Más allá de líricas y corpse paint… una línea que pocos se atreven a cruzar
En esta ocasión vamos a charlar un poco acerca de la música, la ciencia y la psicología. Se trata de tomar en cuenta algunos elementos de los tres aspectos que hemos señalado. Sobre todo con la intención de aportar algunas ideas que vayan más allá de historias, mitos y tradiciones que, sin duda, es una faceta fascinante que rodea a las bandas, los músicos, sus fans y los escuchas que deambulan por ahí sin una razón más allá del disfrute de la belleza de un arte.
Sin embargo también hay un mundo de temáticas que involucran a la psicología relacionada con los mecanismos neuronales que tienen que ver con los gustos musicales o inclusive con las personalidades de los escuchas que pueden estar abriendo una ventana de su psique, un tanto reveladora, que puede ir más allá de un simple gusto estético por la música en sí o por alguno de sus cada vez más extensos géneros.
Por ejemplo, vale la pena señalar lo que Lacárcel (2001) señalaba en tanto que la psicología de la música consta de todo un plano conceptual y empírico que es una referencia para aproximarse al porqué y el cómo de la respuesta humana a algo tan complejo y a la vez tan sencillo –mas no simple– como lo es la música. Se basa, dice el autor desde la consideración de tres dimensiones, a saber; la estructural, sensorial y expresiva.
Para el gusto de la R habría que, sólo tal vez, agregar una cuarta que tiene que ver con el aspecto espiritual. Muchos de los estudios han dado la prioridad a los aspectos conductuales y su influencia en la sociedad, en la memoria musical y la experiencia subjetiva, la interacción directa con algún género. En fin, el abanico es bastante amplio.
Aquí la inquieta R quisiera recuperar una línea relevante que tiene que ver con el gusto musical. De acuerdo a nuestro autor hay que centrarse en la relación que hay entre el contexto social y la estructura musical. Nos dice la ciencia que hay estudios los cuales han determinado que, por ejemplo, las preferencias tienen que ver con las complejidades y un nivel adecuado de excitación en algún momento muy particular, pero también influyen por los estilos y adaptaciones de la música en un entorno.
Por otra parte y con gran impacto sociológico hay que decir que los gustos refuerzan las distinciones sociales contribuyendo sin duda a la construcción y expresión de una identidad. Así es que vale la pena señalar el resultado de un estudio realizado por Rentfrow y Gosling (2003) respecto a esta cuestión del gusto musical. Entonaron cuatro dimensiones que fueron asociadas con rasgos de personalidad.
Tenemos entonces que se señala que el reflexivo y complejo se inclina por géneros como el jazz, el blues, el folklor y la música docta. Las personas que se ubicaron en esta dimensión están abiertas a nuevas experiencias, no se lleva de buena forma con el deporte y sin duda valoran mucho las experiencias estéticas dada su muy activa imaginación. Los siguientes tienen que ver con la rebeldía y lo intenso y ellos se decantan por el rock, el heavy metal y la alternativa. Tienen buena química con el deporte, pero también con apertura a experiencias y aún cuando enfatizan emociones que podrían considerarse negativas no hay signos neuróticos anormales y además son en demasía curiosos y asumen riesgos.
Tenemos también a los convencionales y optimistas que se inclinan por el country, el pop, música religiosa y los soundtrack. Se trata de personas extrovertidas y diligentes, con apertura y gusto por el deporte. Tienen habilidad verbal, son alegres y sociables. Por último tenemos al rítmico y enérgico quienes gustan del hip hop, soul, funk, electro y rap. Son personas llenos de energía e indulgentes, también evitan ideales conservadores.
Sin embargo la intención no es ni de cerca encasillar a las personas. A la R le queda claro que cada escucha tiene un poco de cada una de estas cuatro dimensiones. Es posible que usted, estimado lector, se incline más por alguna de ellas, pero tendrá también un poco de las demás. Simplemente se trata de mostrar que, si bien la psicología nos puede describir patrones de conducta y más en algo tan complejo como los gustos artísticos, el gusto por la música y cualquier otro arte tiene muchas aristas, una de ellas es la psicológica, pero también la estética e inclusive la socioeconómica que tendrá que ver con las oportunidades de cada persona a acceder a algo más que las puras vibraciones de la interpretación musical y de un contexto social externo a la creación musical.
Por otra parte la American Psychological Association en un estudio encabezado por Viren Swami nos muestra algunas cuestiones respecto a la influencia de la personalidad y las diferencias individuales en las preferencias por el Heavy Metal. Este trabajo vale mucho la pena ya que además de brindarnos una radiografía deletalero intenta derribar algunos de los fuertes estereotipos que se han formado alrededor. Este estudio se basó en el modelo de los cinco grandes y la teoría del rasgo.
Uno de los resultados más interesantes es que se demostró que las composiciones más extremas, con los más brutales riffs de guitarra, ritmos complejos y tiempos fuera del estándar con cambios bruscos a pasajes intensos y melódicos, así como los gritos, gruñidos y chillidos guturales; eran de mayor agrado –como lo confirma el estudio ya mencionado arriba– para las personas que en psicología se les llama con apertura a la experiencia, es decir, el gusto del metal extremo coincide con las actitudes más negativas y de rechazo hacia la autoridad, la baja autoestima, una mayor necesidad de singularidad y un fuerte desapego de la religiosidad.
Pareciera que esto es consistente con la descripción del fan del metal en tanto subcultura de la alienación, que tiene que ver con una oposición a la autoridad y a la sociedad en general o a una cultura dominante. Sin embargo es posible que, por ejemplo, con una autoestima baja, se sientan atraídos por el metal extremo ya que sin duda estas fuertes frecuencias permiten una purga de sentimientos negativos. Es una catarsis ofrecida.
Nuevamente dice la R, no se trata de un etiquetado, pues me parece que esta baja autoestima a la que hemos hecho referencia no es tan extraña como pareciera o poco común. Es un estado en el que todo ser humano puede atravesar en diversos momentos.
Ésta podría ser simplemente una de las bondades del metal extremo, mas no la única dado que este tiene toda una filosofía, una teoría musical y por su puesto una técnica en demasía compleja. Pero es interesante que la psicología nos enseñe esta extraordinaria bondad. Una arista más del mágico mundo de la música que, cada vez sorprende más a la R. Es como meter pedacitos de la psicología, la ciencia, las emociones, los gruñidos, las melodías, los brutales riffs, las armonías, las notas musicales, las claves de sol, las tristezas, las risas, y un sinfín de etcéteras en una licuadora y permitirse que todo explote.

