Los talleres gratuitos de Literatura como una cura ante la depresión posmoderna
A lo largo de la última década hemos vivido saltos enormes en relación al uso de nuevas tecnologías, las que han venido a formar una relación simbiótica con casi todos los humanos o al menos con la mayor parte de los adultos, puesto que el portar un celular inteligente es muy común hoy día, ya sea para comunicarse, buscar direcciones, pedir servicios de transporte, solicitar comida a domicilio o hasta para llenar formularios en línea, mediante tecnologías como el QR o la recopilación de datos biométricos para el acceso a lugares como estadios o conciertos.
Es por ello, que este salto tecnológico, nos obliga a vivir una segunda vida dentro de las redes sociales, tanto como método de interacción social o como un entretenimiento desmedido. Expertos han señalado que las redes sociales están diseñadas para que pases el mayor tiempo posible dentro de ellas, gracias a la herramienta del scroll infinito donde un uso prolongado puede causar dependencias emocionales con estas tecnologías, aunque esta misma circunstancia tiene un excelente fin para las grandes industrias, el cual es justamente monetizar y ofrecer sus servicios con anuncios en todas las plataformas posibles.
Si usted tiene más de veinte años, sabrá bien que los anuncios no existían por ejemplo en plataformas como YouTube, la cual de manera obligada muestra comerciales, no sin antes ofrecernos planes de pago mensuales o anuales para evitar verlos, cuestión risible porque esta plataforma obtiene ganancias de quienes le pagan publicidad, pero también la gana de quienes pagan por no verla.
Y es justamente este hecho deshumanizante donde todo en redes sociales se vuelve una mercancía, una nueva oportunidad para vender lo que antes no era siquiera un producto para hacerlo, lo que causa una desesperanza y depresión en muchas personas, ya que no hay que ser muy listo para darse cuenta que de este modo, solo las personas que tienen la capacidad monetaria para pagar dichos servicios son las que valen actualmente.
Ya que el espejismo de redes sociales nos muestra arquetipos inalcanzables de estilos de vida que, sencillamente, no pueden ser costeados por la mayoría de la sociedad, algo que, como lo mencioné en columnas anteriores con la metáfora del bombero pirómano, aquella que consiste en generar un problema para que de esta manera el mismo causante otorgue una solución sólo para mirarse como el héroe, vemos de igual manera, que las redes sociales nos causan vacíos, nos hacen ver carencias donde no las hay y más son fuente de insatisfacciones colectivas, con el único motivo de vendernos una solución, cuestión que se reduce nuevamente al círculo vicioso donde nuestras emociones son actualmente la mercancía.
Dicho todo lo anterior ¿Qué relación tienen los talleres gratuitos de literatura, poesía y crónica?
Puedo afirmar que, en contraposición de las redes sociales, estos espacios literarios y de escritura se convierten en el refugio idóneo para aquellos que buscamos una desconexión total del mundo virtual posmoderno, aquel que únicamente nos desconecta de verdaderos lazos afectivos para con las demás personas.
La iniciativa de los talleres gratuitos de literatura viene a ser lo más parecido a una cura ante la depresión generada por la insatisfacción y el dolor que causa el vivir en un mundo que rechaza constantemente, pues estos espacios diversos, no excluyen a nadie por su género, edad, ideología, color de piel o nacionalidad, ya que la literatura es el verdadero lenguaje universal de la humanidad.
Así que ofrecer estos espacios, se vuelve una labor capaz de salvar vidas por el hecho de que leer para los demás, cuentos, relatos, o poesía puede volver a conectarlos con lo bello y sublime que tiene la vida.
De manera necesaria me veo motivado a mencionar que hoy día soy escritor en este espacio gracias a un taller de literatura que me abrió las puertas hace ya más de un año y medio, taller que tiene por líder al Maestro Francisco Xavier Estrada Arriaga, fundador de la Asociación Internacional Casas del Poeta A.C, la cual cuenta con más de 200, encargadas de impartir talleres gratuitos de literatura, poesía, crónica y actividades culturales, labor que debe ser reconocida por su enorme trascendencia como un fenómeno sin comparación alguna en la actualidad.
Casas del poeta es sin duda, una realidad que, de manera colateral, ha ayudado a personas de todas las edades a afrontar las adversidades de la vida y la depresión por lo que, encontraron en la literatura, un motivo para apreciar la vida.

