¡NO ES EL MODELO… ES LA CORRUPCIÓN!

Views: 27

«Cada generación cree haber encontrado el modelo económico definitivo. La siguiente suele dedicar décadas a corregir sus errores.»

Douglass North

MODELO PERFECTO, REALIDAD ABSURDA: Durante décadas, el mundo ha discutido apasionadamente si el capitalismo es mejor que el socialismo, si el neoliberalismo superó al estatismo o si el populismo representa una alternativa más humana. Los modelos, desde el de reproducción ampliada de Marx (ojo, declara a la plusvalía o utilidad indispensable para crecer) hasta los más contemporáneos integracionistas, son perfectos en el diseño, pero todos fallan en la vida real.

Los líderes políticos toman las ideas, las “venden” a un pueblo dúctil, extasiado de futbol, pero sin conciencia de la fenomenología económica y social y ya está, reparte migajas (síndrome de la paloma) y acumula en un núcleo muy cerrado la riqueza que debería de integrar el bien común, que, por cierto, es el que menos le interesa. Regalan frases y acumulan riqueza.

Imaginemos dos automóviles idénticos, mismo motor, misma transmisión, misma tecnología. Uno llega puntualmente a su destino y el otro se queda tirado a medio camino. Cuando el mecánico abre el cofre descubre que el problema no era el diseño del automóvil, sino que alguien había sustituido el aceite por agua, vendido las refacciones, desconectado los frenos y utilizada gasolina adulterada. No falló el automóvil, falló quien lo adulteró.

Algo parecido ocurre con la economía. Ningún modelo económico -por brillante que parezca en el papel- funciona cuando quienes lo administran colocan el interés político, el beneficio personal o la corrupción por encima del bien común.

No es el modelo el que roba, aunque en él se gesten “estafas maestras” o “huachicoles fiscales”, no es el mercado el que falsifica contratos, incluso nos atrevemos a decir que no es el Estado el que desvía recursos por sí mismo, a menos que hablemos de un Estado fallido, son las personas; cuando las instituciones dejan de controlar a quienes ejercen el poder, cualquier doctrina termina deformándose.

El siglo XX estuvo dominado por una discusión ideológica, capitalismo contra socialismo. El siglo XXI comienza a demostrar que el verdadero diferenciador entre los países exitosos y los que fracasan no es la etiqueta del modelo, sino la calidad de sus instituciones, la fortaleza del Estado de Derecho y la capacidad de corregir errores.

El Premio Nobel de Economía, Douglass North (por supuesto menos conocido que Messi, Ronaldo o Memo Ochoa), sostiene que las diferencias de prosperidad entre las naciones no se explican únicamente por el mercado o el Estado, sino por la calidad de las instituciones.

Las instituciones -las reglas del juego, la seguridad jurídica, la protección de la propiedad, la transparencia y la rendición de cuentas- determinan si una economía genera inversión y crecimiento o corrupción y estancamiento. 

Su idea central es irrebatible, los países no fracasan por elegir un modelo económico, sino porque las reglas terminan favoreciendo la captura del poder por intereses particulares en lugar del interés general. Una vez capturado el poder, se cambian las reglas, ¿verdad Cuba, Venezuela, Nicaragua y -recientemente- México?

Concluye North que el socialismo puede corromperse, el capitalismo puede corromperse, el populismo puede corromperse. Lo que ninguna economía ha logrado es prosperar cuando la corrupción sustituye a las instituciones y el interés de grupo reemplaza al bien común.

Eso explica, de manera sencilla por qué algunos países prosperan usando modelos distintos y otros fracasan aun cuando copian exactamente el mismo modelo. Bueno, pues porque los líderes que conservan la calidad institucional sobre el nombre de la doctrina económica son sin duda más honestos que los advenedizos. Los países nórdicos y el Benelux son ejemplos palpables. 

GLOBALIZACIÓN AL GARETE: Durante cuarenta años escuchamos la casi sagrada frase de que «La globalización hará más ricos a todos.» En el modelo, no era completamente falsa; de hecho, el comercio internacional creció como nunca, cientos de millones de personas salieron de la pobreza, la inflación mundial disminuyó, la integración y las ventajas competitivas regionales hicieron que los productos fueran más baratos, la tecnología llegó a todos los continentes y la inversión cruzó fronteras.

Nacieron cadenas globales de producción que se volvieron redes de alcance impresionante y parecía que la historia económica había llegado a su destino final, hasta que comenzaron las grietas y no las provocó el modelo, desde la FIFA hasta Nicaragua, Grecia o Corea del Sur, son grietas de corrupción, sin ideología básica.

La pandemia mostró la fragilidad de las cadenas globales y las guerras demostraron que los alimentos y la energía también son armas. China dejó de ser únicamente un socio comercial para convertirse también en competidor estratégico y muchos países, liderados por las ideas nacionalistas de Putin y de Trump, se cuestionan si un país puede depender completamente de otro para producir medicamentos, alimentos, microchips o energía.

No se descubre el hilo negro, renace un absurdo nacionalismo donde el único que paga los desatinos políticos es el consumidor. Ni América va a ser más grande otra vez, como dice Trump, ni Rusia será el imperio que terminó con la caída del muro de Berlín. Económicamente, Trump y Putin están más cerca de Hitler y de Mussolini que de un verdadero nuevo camino.

EL SOCIALISMO TAMPOCO FUNCIONÓ: La otra gran promesa tampoco cumplió, Durante décadas se dijo que bastaba con que el Estado controlara los medios de producción para lograr igualdad. Ah, pero el Estado no es la persona, son las instituciones y la realidad mostró otra cosa, escasez, baja productividad, innovación limitada y pérdida de libertades económicas.

Las experiencias de Cuba, la antigua Unión Soviética y, en distintos momentos, Venezuela ilustran que la concentración del poder económico en el Estado no garantiza prosperidad por sí sola.

Entonces se regresó al populismo y se propuso un camino distinto, no se promete producir más (aunque se habla de independencia alimentaria y energética y se invoca una soberanía que no se explica), y se promete repartir más, cosa muy difícil pues sin insumos no hay producto. Entonces la deuda comienza a ocupar el lugar de la riqueza y la deuda nunca produce por sí misma.

El punto es que cualquier modelo se destruye con una base de corrupción y de indiferencia que llamaría la atención de Kafka y de Bretón.

DE FONDO

En términos de ideología, si han fracasado socialismo, globalización y populismo, anticipamos un modelo que se está gestando en Alemania y que, sin duda, será tema en la materia en las próximas dos décadas.

Estamos viendo el nacimiento de un nuevo modelo que podría llamarse Capitalismo Estratégico, caracterizado por una fortalecida integración regional a base de redes más cortas como Nearshoring o Friendshoring. Se buscará la producción cercana y la seguridad logística. Por ello es trascendente el mejoramiento del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, hasta hoy pésimamente manejado política y pragmáticamente.

En este modelo los gobiernos intervienen para proteger sectores críticos, para generar acciones de economía circular (reciclar, reutilizar, reparar, reducir desperdicios, disminuir emisiones) y para orientar acciones de sostenibilidad y sustentabilidad.. 

DE FORMA

Hace treinta años discutíamos quién tenía la mejor ideología. Hoy los países más exitosos parecen enfocarse a algo mucho más sencillo, lo que funciona. Quizá ese sea el verdadero nacimiento del nuevo orden económico, menos dogmas, más resultados.

La nueva economía va a enfocarse en la sostenibilidad y de ella hablaremos la próxima semana…

DEFORME

Dicen que el futbol es lo más importante de lo menos importante. Quizá tengan razón. Lo verdaderamente preocupante es que, mientras llena estadios, mueve miles de millones y vende millones de playeras, lo más importante de lo más importante -la educación, la salud, la seguridad, el empleo y el futuro de nuestros hijos- sigue jugando en una cancha casi vacía.