Otras ópticas para nuestro sentido ¿Cómo vas hacer filosofía sin leer? Entrevista al filósofo Víctor J. Krebs
Primera de dos partes
Víctor J. Krebs nació en 1957 en Miraflores, Lima, Perú. Terminó sus estudios en el Colegio Markham en 1973. Por aquél entonces, sus horizontes, como su colegio, eran científicos. Los contundentes avances en biología que se produjeron a raíz del Nobel de Medicina de Watson y Crick, le habían despertado interés en estudiar genética, una carrera de vanguardia a la que no se podía aspirar en el Perú. Este escenario, se tornó más gris aun cuando la siguiente opción fue estudiar la carrera de su padre: ingeniería civil. Así, se matriculó en Estudios Generales Ciencias de la PUCP, Pontificia Universidad Católica del Perú, donde descubriría su talento para las letras, tras culminar aquellos años con notas sobresalientes en Filosofía y en Teología.
Supo entonces que quería estudiar humanidades, y que en sus años de colegio no había aprendido a valorarlas. El siguiente paso fue dejar el Perú y la ingeniería sin terminar, tras ganar una beca en la Vanderbilt University, Nashville, Estados Unidos. Allí estudiaría biología y filosofía paralelamente. Hasta que su vocación filosófica se impuso, obligándole a dejar la biología, su primer amor. Graduado y señalado como un filósofo en potencia, fue aceptado en Notre Dame para continuar sus estudios de Maestría y de Doctorado, lugar en el que entró con el mundo por montera confiado y abocado a defender su tesis sobre el trascendentalismo en Wittgenstein. Esta etapa estuvo marcada por intrincados cursos de lógica, profundas lecturas de Stanley Cavell y de Carl Jung, y por idas y venidas a Londres, donde trabajó como director de estudiantes. Finalmente, su trabajo doctoral quedó defendido en 1992 bajo la dirección de Karl Ameriks.
Ese mismo año, además, llegaría una carta llena de aire fresco desde Caracas, Venezuela, invitándolo a un profesorado durante dos años en la Universidad Nacional Simón Bolívar (USB). La aceptó gustoso y aquellos dos años se convirtieron en diez. Su estancia en suelo venezolano estuvo en sincronía con el auge y la debacle chavista, siendo un profesor prolífico y querido, que durante aquellos años publicaría sus dos primeros libros: Del alma y el Arte: Reflexiones en torno a la cultura, la imagen y la memoria (1998) y La recuperación del sentido, Wittgenstein, la filosofía y lo trascendente (2008). En 2003, coincidieron unas vacaciones para visitar a su familia y un encuentro inesperado con el filósofo y asiduo amigo suyo Miguel Giusti. El resultado fue despedirse de Venezuela. Había una decisión tomada y un lugar donde embaucar su nuevo camino: la PUCP, última parada de un peregrino infatigable que volvía al Perú para quedarse. Desde entonces, ha publicado numerosos artículos de investigación y sus dos últimos libros: La imaginación pornográfica: contra el escepticismo cultural (2014) y Human virtuality and digital life: Philosophical and psychoanalytical investigations con Richard Frankel (2022).
Ahora, vive tranquilo en el distrito de San Isidro, asediado por estanterías llenas de libros que ya están próximos a tocar el techo de su casa, rodeado de recuerdos de viajes que forman su memoria sentimental, y acompañado de sus orquídeas, lirios y palmeras, encargadas de oxigenar sus tardes y su trabajo. Sus ratos libres, se componen de óleo, de jazz, de cine y sonetos de Joaquín Sabina sobre el amor.
Iniciamos el diálogo
JOB: Profesor, ¿cómo está usted?
VJK: Me encuentro muy bien, lleno de proyectos. Estamos trayendo a Mladen Dolar a la PUCP en junio, tengo un coloquio, un proyecto de investigación sobre filosofía y música que estoy avanzando, y estoy dictando el seminario que me ha tocado este semestre, que tiene que ver con mi preparación para ir al congreso mundial de filosofía en Roma. Se llama El Alma en el Antropoceno, en el que estoy juntando varios de mis intereses: el poshumanismo, por un lado, y por otro la preocupación acerca del Antropoceno y de lo que está pasando con la virtualidad. Junto con todo lo académico, también tengo una agenda pop. Un coloquio de filosofía y cultura popular que estamos organizando entre Hermes, mi equipo de investigación, y el MAC (Museo de Arte Contemporáneo), con un par de invitados que hablarán sobre la nostalgia y el imperialismo del algoritmo en la era digital. Eventos como esos, que esperan ayudar a motivar el pensar, cambiar la mirada hacia las cosas, tratar de compensar o contrapesar la ceguera de nuestra época.
JOB: ¿Cómo ha sido el inicio del año académico y qué tiene en mente para él?
VJK: Los primeros días han sido llenos de ansiedad y entusiasmo, como siempre. Ansiedad porque nunca sabes con quién te vas a encontrar en las clases, si vas a tener una buena clase o no, si la primera clase va a hacer el contacto, la conexión que necesitas para que todo funcione, si van a ser buenos alumnos, qué tan dispuestos están a trabajar o qué tan familiarizados están con el tema. Eso lo primero. Pero también entusiasmo, por empezar una cosa nueva y tratar de compartir cosas que voy descubriendo. Como te digo, muchos proyectos. Lo más importante de este año me parece que es la visita de Mladen Dolar, que es un filósofo esloveno extraordinario. A mí me parece uno de los mejores escritores actuales, que se alinea con unos filósofos que estoy estudiando, llamados los ontólogos de la triple O: Object Oriented Ontology, porque la suya también es una crítica a la parcialidad de la visión occidental ilustrada. Una suerte de recuperación de lo que Dolar piensa como una sofística.
JOB: Claro, curiosamente, muchas veces la razón occidental, oponiéndose a la sofística, resulta ser otra forma de ella, pero de distinta manera.
VJK: O más bien, yo diría que Dolar propone recuperar lo que había en la sofística para compensar la luz que venía con el énfasis sobre la razón y la racionalidad con su propia sombra. Su trabajo es muy interesante. Traerlo a Lima va a ser una experiencia significativa. Estará por aquí del 24 al 29 de junio.
JOB: ¿A qué se debe su fe en esta generación de estudiantes y qué espera de ella?
VJK: (Se ríe y suspira) Qué pregunta, Dios mío. Porque lo primero que tendría que decirte es cuáles son mis temores, que es lo primero que me viene a la mente. Déjame empezar por los temores y de ahí saltar a la esperanza, porque mis temores tienen que ver con esta infiltración omnipresente de la digitalidad, y cómo eso está saboteando y afectando mucho todos los soportes que los profesores de filosofía teníamos para nuestras clases. Para empezar, una de las cosas de las que me he dado cuenta, salvo por excepcionales casos, es que, en general los alumnos están leyendo poco, y que les cuesta mucho leer. Y bueno, ¿cómo vas a hacer filosofía sin leer? Sin embargo, existen vídeos, hay mucha gente que recurre a los vídeos, y claro, felizmente hay muy buenas entrevistas y conferencias: lo que te dice que el mundo virtual, está creciendo y con él los recursos que uno tiene.
Desde mi perspectiva, siendo no nativo digital, me parece que ahí hay una carencia enorme. Pero claro, es porque he aprendido filosofía y he enseñado siempre así, desde una cultura pre digital. Ahora, y tal vez aquí viene la esperanza, lo que a mí se me hace a primera vista una carencia, también me hace darme cuenta de que ellos (sus alumnos) están descubriendo otras formas de reflexión, de pensamiento y de comunicación, de las que también estoy aprendiendo. O sea (con ímpetu) ¡La esperanza es que son jóvenes! ¡Y si son jóvenes quiere decir que aún tienen muchas cosas por descubrir! Y si tienen la curiosidad por la filosofía, ahí está mi esperanza. Siempre y cuando la filosofía no se convierta, como en muchos casos, –y hemos venido hablando de una corriente en particular que, me parece, tiene un gran peligro–, en una especie de droga, que los haga entrar en un sueño y perder, a mi parecer, la complejidad existencial de lo que es el cuestionamiento filosófico.
JOB: Ortega y Gasset decía: Cuando enseñes, enseña también a dudar de aquello que enseñas ¿Esta cita es vigente respecto al estado actual de la academia?
VJK: Me parece que Ortega tiene vigencia en casi todas las cosas que dijo. Más vigencia ahora que nunca. Con respecto a la cita, ¡Claro!, enseñar filosofía no es enseñar doctrinas ni tesis. Se trata de enseñar a pensar, y pensar, antes que nada es cuestionar, ¡Cuestionar todo!, y cuestionarlo desde su más profunda raíz, que está en uno mismo. Así que uno tiene que dudar no sólo de lo que supuestamente está aprendiendo, sino que ¡El Profesor tiene que ser ejemplo de eso!, porque lo que está enseñando el Profesor está tan sujeto a la duda como todo lo demás. Los profesores están enseñando a pensar, o sea a dudar, a cuestionar. ¡¿Cómo va a ser que el Profesor va a estar exento de esa demanda también?! En ese sentido, estoy de acuerdo con Ortega y Gasset, como con muchas otras cosas.
JOB: Si le parece, desplacémonos a una de las principales áreas de su obra: la filosofía del lenguaje y la obra de Ludwig Wittgenstein
JOB: En torno a la obra de Ludwig Wittgenstein, quisiera preguntarle si en lo que va de siglo XXI ¿Cree que hemos avanzado como comunidad filosófica en su asimilación?
VJK: Ahí la pregunta es quiénes somos nosotros. Siendo yo una persona que ha vivido en tres continentes a lo largo de mi vida, y que por lo tanto, no me considero ya, digamos, apegado con ninguno de los tres, sino con las tres al mismo tiempo, el nosotros se me hace problemático. ¿Quién es el nosotros?…
JOB: Le pido que me comente sobre el nosotros de esos tres continentes, Profesor.
VJK: En Estados Unidos me parece que sí hay un avance, que no es generalizado, pero digamos que allí están siguiendo esta lectura de Wittgenstein que yo favorezco. Sí, por supuesto que eso está creciendo. Tanto es así que hemos tenido muchos eventos en los que hemos traído gente de esa orientación a Lima. En Latinoamérica, me parece que avanzamos mucho más lentamente, y desgraciadamente ¿qué puedo hacer sino expresar mi sesgo? La filosofía analítica es cada vez más fuerte, es una realidad en Latinoamérica. Esa es mi sensación. Lo veo en mis alumnos. Este fin de semana he estado revisando las propuestas de tesis para licenciatura y más de la mitad de las personas están haciendo filosofía analítica. Eso es una estadística significativa.
Entonces, hay una lectura que es la filosofía tradicional, analítica, de Wittgenstein, que a mí me parece que pierde de vista lo más importante de él. Así que, si me preguntas sobre la recepción de Wittgenstein aquí, diría que está siendo amenazada por esta nueva trend o tendencia, que es tan fuerte, que también me parece uno de los retos de esta lectura que hago de Wittgenstein. Ahora, en Europa no te puedo decir, porque no sé. Tal vez en Inglaterra…, porque ahí sí que hay una corriente más parecida a mi lectura, pero digamos que sucede lo mismo que en Estados Unidos. Pero no sabría decirte en el continente en general.
JOB: ¿No le parece que, el hecho de que la obra de Wittgenstein, el filósofo que nos enseñó a quebrar lo limitante de nuestros criterios haya tenido una recepción que devino en micro comunidades encontradas entre sí, es un ejemplo de aquello de lo que nos quería prevenir?
VJK: Y que resulta ser contraria a sus intenciones, quieres decir, ¿cierto?
JOB: Exactamente.
VJK: Esa es la ironía, ¿no?
JOB: ¡Sí!, ¿cuál es su opinión sobre eso?
VJK: Obviamente, si tú le preguntas a una persona que tiene otra perspectiva, no hay ninguna ironía. Pero desde mi perspectiva, pienso que Wittgenstein, lo primero que quería evitar, era escuelas alrededor de su filosofía. Él no estaba enseñando una doctrina, estaba enseñando una práctica.
JOB: Lo peor de todo, es que estas escuelas formadas sobre Wittgenstein están encontradas entre sí.
VJK: Así es. Exacto. Pero desgraciadamente es la naturaleza de la razón y del ser humano, que se identifica con lo racional. Puedes decir lo mismo de los psicoanalistas. El psicoanálisis es, supuestamente, una ciencia que nos permite reconocer el inconsciente, cómo el inconsciente tergiversa nuestros planes, etcétera, etcétera, y por lo tanto que todos somos tan frágiles unos como otros. Y sin embargo, se forman escuelas… ¡Los jungianos!, que supuestamente deberían ser los más amplios ¡También se dividen en escuelas! ¡Y todas en lucha continua! O sea, uno dice: el problema es la ideología…, ¿no? El lenguaje nos encierra en ideologías, y las ideologías nos hacen ciegos a lo que tiene que estar más allá de eso.
JOB: El psicoanálisis jungiano también juega un papel importante en su obra. ¿Cuáles son sus bondades para comprender el alma humana en nuestra época?
VJK: Las bondades del psicoanálisis para comprender el alma humana… Para empezar que, como decía Freud acerca del tercer golpe al narcisismo el yo no es dueño y señor en su propia casa. O sea que, detrás de nuestra conciencia cognitiva hay fuerzas, pulsiones, movimientos psíquicos que nos gobiernan, que es necesario intentar reconocer, darles cabida, e integrarlos a nuestra vida consciente. A mí me parece que lo que enseña el psicoanálisis, y sobre todo el jungiano, es que el inconsciente es la fuente del sentido: del sentido de la humanidad. Entonces, claro, el entrar en diálogo con ese inconsciente, sea como sea que se dé ese diálogo, es algo esencial para poder ir más allá de la concepción que tenemos tan limitada del sujeto moderno.
Así que, tal vez esa será la bondad más grande del psicoanálisis: que nos muestra que el llamado sujeto moderno es una concepción demasiado estrecha y limitada de lo que es la experiencia humana. (Piensa en terminar allí la respuesta, pero continúa decidido) Eso sería lo primero que pensaría: el psicoanálisis nos da esta visión del ser humano, que es muchísimo más amplia que la del sujeto consciente y cognitivo. Eso es demasiado limitado y limitante.
JOB: El impulso pigmaliónico es uno de sus conceptos más interesantes y profundos. Lo define como un complejo filosófico y cultural que nos empuja a reemplazar lo vivo, lo cambiante, por algo que no exige tanto de nosotros. ¿El individuo conservador está acaso enfermo de impulso pigmaliónico?
VJK: (Se ríe) Todas tus preguntas las puedo responder sí. Claro, claro, el conservador, digamos, el tradicionalista, es aquél que quiere permanecer dentro de una zona de confort ya definida, para poder lograr sus fines, planes, proyectos o deliberaciones racionales. Y por supuesto: le conviene que el mundo sea estable. Y ¿qué cosa es más estable que el mundo que construimos a través de estas racionalizaciones pigmaliónicas? Es decir, reducir la contingencia, la fragilidad del mundo a conceptos que podamos controlar, que podemos hacer la garantía de nuestra estabilidad.
JOB: ¿Cómo una metafísica de la presencia, ¿no?
VJK: Bueno, eso es un ejemplo del impulso pigmaliónico. En lugar de ver el mundo como cambiante, transitorio, como un mundo de procesos, tratamos de verlo como sustancias, como esencias permanentes que no cambian. Además de intentar decir que el cambio y la transitoriedad son ilusiones, y que la verdadera realidad es aquella que captamos con la racionalidad. Descartes, por supuesto, nos dio todas las herramientas para ponerlo lúcidamente. Pero eso no es sino un desconocimiento de la experiencia real, que es transitoria, compleja, contradictoria, paradójica, sufriente, ¡Inestable!, ¡Frágil!, ¡O sea!, ¡En cualquier momento se puede ir al diablo! Lo hemos conocido con la pandemia, por ejemplo. Estas cuestiones existenciales, que son de todos los días, el filósofo tiende a ignorarlas en favor de este mundo virtual que se crea en sus conceptos, y que además, alimenta en la conversación permanente con otros que están dedicados a lo mismo. Por eso, a mí me parece que es importantísimo romper esa torre de marfil en la que nos encontramos los académicos, hablando siempre unos con otros, mientras se pierde de vista que el propósito del pensar es la vida, no una idea de la vida. Continuará mañana.

