+Niños que nacieron en las cárceles, quién ve por ellos y qué es de ellos después de ser expulsados a los tres años; La violencia invade a Toluca
La frase:
La forma de sanar a la sociedad de la violencia y de la falta de amor es reemplazando la pirámide de dominación con el círculo de la igualdad y el respeto.
MANITONQUAT
NIÑOS EN CÁRCELES DE EDOMÉX
Se ha puesto a pensar alguna vez ¿cuántos niños viven en las cárceles del Estado de México? Si, los hay, información oficial solicitada mediante la Ley de Transparencia refiere que son 19 menores de edad que actualmente conviven con sus madres en reclusión. Esto, porque las madres llegaron en estado de gestación a las prisiones a pagar condenas o porque han sido procreados como producto de visitas conyugales en los centros de prevención y readaptación social.
Pero la cifra no tiene gran credibilidad, pues, por ejemplo, en el reclusorio femenil de Nezahualcóyotl, se asegura que tan solo en año anterior (2024) hubo más de quince mujeres que dieron a luz en ese centro de reclusión.
La vida de un menor que nació en la cárcel no es nada sencilla; en realidad es inimaginable esa situación de vida para un ser humano, pues, por una parte, desde que nacen solo conocen a una persona, su madre, y como tal tiene una relación muy cercana, pero llegará el momento en que ese vínculo se rompa y tengan que separarse, porque la ley en el Estado de México indica que un menor que vive en esas condiciones tiene hasta los 3 años para dejar la prisión y pasar a vivir en otras condiciones.
No es difícil de imaginar el trauma psicológico que debe representar esa salida, tanto para la madre como para el menor de edad, pues el mundo entero que el menor conoce hasta ese momento es su madre, y las condiciones carcelarias por muy adversas que puedan parecer, son las que son todo para él, además de que arrancar a un ser que ha crecido todos los días en tus brazos debe ser un golpe terrible para cualquier mujer.

Pues en realidad no existe un censo preciso sobre esa situación, al menos en el Estado de México, entonces tampoco las acciones de atención que se implementan para garantizar su derecho a la vida de esos menores cuenta con el rigor científico como para hacerlo valer, por lo que es casi nulo lo que se puede decir sobre las condiciones en que esos menores estudian, qué comen, y a qué dedican su tiempo.
Un diagnóstico elaborado por el Poder Judicial del Estado de México y la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) aporta datos clave sobre esta problemática y sus implicaciones para las infancias y maternidades en reclusión.
El estudio, titulado Maternidades e Infancias con Referentes de Crianza en Prisiones del Estado de México, expone que el 86.7% de las mujeres privadas de la libertad en la entidad tienen hijos.
De este grupo, un 21.5% reporta que el padre de sus hijos también se encuentra en prisión. Además, el 35.7% de los hijos estuvo presente al momento del arresto de sus madres, lo que implica una experiencia de gran impacto emocional para los menores.
La edad promedio de estas mujeres es de 35 años, y la mayoría son originarias del Estado de México (44.9%) o de la Ciudad de México (38.4%).
El diagnóstico destaca que el 45.7% de las mujeres cuenta con estudios de secundaria, mientras que solo el 9.1% ha cursado estudios superiores. La falta de recursos económicos es el principal motivo por el que muchas abandonaron sus estudios.
En cuanto a su situación personal, el 40% de las internas está casada, pero el 55% no tiene pareja. Las condiciones de vulnerabilidad se agravan, ya que el 12.2% ha estado embarazada durante su reclusión, y el 2.6% ha tenido abortos en prisión.
Los niños pueden permanecer con sus madres en prisión hasta los tres años de edad. Actualmente, la mayoría de los menores (93.3%) ha salido de los centros penitenciarios, pero nacieron mientras sus madres estaban recluidas. De ellos, el 49.6% está bajo el cuidado de los abuelos, el 16.9% con sus padres y el 25.1% con otros familiares.
Las visitas de los hijos a sus madres son comunes, y el 45.9% de las internas recibe visitas cada 15 días. Sin embargo, un 65.9% afirma que no existen condiciones adecuadas para estas visitas en los centros penitenciarios.
De lo que poco se habla en medio de tantos números y estadísticas elaboradas a modo, es qué pasa después de que el menor sale de la cárcel. La primera pregunta sería ¿vuelven a reunirse madres e hijos en esta situación o simplemente la madre decide que es mejor que el menor no vuelva a involucrarse con esa forma de vida?
¿Qué pasa en realidad con esos menores? ¿Alguien más de la familia materna se hace cargo del menor? ¿Cuántos son cedidos a otra familiar en procesos de adopción? ¿La experiencia traumática de vivir en prisión durante tres años deja huella en el consciente de los menores de edad o pronto olvidan esos primeros años de su vida?
Aunque usted no lo crea, no hay respuestas para estas interrogantes, porque la autoridad, al menos en el Estado de México no ha tenido tiempo, ni ganas, para dar seguimiento a esos casos y arrojar datos concluyentes sobre ¿qué pasa después de que el menor y la madre son separados en esa condición familiar?
Nadie está seguro de cuántos de esos menores que salen de la cárcel alguna vez regresan a ella como infractores, sea de un delito leve o de uno considerado grave, y menos todavía alguien se ha puesto a investigar cuántos de esos menores son consignados por la autoridad judicial como responsable de un delito que amerite prisión corporal y eso se convierta en una especie de cinta sin fin.
La violencia invade a Toluca
Toluca, buen gente, no mata, nomás… Al menos eso era lo que se decía antes. Muchos de nosotros crecimos con la idea en la cabeza de que Toluca era un lugar muy bueno para vivir, porque en la capital del Estado de México la gente no era violenta, más bien era relajada y hasta apacible. Pero ya no es así.
Esta misma semana se han visto hechos violentos que no tienen precedente en la historia local, pues, como ya se dijo, esta tierra no era de matones, era de personas con buena armonía a los que les gustaba interrelacionarse en positivo; es decir, con base en el respeto a los demás.
Lamentablemente el fin de semana anterior, el domingo, para ser más exactos, se vivió una escena de furia desatada, la cual, por cierto, tres días después, todavía no termina en una aprehensión y mucho menos en una consignación que demuestre que la policía local sirve para algo más que para echarse la torta a bordo de las patrullas en lo que ven pasar la vida.
El caso es que en las primeras horas del domingo se registró un nuevo accidente en la carretera Toluca-Palmillas. Los lugareños salieron a toda prisa con la intención de hacerse justicia por mano propia en contra del presunto responsable del atropellamiento que costó una vida a un ciclista, pero no encontraron a nadie, ya que el responsable se dio a la fuga.

Por ese motivo, y para protestar por la falta de seguridad y garantías para los ciclistas de la zona, hubo a quienes se les ocurrió que bloquear la vía era una buena idea, y así lo hicieron, lo malo es que horas después, uno de los afectados por el bloqueo carretero, decidió que la mejor opción que tenía para evitar a los que protestaban era agarrarlos a balazos y salir corriendo del lugar. Y así lo hizo.
Es decir, en un solo rato hubo un muerto, el que falleció atropellado, y por lo menos dos personas con heridas de bala, los alcanzados por el que se brincó el bloqueo, porque llevaba mucha prisa. Violencia llama a violencia, y todo terminó en tragedia que, insisto, todavía a estas horas no ha podido ser presentado ninguno de los responsables para hacer justicia.
El punto aquí es notar el grado de violencia en el que nos interrelacionamos todos, ya no importa el lugar, ni la hora, ya hay personas que andan todo el tiempo armados dispuestos a tumbar a balazos a quien sea con tal de hacer sentir que son poderosos y que ellos no están dispuestos a soportar a manifestantes que bloquean vías de comunicación, sin importar el tipo de jurisdicción que ahí impere.
Es tiempo que la autoridad frene ese grado de violencia, dice la Presidenta de México que hay que ir a las causas. Pues habría que preguntarle ¿cuáles son las causas de ese tipo de comportamiento de ese grado de ira como para agarrar a balazos a otras personas?
Usted de verdad ¿considera que hay razones tan inteligentes como eso de agarrar a alguien a balazos sólo porque se le ocurrió cerrar una vía de comunicación?
Lo cierto es que la situación ya llegó a grados preocupantes que se deben analizar y actuar en consecuencia, comenzando por sacar de las calles la gran cantidad de armas que andan por ahí a bordo de cualquier automóvil.

