PARA FLORECER EN 2023

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Si algo aprendimos durante los días de guardar a causa de la pandemia de COVID-19, fue darle valor a la mirada más amplia y profunda sobre uno mismo. El ejercicio de introspección se puso de moda a partir de la segunda década del siglo XXI.

Partamos de un estudio que arrojó, que antes de la  pandemia, los mexicanos teníamos una esperanza de vida de 75 años, hoy la esperanza de vida es de 71 años igual a la que se tuvo en 1991, México tiene ya un franco retroceso de 30 años en materia de salud, el sistema de danés nunca llegó a nuestro país.

Estoy convencido que la mayoría de los mexicanos buscamos el camino que nos lleve al máximo común denominador y no al mínimo común denominador, por eso, si le cortamos la vuelta a la reflexión personal, a la creatividad, a la curiosidad, vamos a ser peores y seremos el caldo de cultivo para los populistas. No soslayemos el hecho de que el plan del Frankestein Macuspano es continuar con el gobierno de los peores, lo que en términos políticos se denomina kakistocracia.

Antonio Gramsci afirmaba que el viejo mundo se muere. El nuevo tarda en nacer. Y es en ese claroscuro cuando surgen los monstruos. Y justo es la etapa postraumática que estamos viviendo, son tiempos de polarización, de incertidumbre, de políticos carentes de empatía y sentido común que lo único que buscan es el despeñadero de la sociedad mediante la manipulación enmascarada en ideologías rancias y dañinas. Las ideologías son pan para hoy y hambre para mañana.

No son momentos para dormirnos en nuestros laureles, como reza el refrán: Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente. Mejor aprovechemos para despertar a la belleza del mundo que nos rodea, la alegría que surge cuando desechamos todos los elementos negativos que nos causan confusión y agitación en nuestra mente, y abrirle la puerta a la serenidad.

A medida que envejecemos la vida nos invita a un viaje interior, para enfrentarnos cara a cara con nuestros defectos, fracasos, prejuicios y todos los factores que generan pensamientos de infelicidad. Crece nuestra curiosidad de explorar lo que hace que la vida valga la pena y encontrar las condiciones que nos lleven a una vida digna de ser vivida. Hacemos un alto en el camino.

También cobra relevancia en un mundo postpandemia, revisar periódicamente nuestro sistema inmunitario, especialmente quienes nos encontramos en el segmento de los adultos mayores debido a la correlación que hay entre la serenidad, el optimismo y nuestra capacidad inmunitaria.

Los expertos sugieren trabajar para alcanzar un estado interior de serenidad, donde no siempre hay emociones positivas o experiencias placenteras, sino una alegría más profunda que proviene de la comprensión que nos coloca en un lugar privilegiado desde el cual alcanzamos un panorama integral y a distancia conveniente para evitar sesgos emocionales, de nuestro propósito en la vida.

La Universidad de Harvard, una de las tres más prestigiadas del mundo, dedica uno de sus principales programas al desarrollo del concepto de florecimiento humano, cuya investigación coordinada por el doctor Matthew T. Lee, define el concepto así: Como un viaje, que implica tanto a la persona como a su contexto, a la comunidad a la que pertenece y al entorno natural. Científicos de Harvard encargados del programa, refieren que podemos trabajar en nuestro florecimiento humano en, al menos cinco dimensiones diferentes y en cuatro grandes áreas de nuestra vida.

El quinteto de las dimensiones comprende: felicidad y satisfacción de la vida, salud mental y física, sentido y propósito, carácter y virtud, y estrechas relaciones sociales.

Dependiendo de cada momento, cada dimensión gana o pierde relevancia. En enero de 2020 y posteriormente en junio del mismo año, en pleno impacto de la pandemia, se observó que casi todas las dimensiones descendieron, excepto la del carácter y virtud, en la medida en que las personas intentaron ayudar a sus seres queridos y fortalecieron su resiliencia.

Es fundamental atender el cuadrante que a manera de brújula, nos orienta sobre el camino a seguir en los cuatro puntos cardinales: la familia, el trabajo, la educación y la comunidad religiosa o espiritual. Entender que el objetivo de nuestra vida no es la felicidad, sino alcanzar un estado de florecimiento o de prosperidad interior, nos libera de la búsqueda obsesionada de la felicidad y del placer y nos evita ciertos falsos atajos. La travesía dura toda la vida, pero es recomendable fijar bien el rumbo para no confundirnos durante el camino.

Aquí recuerdo como inicia Constantinos Kavafis su soberbio poema titulado Itaca: .Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias.

 

 Y ya para finalizar, les recomiendo googlear el Diplomado Liderazgo desde la Felicidad, basado en el modelo de Tal Ben Shahar en donde se trabaja contemplando cinco elementos para tener un bienestar integral. Prácticas y herramientas para cultivar la parte espiritual, física, intelectual, relacional y emocional. Darse el permiso de ser humano y desarrollar el máximo potencial.