La Puerta del Sol, en Madrid, un mar casas de Campaña, olores del cuerpo y calles como sanitarios
Por Aranxa Solleiro
Enviada Especial
Han pasado 13 días desde que Madrid ha convertido sus calles en lo que podría ser el refugio temporal más grande de Europa, las tiendas de campaña contrastan con las luces de los cientos de comercios que rodean la famosa Puerta del Sol y al mismo tiempo irrumpe la imagen de los edificios estilo barroco, proponiendo que también en la ciudad capital de España, se puede protestar y declarar un fin a la percibida mala gestión de parte del gobierno respecto al acceso a la vivienda.
La plaza, comúnmente ocupada por turistas de todas partes del mundo, se ha convertido en un mar de casas de campaña con una combinación de olores provenientes del cuerpo humano, pues dentro del caos, las aceras son utilizadas como sanitarios, espacios de convivencia, dormitorios y lucha social.

En suma a esto, el día de ayer 8 de octubre, las calles se llenaron de personas que salieron a marchar en memoria de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que fue desalojada de su casa el pasado 23 de septiembre.
El fallecimiento de Maricarmen intensificó el reclamo al derecho a la vivienda y convirtió la protesta en una de las principales expresiones del descontento social por la crisis habitacional en España. Especialmente los manifestantes consideran que el deceso de la mujer de 87 años, derivó del desalojo, tras permanecer hospitalizada durante 15 días.
“La mató el sistema. Pedro Sánchez tiene toda la culpa. Maricarmen murió por culpa de sus malas gestiones, porque seguimos sin tener acceso a una vivienda digna, porque no es justo que tengamos que migrar para tener mejores oportunidades ni es justo que en nuestro propio país no tengamos oportunidades de vivir”, compartió una de las manifestantes.

La diversidad de los que protestan en la Puerta del Sol es algo que sobresale, pues no comparten ni la misma edad ni las mismas circunstancias. Hay jóvenes, personas que enfrentan dificultades para pagar un espacio para vivir y ciudadanos que se han sumado a la movilización impulsada por el Sindicato de Inquilinas de Madrid.
Guillermo de 22 años, lleva desde el inicio compartiendo una casa de campaña con otros tres compañeros, para él, estar ahí no representa un sacrificio, pues destacó que es mejor estar ahí que en cualquier otro sitio. El sentimiento lo comparte Cristina, de 34 años, quien ha pasado algunas noches acampando y participó en la marcha para recordar a Maricarmen, para ella esto debe ser un símbolo de fuerza y de unión, para demostrar a quienes gobiernan que desde hace poco más de una década la calidad de vida en España “está por los suelos”.
La protesta se lleva a cabo bajo un contexto de preocupación por el alto costo de la vivienda, los incrementos en las rentas y las dificultades que enfrentan distintos sectores de la población para encontrar o conservar un lugar donde vivir.

De acuerdo con opinión de manifestantes, rentar un espacio en Madrid puede estar entre los 800 euros a los 1500 euros, sin embargo, los salarios, desde su punto de vista, son precarios. Con base en el gobierno de España, el salario mínimo promedio es de 1,221 euros al mes, lo que complica el acceso a servicios básicos y a una vivienda digna.
Es así que entre las principales exigencias de los manifestantes están frenar los desalojos, garantizar vivienda asequible y evitar que los intereses económicos de propietarios y fondos de inversión se impongan sobre el derecho a la vivienda.
La historia de Maricarmen dio un rostro concreto a las demandas. La mujer había vivido durante 71 años en el mismo departamento y luchó durante años para permanecer en él. Su desalojo, realizado el 23 de septiembre, detonó nuevas movilizaciones y acampadas en distintas ciudades españolas como Barcelona.
En la noche de ayer jueves, participaron alrededor de 20 mil personas en la marcha, de acuerdo con el Ayuntamiento madrileño. El recorrido fue aproximadamente de cuatro kilómetros, desde la plaza hasta la calle Alcalde Sáinz de Baranda, sitio en el que Maricarmen había vivido durante más de siete décadas.

EL “RENTISMO MATA”, NO A UN DESAHUCIO MÁS
Las pancartas señalaban leyendas como “El rentismo mata” y “No toleramos ni un desahucio más”, acompañados de consignas como “de norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue”; cabe destacar que la manifestación fue en todo momento pacífica y no se tuvo ninguna confrontación con cuerpos policiacos.
Al llegar al antiguo domicilio de Maricarmen, las personas se detuvieron frente al edificio. Flores, veladoras y mensajes escritos a mano formaron un homenaje improvisado. Algunos guardaron silencio, otros encendieron las linternas de sus teléfonos y aplaudieron en memoria de la mujer.
En la Puerta del Sol, mientras tanto, las tiendas de campaña siguen instaladas. Durante el día, la plaza conserva su ritmo habitual; por la noche, quienes acampan vuelven a ocupar el espacio con sus pertenencias, sus carteles y sus reclamos.
La imagen es la de una ciudad que intenta continuar con su vida cotidiana mientras un sector de la población exige respuestas ante una de sus principales preocupaciones: tener un lugar donde vivir sin que el costo o las condiciones lo vuelvan imposible.
Para quienes permanecen en la plaza, la muerte de Maricarmen no debe quedar reducida a un caso aislado. Su historia se ha convertido en una advertencia sobre las consecuencias humanas de los desalojos y en un llamado a modificar las condiciones que, denuncian, dejan a muchas personas en situación de vulnerabilidad.

