+Luisa Josefina Hernández, un recuerdo de la maestra de maestros; Ricardo Garibay Ortega, entre el periodismo y la literatura

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La frase

Y desearías ser poeta; y desearías ser amante.

VIRGINIA WOOLF

 

Imprescindibles.- Una de las escritoras a la que podemos llamar esenciales dentro de la literatura de nuestro país fue Luisa Josefina Hernández, quien el pasado lunes 16 de enero de este naciente año de 2023, dejó este mundo para transitar con su sapiencia por el mundo de los que permanecerán siempre en la memoria de la gente.

Se distinguió  tanto por sus libros, fundamentalmente por sus novelas, así como por las obras que forman parte del arte dramático, las que se representan frente a un público. Siempre estuve al pendiente de lo que la maestra Luisa Josefina llevaba al escenario, debido a que supo retratar –con finura– las costumbres, tradiciones de la sociedad  en la que vivió y vivimos todos, haciendo realidad de que el teatro se convirtiera en un espejo de la sociedad.

La actividad que desarrolló la mayor parte de su vida, fue la docencia en la Universidad Nacional Autónoma de México, en la cátedra de arte dramático, en la Facultad de Filosofía y Letras, donde antes de ejercer la docencia, estudió a letras inglesas y teatro, donde supo mezclar –con gran fortuna– el arte de la narrativa así  como textos para representarse ante el público, en un escenario especial, que conocemos como teatro.

Fue una de las autoras más inteligentes y al mismo tiempo más sencillas que pudo haber en esa facultad, así reflejó lo que fue y es su escritura, formadora de gente que se dedica a la estructuración de obras para el teatro, ejercer la crítica, elaborar guiones para darle sentido a los textos que se representarán ante un público.

En sus escritos, demostró el dominio del lenguaje, del sarcasmo y la sencillez de sus expresiones. Inolvidables son los retratos que dejó tanto en la narrativa como en la dramaturgia. Tuve la fortuna de toparme con sus primeros escritos al visitar la editorial Joaquín Mortiz, imprescindible para la conducción y consolidación de la literatura mexicana a través de la visión juiciosa y de fomento a las letras que realizó su dueño, don Joaquín Diez Canedo.

Vi ahí los libros de esta escritora en la serie del volador y en los que se presentaban a todo lujo, de pastas duras y con guardapolvos, la famosa serie de novelistas contemporáneos en donde en la portada se presenta el nombre de la novela, el de la autora, en la contra, una fotografía del tamaño del texto del escritor y/o escritora donde me impactaron los rasgos finos y la belleza de su rostro, esto motivó la acción de iniciarme en la lectura de ese libro y de los que seguirían hasta acumular casi cincuenta.

El número anterior, no refleja el ánimo acumulativo, sino que encerró –en cierta forma– la etapa y la época que le tocó vivir a pesar de su juventud, ya que nació el  2 de noviembre de 1928, al cumplir 22 inicia su actividad como escritora para que, dos años después, en 1952, ser una de las primeras becarias del Centro Mexicano de Escritores, institución que lanzó al mundo a los mejores autores que han nacido en este país.

En la serie del volador de la editorial Joaquín Mortiz apareció su novela La memoria de Amadís, de 1967; dos años antes publicó en la serie novelistas contemporáneos El valle que elegimos, 1965.

Traductora de Shakespeare, de Bertolt Brecht y Arthur Miller. Dominó seis idiomas. Investigó a fondo el análisis y comprensión del drama.

Entre sus obras de teatro destacan FiguracionesEl orden de los factoresAlmeida DanzónZona templada y Agonía entre otras.

Salud maestra Luisa Josefina Hernández por ser una escritora esencial tanto en la narrativa como en la dramaturgia. Continuaremos releyéndola, nos encontraremos en el futuro.

Ricardo Garibay Ortega.- Tuvo la fortuna de ejercer dos oficios fundamentales para el desarrollo de su literaturael periodismo que le sirvió para estructurar sus reportajes en sus inicios, y para estructurar, también,  –con madurez y maestría– sus novelas que vieron la luz primera en la editorial esencial para la literatura mexicana Joaquín Mortiz.

Ricardo Garibay

Lo recordamos en ocasión de haberse conmemorado cien años de su nacimiento el pasado miércoles 18 de este mes de 2023, el vio la luz primera el 18 de enero de 1923, en Tulancingo Hidalgo.

Escribió para el periódico Excélsior consolidando las páginas editoriales con su participación, gracias al talento y visión de Julio Scherer García, quien supo amalgamar en la página del diario que dirigió, a una extraordinaria calidad de colaboradores.

En las lides periodísticas fue jefe de prensa de la Secretaría de Educación. Cofundador de la revista Proceso

Tuvo estudios de la carrera de licenciatura en Derecho y fue alumno también de la Facultad de Filosofía y Letras, en la UNAM, en esos años –1949– publicó su primer  cuento: La nueva amante, en 1953, editó otro con el nombre de Cuentos.

Lo conocimos en aquel lejano año de fines de 1975, en su casa de Naucalpan, lugar en donde vivió por aquel tiempo, por cierto al citarnos ahí, se le olvidaron sus llaves y para entrar abrió una de las ventanas con gran agilidad, lo que demostraba haber realizado ejercicio en su juventud, incluso con la práctica del boxeo.

De voz gruesa, precisa, de arranques nerviosos en sus expresiones, con una prisa interna para expresar sus ideas y por esa misma ansia infinita de anticiparse a sus novelas y por ser entrevistado, ahora él, recuerda al mismo tiempo: siempre realizo este oficio.

En sus novelas como Beber un cáliz, publicada en 1965 por la editorial Joaquín Mortiz, en su serie del volador, expresa con absoluto dominio el desmoronamiento y agonía de señor padre, una especie de semejanza con lo que en su tiempo realizó Jaime Sabines con Algo sobre la muerte del mayor Sabines; muerte, dolor, impotencia ante lo inevitable. Un dolor profundo que le sirvió para estructurar su obra que se constituyó como base fundamental de su actividad literaria.

A ésta, continuó con la publicación de La casa que arde de noche, de la serie del volador, 1971, en Joaquín Mortiz. Seis años después de que editó lo traumático que fue escribir sobre un padre: hombre enérgico en exceso, además de proporcionar una educación a base de golpes, al hacerlo, limpia, quizás, sin estar consciente de ello, con un pasado para encontrar su camino dentro de la literatura.

Da un giro de 180 grados para escribir sobre una historia de amor el contraste entre el pasado asimilado, el presente titubeante y la visión de un futuro que se consolidará conforme va llegando, nos referimos a La casa que arde de noche, 1971, en la serie del volador, de Joaquín Mortiz. Con ésta, obtiene el premio al mejor libro extranjero, dado a conocer en Francia, 1975. Tres años después publicó un libro de crónicas: Las glorias del gran Púas, Grijalbo, 1978.

Hizo el ensayo Diálogos mexicanos, las novelas Mazamitla que le editó Bartolomé Costa AmicBellísima bahíaPar de reyes y Aires de blues con Joaquín Mortiz.

Fue guionista de cine para las películas Los hermanos Del Hierro que dirigió Ismael RodríguezLo que es del CésarEl Púas una especie de biografía de Rubén Olivares quien fue campeón mundial de peso gallo en boxeo y la famosísima película que protagonizó Héctor Suárez El mil usos

Dejó este mundo el 3 de mayo de 1999.