MIS SIETE LUNES A LA SEMANA
Dos comisuras rosando el accidente
Un café que se cae en una falda
Por culpa del que lleva leontina y monóculo
Un caleidoscopio virgen llorando su suerte
Una noche sin luz, pero con tu piel
Erizada y tersa
Un desdén, dos, tres, de aquellos amargos que nada le contentan
Una paciencia que ya no aguanta ni una gota
Muchas lecturas en soledad
Pétrea
Una ganas suicidas de conversar
Un deseo de ser escuchado y visto sin interrupciones
Unas flores que parecían naturales
Un llanto que no se entenderá
Una soledad que nunca podrán ser dos como alguna vez lo fue
Un plan secreto que todos lo saben y lo llevan como un llavero bailarín
Un periódico solitario que pasará de mano en mano
Una mirada que se gastó en su costumbre
Un no saber qué decir ni cómo moverse
Una voz y un moverse que pone en duda todo mínimo indicio de hombría
La cobardía personificada
El hablar para que no te hagan caso
Las cuentas vencidas
El clima con la ropa al revés
La sonrisa que ya no brota
Ese gol que ya no se festeja por falta de fuerza
Esos temas prohibidos
Y mientras tanto todos los mientras tantos
Acumulados
Que piden descanso
O una almohada, para soportar el siguiente segundo
Con la certeza de un día más que resta y divide
Como las tristes matemáticas
Como un niño que no entiende nada
Y menos su lonchera
Y menos su mochila
Y sin el beso de una madre
O con el beso de una madre
Cansada, que ya no puede más, pero sí puede menos.

