Mundo ignorante

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La mejor forma para erradicar la ignorancia es la construcción de un capital cultural sólido, esto significa hacernos de la mayor cantidad de referentes para, con base en la suma de experiencia más aprendizaje, comenzar a responder de manera más inteligente ante los embates del entorno.

Pero esto, desafortunadamente, no es tarea sencilla en sociedades como la nuestra, tan acostumbrada a lo fácil, tan conforme con su realidad.

La mentes brillantes, aprenden a romper paradigmas; estancarse en zona de confort, asumir que lo hemos logrado todo, festejar la mediocridad, no son actitudes que los grandes pensadores de la historia han asumido, por el contrario, muestran posturas críticas ante su contexto inmediato, porque de esa manera se favorece la eventual construcción de maneras diferentes para hacer las cosas.

La ignorancia es la madre del atrevimiento, frase lapidaria que refleja el día a día de muchos que, encumbrados en su ineptitud, se valen de ella para opinar sin siquiera tener un referente mediano de aquello de lo que hablan, o actúan de manera tramposa ante el mundo, suponiendo que nadie descubrirá sus mentiras.

El ignorante, tonto finalmente, siempre piensa que es mejor que los demás; los inteligentes tienen un alto sentido de la autoestima y comparten su conocimiento con los demás, los tontos intentarán, por todos los medios, de ser vistos como superiores, incluso manipulando o menospreciando al otro.

Los ignorantes siempre piensan que tiene la razón en todos los espacios, mientras que el inteligente busca empatizar, el inepto discute y no cambia de opinión.

Los torpes tienden a enojarse en cualquier situación de conflicto, los brillantes buscarán la mejor manera de hacer las cosas, simplificando y buscando constantemente una solución racional y meditada.

Lo anterior nos lleva a una condición aún más preocupante en estos seres humanos que han decidido no crecer, no aprender o no cambiar: la incultura.

Esta se refleja de muchas maneras, comenzando por la incapacidad de desconocer cosas básicas, el enojo ante la corrección de cualquier interlocutor o reacciones polarizadas ante situaciones que son hechos irrefutables de nuestro entorno.

La analogía producida por la palabra misma, inculto, tiene una explicación clara; su significado se asocia a la tierra que no logró florecer plantas, que trasladado a la condición humana alude a quienes no permitieron crecer su intelecto.

Suelen creer que su percepción de la vida y sus opiniones siempre son las correctas, además de que insinuarán que su vida está, permanentemente, por encima de los demás; son fanáticos de la creación de historias ajenas para poder criticar a las personas, juzgarlas o simplemente tener de que hablar.  Expertos en el arte de la labia. 

Y como dice el adagio, Dios los hace y ellos se juntan, encontraremos que se forman verdaderos grupos de boicot social que, encumbrados en su propia ignorancia, pretenden dictar cátedra sobre un deber ser que existe sólo en su imaginación.

Pero ellos no son responsables del todo, todos los demás tenemos mucho de culpa por dar poder, dar oídos y empoderar a este tipo de personas; la consecuencia está a la vista, un mundo ignorante y conforme con ello. 

horroreseducativos@hotmail.com