Mundo Mudo

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Buenas tardes, Buenas tardeeeees. Nadie contesta. Qué barbaridad. Sólo levanta la vista y la vuelve a bajar. Ya nadie se comunica. 

Veo una fila larguísima en la entrada del banco, la gente está formada para usar el cajero automático, pero desde hace unos años hay dos tipos de cajero, uno sencillo, donde nada más se puede retirar dinero y consultar montos y otro más sofisticado y completo porque se pueden hacer más trámites, tales como, hacer pagos, tanto de servicios y a particulares, además de que dan cambio. Bueno pues, la gente sin mirar ni percatarse se forma en la misma fila sin notar lo anteriormente dicho.

Entonces en esa fila hay gente que sólo va a retirar dinero y se forma en una fila que le quita tiempo. Si algo me sobra a mí es tiempo, así que me salto la fila e ingreso al recinto y me percato que todos los casi diez cajeros simples están disponibles. Hago uso de uno de ellos, retiro lo que necesito de efectivo y la notificación me llega de inmediato a mi teléfono inteligente. 

Salgo de la sucursal bancaria y me aqueja un ligero remordimiento: puedo irme y dejarlos en su ignorancia perdiendo el tiempo o volver e indicarles que los cajeros sencillos están disponibles, que las personas que sólo van a retirar efectivo o consultar fondos pueden ingresar y hacer uso de los casi diez cajeros disponibles. Pero no, estoy en un predicamento: ¿por qué regresar y perder mi tiempo en ellos que no me saludaron, es más que hasta alzaron la vista y no me respondieron? 

Ash, está bien. Voy de regreso me pongo a un costado de la enorme fila y con voz alta les digo que en el interior hay diez cajeros disponibles para quien vaya a retirar efectivo. Su mirada es de extrañeza, incluso de incredulidad; todos se quedan inmóviles hasta que una joven se quita el audífono y avanza al interior del inmueble, le siguen de pronto otro y otro y más; en cuestión de segundos la interminable fila se ve reducida a cinco personas. 

Pero nadie dijo gracias, nadie emitió una sola palabra, es más ya nadie me volteó a ver.     

Bueno, haz el bien, sin mirar a quién, decía mi abuelo.

Ya voy tarde para mi cita, pido un taxi por el servicio de aplicación, me arroja un código de cuatro dígitos, que lo conserve, que me lo pedirá el conductor. Me alzo de hombros y espero los quince minutos que me indica mi teléfono inteligente.

Llega, justo a la hora indicada. Recuerdo que al inicio de este servicio los conductores se bajaban del auto y la abrían a uno la puerta, hoy eso es cosa del pasado. Abro yo mismo la puerta y de inmediato digo: Buenas tardes, ¿viene por …? No pude concluir mi pregunta porque una voz grosera me increpó con otra pregunta más urgente al parecer: ¿Código?

Yo, balbuceando pregunté: ¿código?, ah sí, el código, es éste, se lo dicto y acto seguido inicia el viaje en el más completo y absoluto silencio. Quizá por la forma en que me recibió, quizá porque no quería interrumpirlo, quizá por no encontrar un tema de conversación que pudiera resultar interesante a ambos… total, nadie habló. Al final, abrí la puerta le dije: está cargado a la tarjeta, gracias. Y me quedé esperando, ya no una respuesta, sino más bien algún sonido gutural que saliendo de su boca pudiera aceptar como una contestación a mi despedida. Nada. Niente. Nothing. 

Hablando con una amiga, respecto a lo sucedido, me dijo que lo del código en la aplicación del servicio de taxis por aplicación se debe a que muchas veces ocurre lo que a ella le sucedió:

Ella pidió un servicio y coincidió que otra persona también. Llega el auto y ella se sube, comienza el viaje y se da cuenta de que no es la ruta, le reclama, el conductor se enoja, le dice que si regresa le cobrará el servicio de todos modos, ella dice que no, que mejor cancela. A regañadientes deciden regresar y se percatan que la otra persona estaba esperando esa unidad, pero esa otra persona es hombre. Llega en eso la unidad que correspondía a mi amiga. Lo que había sucedido es que se habían equivocado de servicio: mi amiga había tomado el correspondiente al hombre y el hombre iba a tomar el servicio de mi amiga.

Yo pregunto, no es más fácil decir, como antes: Buenas tardes, ¿viene por fulano de tal?, vamos a esta dirección. 

Pero no, ya nadie habla en este mundo mudo.