OCURRE
Pasa, ocurre, esa avalancha
Que sorprende hasta a nuestros relojes
Mientras sube y baja
Como un recuerdo bello que se afea en el presente
En el viaje perpetuo de lo efímero
Que se posa cual mariposa en cámara lenta
Al filo de una sola pestaña,
Cautelosa y celosa del sólo ver algo que no sea ella o él
Y la pirinola escolar
y la vorágine oculta que los años viejos nos mueven
nos conmueven al filo de cierta desesperación
y así, pasito a paso, como un vals ebrio que marca
nuestra ruta dónde ya no importa nada
y el todo se vuelve poco
y de ahí nace esa necesidad de mantener
mantener al poco
como un fuego enano
para que no se apague
hasta el soplar con el último aliento
o el penúltimo o el antepenúltimo
y con él continuará como un insert de televisión
continuará, continuará, continuará,
hasta que por fin, el inicio empiece
como ese gran final
esperado por centurias,
mientras se cocina algo
con humo sin olor
y nuestra o la tuya o la mía,
es arrojada al fin,
al barranco,
sin retorno,
esa mochila,
bañándonos a falta de agua,
con la palabra amén.

