Palabras olvidadas

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Un joven de menos de treinta años baja unas escaleras de madera oscura. Camina por un corto pasillo y llega a un estudio abandonado. Se sienta en una desgasta silla y camina hacia un escritorio.

 

En su mente recuerda a una persona de su pasado con quien recientemente se reencontró. Piensa en su no lejana ruptura amorosa, ya han pasado meses y está decidido a escribir una nueva historia.

 

El corazón siente y sabe lo que quiere. Dentro de su cabeza reinicia la imagen de su futura amada. Es una mujer hermosa, destaca su piel morena, su lunar cerca del cuello, sus ojos marrones y su radiante sonrisa. El tiempo que puede pasar con ella es corto y por ello debe escribir las palabras correctas para estar a su lado, rompiendo los estereotipos y estigmas de la sociedad.

 

Toma una pluma y una hoja de papel de uno de los cajones. De la hoja sacude el polvo que se acumuló desde hace más de cinco años. La pluma la limpia en su playera, importándole poco que sea blanca. Su mano izquierda se apodera del objeto como si fuera una extensión. Las palabras comienzan su corta o larga vida en el papel:

 

“La pluma fluye, fluye cuando le hablo de ti. De tu belleza, tus encantos, tus acciones y admiraciones que siento hacía ti. Segunda cita, se dice fácil. En mi pasado pocas veces ha sucedido, debe ser un indicio hacia un buen camino. Es la creencia más fuerte que tengo actualmente.

 

Decimos de momentos, decimos de emociones, pero ¿verdaderamente podemos sentir? Suponemos cosas, planeamos y posponemos. El tiempo nos devora y no nos damos cuenta.

 

El corazón del humano casi nunca habla, cuando debería gritar. Deberíamos expresar y decir lo que sentimos cuando las palabras nos limitan. Deberíamos dejar de recordar y empezar a vivir.

 

Despertamos y en pocas horas dormimos, así cada día. Todo se vuelve rutina. Vivimos el futuro, recordamos el pasado y desterramos el presente. No debería ser así. La sociedad me juzgará, al igual que posiblemente tú lo hagas. Pero mi corazón quiere una y mil citas a tu lado. Quiere un momento eterno en esta cotidianidad que llamamos vida.

 

Si mi ingenio y mis palabras son suficientes te tendré aquí a mi lado.”

 

Alguien toca a su puerta. Con tranquilidad camina hacia el portón. A distancia, a través de los cristales logra distinguir una fina silueta. Corre lo más rápido que puede. Es ella. Es más hermosa de lo que su mente nos mostró. Antes de poderle decir algo sobre su escrito, ella lo besa sorpresivamente.

 

El escrito se olvida, pero ambos jóvenes viven la descripción dentro de ella.