LAS TRIBULACIONES DE UN CHINO EN CHINA (1879)
Contrastando con su espíritu eternamente joven, aventurero de sus propias novelas, la vida de nuestro querido escritor fue bastante tranquila. Cuando se casó, vivió en una gran casa provinciana y ocasionalmente se dedicó a la navegación de recreo, afición que conservó durante más de cuarenta años, junto con su disciplina más seria: escribir, al menos, una novela al año.
LAS TRIBULACIONES DE UN CHINO EN CHINA (1879)
Un hombre chino que vive en Shangai recibe noticias de que está arruinado y decide contratar una póliza que cubra su muerte, incluso por suicidio, pues esas son sus intenciones.
Comentarios y anécdotas: Este es un libro maravilloso y ¿cuál no?, es un canto a la Vida. ¡El triunfo de la Vida! Cuando uno termina enfrentándose –cara a cara– con la muerte, termina apreciando la vida.
Y ¿qué mejor país o región para ambientar esta novela que el Celeste Imperio?
La muerte, desde la antigüedad, en China, está integrada a la cotidianidad, es inseparable. Era común encontrar dentro de los hogares, que los ataúdes formaran parte de la decoración del hogar, quizá para quitarle lo drástico y menguar el cargo de negatividad que le solemos otorgar en occidente, donde, por ejemplo, solemos atribuir el color negro a ello y hasta tocamos tres veces la madera para ahuyentarla. Mientras que, en Asia, suele o solía relacionársele –dada la occidentalización del mundo– con el color blanco.
Tomando esto en cuenta, el autor construye un argumento ético y filosófico que sostiene una aventura sin igual. ¡Ya se imaginarán el maravilloso viaje por el país del loto!
Una vez más, logra conjuntar de manera fascinante la historia con la ficción, ya que por ejemplo, la trama se desarrolla posterior a la época de la Guerra del Opio, donde muestra la manera desleal del comercio inglés para con los chinos.
Por ello, Tribulaciones… es un libro que no se olvida nunca. Y precisamente quiero compartirles una frase que no he olvidado, y que se menciona en el libro que suelo repetir a menudo:
Cuando los sables están enmohecidos y las rejas de los arados relucientes;
cuando las cárceles están vacías y los graneros llenos;
cuando los escalones de los templos están desgastados por el paso de los fieles y los patios de los tribunales cubiertos de hierba;
cuando los médicos van a pie y los panaderos a caballo:
El Imperio está bien gobernado.
¡Escritor de aventuras, sólo el nuestro; y para el viaje… es preciso ir a China!

