Leonardo Padura y Heredia

Views: 1454

Del libro Dio su voz a tus aguas despeñadas, publicado por el Ayuntamiento de Nezahualcóyotl, México, en el año de 2003, compilado por quien esto escribe, encuentro un texto del narrador de mayor fama en este 2021, el cubano Leonardo Padura, y dicho texto publicado por La abeja dorada, edición de la Universidad Autónoma del Estado de México en octubre del año 2001. Esta publicación hizo aparecer durante su existencia buena cantidad de textos inencontrables en Toluca, que han permitido conocer la voz de cubanos que han puesto su atención apasionada en José María Heredia y Heredia —el editor y compilador de tales textos fue el conocido Héctor Sumano Magadán, originario del municipio de Sultepec, de gran cariño a tierra toluqueña—.

De ello es muestra el novelista Leonardo Padura, quien en esta edición dice: Varios acontecimientos históricos y personales, más definitivos y trascendentes que los vividos en su anterior estancia cubana, actúan directamente en este proceso de acercamiento a una definida pertenencia nacional que se apodera de José María Heredia. La visión del narrador atendiendo al contexto histórico nos pone sobre aviso de las lecciones de vida, que cuando son de sustancia tan grande como las ideas de libertad y democracia en un país, Isla, que escucha las voces del continente que habita, en gritos de independencia de España, ante los siglos de dominio, de la cual la Isla es una de las primeras en recibir la afrenta de la conquista.

Dice Padura: Entre los años 21 y 23, mientras en España se instaura un segundo periodo constitucional, que en el año 24 sería alevosamente traicionado por el monarca Fernando VII, en la isla de Cuba se vienen unos aires de libertad y una efervescencia política, económica, social y cultural nunca antes constatada. Son estos los años en que el padre Félix Varela —a quien Heredia frecuenta por entonces— enciende las conciencias de la juventud cubana desde su cátedra de Constitución del seminario San Carlos, fragua en la que perfilan muchas de sus ideas hombres como José Saco y Domingo del Monte, además del propio Heredia, a pesar de no haber sido su alumno directo. Los aires de libertad son tan fuertes, agiles, libres de entrar por doquier. Y tales lecciones de ayuda para pensar en la libertad son las mismos que en México un siglo después se expresa en la aventura intelectual y cultural de los miembros del Ateneo de la Juventud, que con la sola propuesta de hacer escuchar voces diversas a la cultura oficial, rompen la camisa de fuerza que todo poder constituido en largas tiranías terminan por fragmentarse como un ventanal.

La lectura de Leonardo Padura nos hace entrar al terreno de la historia: Vehemente participaría el joven Heredia desde este clima de confrontación y reafirmación, a la vez que sedimenta su definitiva pertenencia al grupo de la llamada juventud ilustrada con la que comparte tertulias, paseos, proyectos literarios y, sin duda alguna, visitas a cantinas, burdeles y casa de juego. Seguir los pasos de la juventud, sea en el poeta Lord Byron o de Arthur Rimbaud, de Edgar Allan Poe o Walt Whitman. En esos casos seguir sus actos de temprana juventud, que no tienen que ver con aquella de Jorge Luis Borges, que quedó saldado como un niño inglesito nacido por equivocación en Buenos Aires. El estudio de las juventudes de artistas, intelectuales y científicos es siempre una experiencia sorprendente.

En el caso de José María Heredia los hechos comprueban que vivió la tragedia griega, de ser admirado y reconocido en sus primeros años de juventud, para después, más allá de los 25 años de edad comenzar a sufrir el macrocosmos telúrico de las batallas por forjar nuevos países a partir de la esclavitud vivida en reciente pasado. Este texto de Padura es sin duda la semilla y raíz de su excelente novela dedicada al poeta cubano llamada La novela de mi vida publicada por Tusquets en el año 2002. Novela de un afecto que el cubano deja por quien es su colega de vocación. Escribe ésta seguramente sintiendo las aprensiones que sobre todo en sus últimos lustros se convierten en la soga del ahorcado. José María Heredia o la elección de la patria es un texto significativo para el estudio del poeta en resumidos párrafos plenos de conocimiento. Cuenta Padura: Son también estos años de maduración de su poesía amorosa, que alcanza sus más altos niveles en poemas como el dedicado a su nueva amada y que titula A Lola, en sus días; los de su consolidación como poeta descriptivo, que toca una de sus cumbres en el poema La tempestad, iniciando con los famosos versos: Huracán, huracán / Venir te siento. Pero, sobre todo, es el momento en que inicia su lírica de acento político y patriótico, a través de composiciones como A la insurrección de la Grecia en 1820, Oda a los habitantes del Anáhuac y especialmente La estrella de Cuba, escrita casi al salir de la isla.

Para los que no conocen seriamente la obra de Heredia, con sólo pensar que es del siglo XIX ya no hay necesidad de leerlo, dicen. Pero al indagar con cuidado en sus versos, se entera el lector que está ante un cronista de su tiempo, en las letras del amor, de los patrimonios naturales y culturales que son su diario ver y vivir, y en los terrenos de la poesía social y política, que son en el mundo de las letras los caminos más pantanosos que se puedan transitar. Cuántos poetas escribiendo poesía política han caído, ya por dedicar poemas a ciertos políticos encumbrados que después resultan no de plata u de oro, sino menos que cobre por sus hechos de gobierno. Así le sucede a Rubén Darío al dedicar poemas a dictadores o presidentes de Estados Unidos, o a los menospreciados cantadores en alabanza a Benito Mussolini, Adolf Hitler o Francisco Franco en el siglo XX. Cuenta Leonardo Padura: Sus versos, publicados en diversas revistas cubanas, le van reportando celebridad y Domingo del Monte, en un anónimo apócrifo anuncio de la publicación de un volumen de sus poesías, lo muestra ya como el más notable, moderno e importante de los versificadores nacidos en la isla, al calificarlo como el primero que dedicándose desde temprana edad al estudio de los clásicos, hizo resonar la lira cubana con acentos delicados y nobles. Tan solo la edad que frisa los 20 a los 23 años y Heredia es toda una eminencia que en sus letras no tiene igual. Es importante citar este hecho, pues no es fácil a tan fresca edad alcanzar el papel de líder de vanguardia en las iniciales letras de Cuba y de la América independiente. Con toda la riqueza de la poesía mexicana, no es fácil equiparar a los primeros poetas de nuestra patria en la riqueza de temas heredianos. Cierto en el siglo XIX la poesía de Ignacio Ramírez El Nigromante y de Ignacio Manuel Altamirano son orgullo de sobra para saber que no es hacer abismos entre las letras del cubano y las mexicanas. Sino valorar en ello lo que Heredia representa en las letras iberoamericanas.

El inicio de su exilio viene a confirmar su destino de exilado eterno, pues escribe Padura: La intensidad con que Heredia vive en estos meses comienza a ser definitivamente arrolladora cuando en agosto de 1823 es descubierta la Conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar y su leyenda y su vida de poeta romántico queda definitivamente selladas con la nueva aventura que debe emprender: el destierro. Seguir los pasos de este exilado en vida es comprobar que la trascendencia del ser excepcional que es, sólo se hace en la Odisea del sufrimiento y los avatares que tocan a su familia en todos sentidos, y que nos deja el ejemplo de su reciedumbre para aceptar los hechos infelices de su vida, de los cuales la enfermedad física que trae la tuberculosis pulmonar es la más grave; y la que llega a su alma, ante el desaliento de ver a su Cuba amada en las garras del imperio, y en su país de adopción la voracidad por denigrar la democracia sin ningún comedimiento o respeto a las normas y a la vida humana. Exilio fue su vida desde el nacimiento, exilio viven sus polvos enamorados de los cuales no sabemos dónde reposan al final, pues sólo sabemos que quedaron en una fosa común tristemente.