Leer un ejercicio de libertad
Decía Alfonso Reyes que la única manera de ser provechosamente nacional consiste en ser generosamente universal. Ensayista, narrador, poeta, traductor, diplomático y promotor cultural… Abogado. Alfonso Reyes hizo de la inteligencia una forma de generosidad y de la literatura un espacio de encuentro entre las naciones.
Buscador permanente del conocimiento, de la belleza y de la comprensión del mundo. Para Reyes, leer no era un acto de acumulación de conocimientos, sino un ejercicio de libertad, pues desde su punto de vista, la literatura permite comprender otras épocas, otras culturas y, en especial, nos comprendemos a nosotros mismos.
Lo que la gran mayoría desconoce, es que Reyes fue también abogado. En 1907 ingresó a la Escuela Nacional de Jurisprudencia, antecedente de la actual Facultad de Derecho de la UNAM, en donde recibió una sólida formación jurídica que coincidió con una de las etapas intelectuales más importantes del país.
Junto a José Vasconcelos, Antonio Caso, Pedro Henríquez Ureña y otros jóvenes universitarios, participó en la creación del Ateneo de la Juventud, movimiento que transformó profundamente la vida cultural en nuestro país al reivindicar el pensamiento humanista.
Alfonso Reyes recibió el título de abogado; sin embargo, el camino que recorrió fue el de la literatura y la diplomacia. Sería un error pensar que abandonó el derecho, pues su formación jurídica dejó una huella permanente en su manera de pensar y de escribir, tal como observamos al leer sus ensayos en los que encontramos un razonamiento ordenado, una argumentación rigurosa y una extraordinaria precisión conceptual.
La prosa de Reyes contiene la lógica de un jurista y, al mismo tiempo, la sensibilidad del poeta. El Derecho enseña a interpretar textos, ponderar argumentos, comprender el contexto histórico de las normas y construir razonamientos coherentes. Reyes trasladó esas herramientas al terreno de la literatura. La obra de Reyes demuestra que tanto el rigor analítico y la creación artística no son disciplinas opuestas, sino expresiones complementarias del pensamiento humano.
Asimismo, la carrera diplomática de Reyes da cuenta de su formación en Derecho. Representó a México en Francia, España, Argentina y Brasil, desempeñando funciones que exigían no sólo sensibilidad cultural, sino también conocimiento del Derecho Internacional, habilidad para la negociación y respeto por las instituciones.
Para quienes ejercemos profesiones jurídicas, Alfonso Reyes ofrece una enseñanza vigente: el Derecho no puede reducirse al conocimiento de leyes y códigos. La justicia exige cultura, historia, filosofía, literatura y comprensión de la condición humana. Un abogado que únicamente domina las normas corre el riesgo de perder de vista a las personas para quienes esas normas existen.
La grandeza de Alfonso Reyes no radica únicamente en haber sido uno de los mayores escritores de la lengua española. También consiste en haber demostrado que el pensamiento jurídico y el pensamiento literario pueden encontrarse en un mismo horizonte: el de la búsqueda permanente de la verdad, la razón y la dignidad humana.