Por no prever

Views: 27

Todo empezó al notar que mis pobres e ingenuas costillas creían que resguardaban algo.

Así que lo más lógico está mañana, fue desayunar mis sesos.

Soy pésima para cocinar, mis amigos lo saben, por lo tanto sin más, retiré la cortina de cabello maltratado y con una cucharita, me di gusto.

Gozo de perfecta salud, no soy vegetariana ni tampoco tengo alergias.

Un poco amargo y seco al principio;

pero si algo he aprendido, es que, a todo se acostumbra uno.

Fue agradable cuando los ojos me negaron la luz, 

el paladar se exacerbó y un temblor recorrió mi cuello.

Sin ninguna presunción y como el vapor, 

las ideas se elevaron.

Las buenas, las peores, a todas ¡adiós!

Me reí como una tonta y ¿cómo no?

Llegar a adulto y por fin relajarme, porque ninguna de ellas, significaba algo.

Seguí comiendo la mejor, la más sabrosa golosina de mi vida.

Hasta que me reproché el no prever…

que en algún momento se me dormiría la lengua y todo lo demás.

Ahora estoy aquí tumbada en el suelo,

masticando lo que queda de mí 

y rumiando algún que otro,

deseo de vivir.