Nombres y Culturas

Views: 514

Una sola palabra: Matlatzinca lleva por un río de palabras, de nombres que debemos de aprender, para saber cuándo aparecieron los fundadores de este territorio hace siglos. Cuenta don Poncho al referir el final del Preclásico: Puede compararse el fin del Preclásico al momento en que los pueblos asiáticos de pastores nómadas, ya establecidos por la agricultura, emprenden el camino hacia las grandes culturas clásicas de la antigüedad: China, India, Egipto y Mesopotamia. ¿Importa entender que al mirar a las grandes culturas de la humanidad, seamos capaces de entender el grado de desarrollo que las culturas indígenas tenían por aquellos años, que son inicio de lo que ha de ser fortaleza de sociedades indígenas, cuya presencia, a través de los restos que se han encontrado, permiten valorar ante aquellas que tienen presencia en el planeta. 

Dice: Es en verdad asombrosa la cantidad de lugares del país en que se han localizado vestigios del Preclásico. Pero los más importantes se encuentran referidos a sólo tres grandes núcleos culturales mesoamericanos. Comenzando por el Sur, Kaminal juyú, Uaxactun, Dzibilchaltun y otros, se han denominado Premayenses, también el Montealbán Preclásico muestra claras influencias de ese grupo cultural. Desconocemos tanto o todo de lo que sucedió en aquellos lejanos años de nuestras culturas desde el río Usumacinta y hasta el río Bravo, de sur a norte los nombres marean de tantos que aparecen y de ahí la admiración a la cultura de Alfonso Sánchez García, quien parecía nacido sólo para escribir, pero en los casi cinco años que estuve laborando cerca de él, no le vi, por sus funciones y la necesidad de mandar sus notas a los periódicos, pocas veces le vi leyendo y leyendo. Me parecía un hombre que nació para escribir, más que para leer. Sabemos que nadie puede escribir de lo que no sabe.

Prosigue don Poncho: Las localizaciones orientales corresponden al conglomerado Olmeca: La Venta, Tres zapotes, Cerro de las Mesas y hasta Tajín I y Cholula, que señalan el paso de los misteriosos pueblos de la costa del Golfo, posiblemente los que mayor número de leyendas han suscitado, desde la aparición de las gigantescas cabezas líticas de la Chontalpa. Un solo párrafo para temblar ante la grandeza de los Olmecas, los sabios cuya visión agrandó la presencia indígena hasta el infinito. ¿Qué hombres y mujeres fueron que han sido capaces de llegar a nosotros sin desvelar todos sus secretos?… en particular a mí, esta cultura es la que más me impresiona al tratar de ellos en el centro de México. 

Prosigue el autor: En el occidente cobra importancia particular la Cultura Preclásica de Chupícuaro, de donde el maestro Jiménez Moreno hace provenir nada menos que a las tribus Nahuas que tanto influyen más tarde en la Cultura Clásica de Teotihuacán. Una pila de libros sobre culturas indígenas desde los mayas, pasando por mixtecos y zapotecas, o las que en el centro forjaron bajo su sangre, sudor y lágrimas estos territorios sembrados de ruinas arqueológicas: nahuas, nahuatlatos, mexicas, aztecas, una cultura o diversas, pero siendo la misma, la cual con sus armas ha de dominar por doquier y con ello impone su lengua y su manera de ver la realidad y el mundo metafísico de la religión. 

Nombres, nombres, nombres… otomíes, matlatzincas, mazahuas, ocuiltecos,.. todo ese repaso por la historia y geografía mexicana del pasado nos da pruebas que nacimos hace muchos siglos. Esa verdad ante tantas muestras de cultura indígena confirma la obligatoriedad de estudiar y más estudiar el pasado que es prueba de que pertenecemos a las grandes culturas del planeta.  Nombres: Provisionalmente designaremos a las Culturas del Centro como correspondientes al grupo Cuicuilquense, el más destacado que registra la Mesa Central. Diremos, pues, que corresponden a este núcleo las localizaciones que se encontraron en las riberas del sistema lacustre del Valle de México, en especial, Tlapacoya, Zacatenco, el Arbolillo, Ticomán, Copilco, Cuicalco, Tlapacoya y Teotihuacan I. Del Valle de Toluca sólo podemos registrar con certeza la zona Matlatzinca de Calixtlahuaca, que se inicia en el Preclásico

Ahora le podemos unir al desarrollo Matlatzinca en el Valle de Toluca la presencia del Cerro del dios Tolo. El señor encorvado que mira hacia abajo, cuyos trabajos siguen adelante por interés del Ayuntamiento que dirige Raymundo Martínez Carbajal y su cabildo en el periodo 2022-2024, que ven en este punto específico de conocimiento arqueológico, muestra relevante del acontecer de esa cultura que da denominación al propio Valle que hoy es desarrollo urbano macropolitano. Hasta dónde llegaron los matlatzincas en compañía de otomíes y mazahuas, esa es la pregunta a responder, pero no sin antes dejar de lado el largo tiempo en que pudo llegarse a dar la construcción de la pirámide de Calixtlahuaca, que es por su sola presencia, una belleza artística. No debemos olvidar que las obras culturales indígenas en la época precolombina, también presumen por su presencia de ser creaciones artísticas que asombran a fuereños.

Para hacer el estudio de todo el acontecer indígena, es necesario tener en un muro los mapas de México desde aquellos tiempos en que íbamos hasta más allá del río Bravo y hacia el sur hasta Honduras. Es necesario para atender el territorio de estudio que debemos ponernos como obligada tarea de saber lo que en su tiempo supo don Alfonso Sánchez García. No podíamos comprender el tesoro de sabiduría que teníamos por profesor de Historia del Estado de México en las aulas de la Preparatoria, como tampoco comprendemos riqueza y sabiduría cultural de que se hacen personajes como: Gustavo G. Velázquez, Rodolfo García Gutiérrez, Mario Colín, Javier Romero Quiroz, José Yurrieta Valdés, Enrique González Vargas, Juan Josafat Pichardo, Arcadio Sánchez Henkel, Guillermo Molina Reyes, y muchos más, que eran sabios en serio. Con sus lecciones y la manera de vivir la vida académica y cultural de Toluca, dieron prueba de que ellos sí sabían hablar de dos palabras mágicas: ‘Toluca’ y ‘Matlatzincas’

Sentarse con ellos a beber café o té, fue recibir cátedra del desarrollo cultural de nuestro Valle de Toluca, yendo hasta confines de principios del siglo XIX y más allá. En su Historia del Estado de México y, con título Las siete plagas en la región lacustre, relata: Echaban los cimientos para la Villa Olímpica cuando se toparon, otra vez, con la presencia de Cuicuilco, la protourbe de antigüedad más respetable en Mesoamérica. En realidad, la descubrieron desde fines del siglo pasado, los famosos rascadores de cerros, pero hasta 1955 y a base de técnicas de horadación muy recientes, se pudo desenterrar lo más notable de conjunto: la pirámide. Cuicuilco, cultura que defiende don Poncho como origen de lo que ha de venir; en particular, para el Valle de Toluca, ya que por su desarrollo demostró ser la cultura más influyente a través de siglos. 

Dice: Pero, volviendo a la Ciudad Olímpica, es necesario consignar que los trabajadores encontraron gran parte del territorio propiamente urbano de Cuicuilco, es decir, las habitaciones, bien sea de personajes encumbrados y sacerdotes, ya que las del pueblo, de materiales flebes, pudieron ser devoradas por el tiempo. El caso es que la Ciudad de Cuicuilco apareció en todo su esplendor, después de dos mil cien años de permanecer sepultada bajo el pesado colchón de roca eruptiva. Poner atención a dicha cultura es clave para comprender nuestro destino. Se cree, dice el autor: Pudo haber llegado a los cincuenta mil habitantes y existen pruebas arqueológicas para colegir que se trataba de una sociedad de carácter agrario, que seguía utilizando como recursos la cacería en tierra y lagunas, que observaba una religión y un complicado rito, que se gobernaba por sacerdotes-caciques que poseían un idioma monosilábico y una serie de conocimientos de tipo científico especialmente relacionados con su tecnología agraria. Su estatuaria nos habla de un pueblo que amaba la vida y veneraba la muerte, que sostenía un trato y frecuente con sus vecinos, incluso con pueblos lejanos…