas. Espero que pueda disfrutar de la mejor manera las celebraciones venideras, a pesar de las condiciones, pero que como comentaba en este texto pueden vivirse de diferente manera. Y termino con una frase más de Santa Teresa de Ávila, que dice: …que mucho veremos si no queremos ver más de nuestra bajeza y miseria… y no por nada coincide que, después de 800 años, vuelve a brillar la estrella que guío a unos magos a la noche de bendición a un nacimiento, probablemente estemos ante el nacimiento de un nuevo periodo del que esperemos sea de luz y bendición.

¡Felices fiestas!