PALABRAS DE PESO: EL ABSURDO

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Una palabra que considero de bastante peso dentro de la tradición lingüística y filosófica es el absurdo, debido a que este concepto puede ser utilizado tanto como catalogar a algo como irracional o incluso para descalificarlo por ser carente de valor, algo sin un fin o sencillamente una falacia.

Usualmente cuando hablamos de conceptos filosóficos nos damos cuenta que éstos están íntimamente apegados a la razón, o el que podrían ser para con un pensamiento completamente racional, es por ello que diversos filósofos categorizan a lo absurdo como algo que no debería siquiera existir por ser incompatible a la razón misma.

Sin basarme totalmente en la lógica formal, debo decir que un absurdo puede ser interpretado de distintas maneras según se nos sea presentado, como por ejemplo lo sería algo que simplemente no encaja dentro de un sistema de creencias en específico, ¿Pero, por no encajar dentro de dicho sistema lo vuelve completamente un absurdo?

Recordemos que a lo largo de la historia de la humanidad han surgido cuestionamientos al Status Quo de las sociedades, los cuales de inicio fueron pensados como viles absurdos, pero que tiempo después abonaron el camino para que en los años siguientes estos cuestionamientos provocaran cambios enteros de paradigmas.

Aristóteles hablaba de un razonamiento por absurdo o de una reducción al absurdo, esto es, un razonamiento que adopta como hipótesis la proposición opuesta a la conclusión que se quiere demostrar y hace ver que de tales hipótesis resulta una proposición contradictoria con la hipótesis misma (An. Pr., II, 11-14, 61 a ss.).

Un ejemplo claro de un absurdo es cierto tipo de humor, una broma, un chiste que no tiene como finalidad ser una verdad o un argumento, simplemente la naturaleza del humor, de un chiste nace de algo sencillamente irracional, algo que esta fuera de la regla o incluso deriva en una transgresión a la moral, es por ello que una broma o un planteamiento humorístico tiene un origen netamente absurdo, por eso nos llega a causar gracia el hecho que se nos quiera presentar un absurdo como algo veraz o que pretende estar bien estructurado.

Recuerdo cierta fabula un tanto absurda sobre Diógenes de Sinope, el cual mientras paseaba por Atenas mirando al cielo y sumido en sus pensamientos filosóficos, cayó en un pozo, por lo que una mujer le dijo de manera burlona que debería de pasar menos tiempo con la mente enfocada en su camino y no en pensamientos abstractos. Esto es un absurdo ya que se supondría que alguien inteligente no cometería un acto irracional como lo es, en este caso, dejar de ver el camino por el que se está transitando, siendo esto un acto fuera de la razón.

Emmanuel Kant Lo justificó en las ciencias porque en ellas es imposible el modus ponens de concluir la verdad de un conocimiento de las verdades de sus consecuencias; en efecto, sería necesario conocer todas las consecuencias posibles, lo que es imposible. Pero si de una proposición puede ser obtenida incluso una sola consecuencia falsa, la proposición es falsa. Por lo tanto, el modus tollens de los silogismos concluye al mismo tiempo con rigor y con facilidad. Pero este modo de razonar sólo carece de peligro en las ciencias en las cuales no se puede cambiar lo objetivo por lo subjetivo; es válido, por lo tanto, en las ciencias de la naturaleza. En cambio, en la filosofía, tal trueque es imposible; es decir, puede ocurrir que sea subjetivamente imposible lo que no es objetivamente imposible. Y, por lo tanto, el razonamiento apagógico no lleva a conclusiones legítimas (Crit. R. Pura, Disciplina de la razón pura, IV).

Es así que quizá el absurdo podría ser sinónimo de irracional, o también inconveniente, fuera de lugar, imposible. etc.

Pero el problema con lo absurdo es que muchas veces la vida misma se define en pocos periodos donde la razón es la que da directriz a la realidad, el absurdo muchas veces toma las riendas de nuestras vidas e incluso nos define verdaderamente como seres completamente absurdos.

El absurdísimo cruel, burdo y sin forma fue la materia prima para escritores como Franz Kafka o Albert Camus escribieran obras de matices sublimes, ya que evocando el caso de La Metamorfosis o El Extranjero, ambos casos exponen protagonistas absurdos que se enfocan más en cuestiones irracionales que en la razón misma, así que los invito pues, a analizar a la vida misma tras la óptica de lo que es El absurdo.