Odio extremo
En todos lados se cuecen habas, dicta la sabiduría popular. La masacre ocurrida en días pasados en el Paso, justo en la frontera con nuestro país, es un recordatorio más de lo que puede suceder cuando educamos fuera de los valores fundamentales y asumimos como verdaderos, algunos paradigmas que se propician desde el poder mismo.
No hay explicación que justifique que un ser humano sea capaz de abrir fuego y matar a cuanta persona se le cruce sólo por el hecho de ser diferente por su raza, color de piel, religión o preferencia de cualquier tipo. Menos aún, que ese nivel de odio se encuentre albergado en un joven de 21 años de edad quién tendría que estar más preocupado por estudiar, hacer amigos y consolidar sus metas, mas nunca con deseos desesperados por matar.
Para cualquier ser humano sensato, esto representa un atentado al sentido común; ¿Qué se ha dejado de hacer para llegar a estos niveles de odio extremo?, ¿en dónde hemos fallado como formadores?, ¿Cómo y cuándo estar prevenidos para que esto no se repita?
El gobierno estadounidense ha querido satanizar a los mexicanos que viven en su territorio, etiquetándolos de todas las formas negativas posibles; que si son traficantes, que si son criminales, que si son rémoras de los true americans, y demás aseveraciones equivocadas.
Casos como éste, evidencian que no fue un hispano, no fue un mexicano, no fue un bad hombre quien jaló del gatillo, fue un ciudadano norteamericano cuyo crecimiento seguramente fue influido por una absurda ideología racista, fomentada desde las altas esferas de aquella nación. Las malas personas no entienden de nacionalidad, simplemente lo son porque deciden serlo, independientemente de su origen. ¿Cuándo lo vamos a entender?
Tres días después, circulaba en redes sociales un video que exhibía a una joven madre orgullosa porque su pequeño, de quizás cuatro años, mostraba una peculiar habilidad para manejar un arma de fuego que estaba en exhibición en una tienda. La mujer pedía al pequeño que quitara el cargador, lo volviera a poner en su sitio, que cargara el arma y finalmente jalara del gatillo. Toda una apología a la violencia transmitida a un pequeño que seguramente creerá que eso es normal.
Justo ahí está el problema, en padres y madres que replican conductas que van en contra de la armonía social y la buena relación; mientras esto siga sucediendo, no habrá gobierno, ni escuela y mucho menos cárcel que pueda revertir las cosas. La educación comienza en casa y es ahí en donde se permea lo mejor y lo peor de un ser humano.
Es el amor, el cariño, el buen ejemplo, la guía permanente y la disciplina lo que encamina adecuadamente a cualquiera. Firmeza, pero con respeto; estableciendo límites, pero reconociendo las libertades.
Veamos en estos casos ejemplos de lo que no queremos para nosotros; pujemos por una mejor manera de vivir y una herencia menos horrenda para nuestros herederos.
Algo tenemos que cambiar, urgentemente.

