Número telefónico
Es increíble como en casi 30 años la mayoría de costumbres y formas de comportarse han cambiado. Algunos ejemplos son la comunicación a través de los celulares y más por las redes sociales, otro más los libros en eléctrico, la forma de ver películas, escuchar música, etc.
Algo que también ha cambiado es la forma de distinguir entre lo que es la literatura y no lo es. La literatura es lo que un conjunto de personas llama literatura. Por ello, nuevamente, quiero afirmar que este diario es literatura, ¿qué no lo estás leyendo?
Cambiando de tema a la investigación que tuve que realizar para encontrar al autor del diario, puedo decir que tarde más de tres años en conocerlo. En esas semanas que me encontraba de vacaciones aproveché para preguntarle a mi abuela sobre si este le resultaba familiar. Las palabras claves fueron diario, intercambio y el año de la escritura. Su memoria no logró encuadernar alguna de ellas.
La posible respuesta que conseguí es que fuera de los dueños anteriores de la casa; pero era una realidad que no podía aceptar. Sentía como si A.S. fuera parte de mí, un familiar cercano, alguien de mi sangre, así que tiempo después pregunté a mi abuelo
Demasiada información, creo es tiempo de citar:
“16 de octubre de 1995
Hoy fue un día fabuloso, extraordinario, fenomenal, fantástico y muchas palabras más de carácter positivo. Hace algunas horas en mi clase de idiomas tuve otra oportunidad de hablar con P.T. y fue mucho mejor que la anterior.
Todo comenzó como una clase monótona, tal y como solía ser la clase de Manuel. Lo diferente sucedió cuando tuvo que llevar a Josh y a George a la dirección, por lo que hubo más de una hora libre.
Siendo sincero tenía la necesidad de recostarme y dormir; pero ella estaba una vez más atrás de mí y juro que podía sentirla. Sentía el impulso de conversar una vez más y poder observar esos extraordinarios ojos color marrón.
Me sacudí los nervios y decidido volteé mi silla, me puse frente a frente:
–Hola, ¿cómo estás?– pregunté amablemente.
–Hola, muy bien. ¿Tú qué tal?– respondió
–Te veo más sonriente hoy, eso me alegra.– dije yo notando nuevamente esa luz que sólo tenía ella.
Sonrió y me dijo: –Gracias.–
–Cuéntame, ¿cómo van las cosas con Josh?– pregunté tratando de saber si las cosas se habían arreglado.
–Ya se tranquilizaron, creo regresáremos.– contestó ella.
–¡Qué bueno! Me alegro por ustedes.– respondí ante el balde de agua fría que había recibido.
–Gracias, te lo agradezco.– dijo P.T.
Se estaba muriendo la conversación, hasta que algo en mi inconsciente empezó a carburar e hizo un buen comentario:
–Oye, me caes muy bien, sé que no te conozco, pero tienes algo diferente y me gustaría ser tu amigo por el corto tiempo que estaré aquí.–
–Gracias, tú a mí también.– contestó.
–Te propongo algo.– mencioné.
–Te escucho.– respondió ella.
–Si hago un truco de magia me darás tu número telefónico.– dije yo.
–Claro, porqué no.–
Con mis manos hice unos raros movimientos y cerré mis ojos, después de ello pronuncié unas palabras con otro tipo de voz:
–Piensa en un número del uno al nueve.–
–Listo.– respondió.
–Ahora súmale tres.–
–Ajá.– dijo moviendo la cabeza.
–Multiplícalo por nueve.–
–Listo.– contestó.
–Tú número ahora tiene tres dígitos y si mis cálculos son correctos suman nueve ¿Me equívoco?– pregunté.
–Eso no es un truco de magia, es una adivinanza.– mencionó cruzando los brazos.
–Pero está bien, te paso mi número.– agregó ella escribiendo lo prometido atrás de mi libreta.
Cuando recientemente nuestra conversación duró más de veinte minutos, Manuel apareció y empezó a pedir trabajo en el libro. No me molestó resolver esas páginas, pues al parecer había dado el tercer paso. Sólo faltaba que su relación con Josh terminará una vez más. Aunque no quería que eso pasara, no le deseaba ese mal, prefería seguirla viendo tan radiante y feliz.
Terminó la clase de español y me moví al salón de inglés, dos horas más en la escuela. Con mi bicicleta me dirigí camino a la casa de los Williams, dónde suponía ya me esperaba Katherine.
A mitad del camino una persona me saludo. Con mi pésima vista me fue difícil reconocerle en primera instancia. Al enfocar mejor mis ojos, fui directo estrellarme a un semáforo.
Cinco segundos después me encontraba en los brazos de alguien, dichas extremidades pertenecían a Alex:
–¿Estás bien?– preguntó.
–Dime que tú eres el único que lo ha visto.– respondí recobrando el conocimiento.
–Espero que sí, si no serás el hazme reír una semana.– mencionó el chico de en medio de mi familia provisional.
–Mamá no está, tampoco papá. Dejaron una nota, fueron a ver a mi abuelo desde la mañana, no llegarán hasta el sábado. Vine con unos amigos a comer pizza, por si gustas.– agregó.
–Acepto, siempre y cuando tú pagues.– contesté.
Al no tener tarea no tenía preocupaciones y al no tener nada que comer en casa, sumándole a que estaba cansado y no tenía ganas de prepararme algo, no tenía alguna excusa para declinar tal oferta.
Regresamos a casa a las 20 horas del día y creo mañana, pasado y hasta el viernes tendremos pequeñas reuniones. Esto será todo por hoy, a dormir que mañana todavía hay que madrugar.
A.S.”

