La Resiliencia en la vida cotidiana

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La resiliencia es la capacidad de encajar situaciones adversas en nuestra vida cotidiana, e incluso el poder aprender y salir fortalecidos de esas situaciones. Todos nosotros pasamos por momentos difíciles a lo largo de nuestra vida y, en ocasiones, ésos son tan duros (la muerte de un familiar o amigo, una enfermedad grave o una experiencia vital muy dolorosa) que nos llevan al límite de nuestra resistencia y sufrimiento. Otras veces, esas experiencias no son tan intensas, pero se producen de manera recurrente, lo que nos genera estrés y va minando poco a poco nuestras fuerzas.

La capacidad de resiliencia se ha verificado a través del testimonio de muchas personas que, aun viviendo esas situaciones tan extremas, han conseguido sobrellevarlas y seguir proyectándose a un futuro, incluso a un nivel superior, como si esa experiencia hubiese despertado en ellas algunos recursos internos que tenían latentes y que les permiten seguir viviendo con confianza y esperanza.

Aunque las bases de la resiliencia se generan en la infancia, cuando el bebé se vincula a sus cuidadores con un tipo de apego seguro, también es posible desarrollar esa capacidad más tarde, si uno recorre un camino de autoconocimiento y cultiva ciertas actitudes.

¿Cómo es una persona resiliente?

 

Se caracteriza por tener algunos rasgos en común, como la gran sensación de autocontrol en las distintas situaciones y especialmente ante las dificultades, el mayor sentido del compromiso, y porque toman las dificultades como un reto en lugar de una amenaza.

Además, este tipo de personas destaca por su sentido de coherencia, en donde prima la comprensión global de sí mismos en las distintas situaciones, la capacidad de gestionar sólo aquellas cosas sobre las que tienen control, y la habilidad para dar un significado a su experiencia, viviendo así la vida y las situaciones como una forma de aprendizaje.

Son personas más flexibles y abiertas a los cambios en la vida, que toleran mejor la incertidumbre y que tienden a interpretar las situaciones desagradables, estresantes y dolorosas como una parte más de la existencia, sin resistirse tanto a ellas.

Claro que pueden sufrir o experimentan dolor, pero no añaden un mayor sufrimiento a aquel que ya padecen.

Además, las personas resilientes son más capaces de responder antes las situaciones de una manera consciente, en lugar de reaccionar ante ellas. Es famosa una frase de Viktor Frankl, ejemplo de persona resiliente: Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio se encuentra nuestro poder para elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta está nuestro crecimiento y nuestra libertad.

No cabe duda que el cultivo de ciertas actitudes, el autoconocimiento y la práctica del mindfulness nos hacen más resilientes, nos protege del estrés y proporciona un mayor sentido a nuestras vidas.