Pedro Ascencio de Alquisiras

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Hacerle justicia al guerrillero del sur en tiempos de la lucha por la Independencia es volver los ojos a su sufrimiento y su gloria. Cuentan Martha Baranda y Elia García Verástegui: Valientes, cautos e ingeniosos, Vicente Guerrero y Pedro Ascencio obtuvieron triunfos sobre los realistas, aunque también otras tantas derrotas; pero lo importante de su actividad guerrillera fue que conservaron viva la causa de la independencia hasta su consumación. Once años de sufrimientos, de la destrucción de recursos materiales, naturales y humanos por conseguir la victoria definitiva no fue asunto menor en un país inmenso que a mitad de ese siglo perdería más de la mitad de su territorio a manos y armas de lo democracia americana.

 

Al buscar textos sobre el guerrillero del sur, encuentro el titulado Pedro Ascencio de Alquisiras cuya tarea de investigación y recopilación de escritos históricos dedicados al personaje, con palabras introductorias de Alfonso Sánchez Arteche, y la valiosa recopilación del material, hecha por el editor de larga trayectoria nacional Héctor Sumano Magadán: material invaluable sobre el personaje publicado  por el Gobierno del Estado de México en 1992 en coedición con el H. Ayuntamiento de Tejupilco. En el mismo leo las palabras escritas por Carlos María de Bustamante Carta Quinta / En estos mismos días apareció en el sur un genio de la guerra y un hombre extraordinario, a quien por tal claman sus mismas proezas militares: tal fue Pedro Ascencio (alias Alquisiras, apellido que él mismo se había puesto) indio originario del pueblo de Aquitlalpan, cerca de Teleolapan, bastantemente instruido en el idioma castellano.

 

Hombre que reúne las cualidades de un libertario de su pueblo: indio, moreno, conocedor de la pobreza y las injusticias que contra su raza prodigaban una y otra vez los gachupines. La entrada en favor de la guerra de independencia era necesaria, pues de otra forma no se podía vivir. El recuerdo del héroe en el sur del Estado es tarea que los lugareños deben tener por principal tarea. Sobre todo, cuando se escribe de la historia y la crónica como espacio donde se guardan las mejores tradiciones que hacen moderno a un pueblo, una familia y a un individuo. Carlos María de Bustamante dice: Había tomado las primeras nociones militares bajo la dirección de don José María Rayón, que puso a sus órdenes cincuenta hombres, y después al lado del guerrillero Vargas, de cuya compañía se separó por los infortunios generales de aquella época, y sosteniéndose por sí solo, arribó al curato de Tlatlaya: mas no pudiéndose hacer superior a la desgracia común que afligía a todos los combatientes americanos en el penúltimo año de la guerra, se ocultó solo en una de sus barrancas. Quienes conocemos las tierras que por momentos son vergel, pero para aquellos años agrestes por las persecuciones que los realistas realizaban contra todo actor insurgente. Recordemos las vicisitudes que doña Leona Vicario vivió huyendo de la persecución junto a su esposo don Andrés Quintana Roo, el pensar la vida de Pedro Ascencio es entrar al mundo de la leyenda.

 

Parece una leyenda de la mitología su crecimiento e importancia, dice Bustamante Hallóse entonces casualmente tirados en ellas siete fusiles que agregó al que traía, y con ellos armó otros tantos hombres. Comenzó a hostilizar según pudo a los españoles, y al paso que se hacía de sus armas, aumentaba sus soldados; así que, en el espacio de tres meses, llegó a mandar trescientos indios, sobre quienes ejercía un ascendiente poderoso, y de ellos era tan temido, como amado y obedecido. Ser guerrillero en todas las épocas de la historia humana no es, como se podría pensar, la nula presencia de la disciplina y el fervor por el orden de las cosas y los hechos. Destaca en Pedro Ascencio esta capacidad de ser metódico y ordenado. De fijarse un punto de lucha para lograr la victoria, pero también la necesaria actuación de sus correligionarios para no caer en el desorden que ocasiona las derrotas. Por eso no lo atrapaban los realistas que jamás sabían dónde iba a atacar.

 

Conocer el terreno porque éste era de los insurgentes y no de los realistas. Bajo esa premisa es que su lucha de guerrillas se demostraba siempre un paso delante de sus contendientes. Los textos que aparecen en el libro referido son muy concretos en los hechos que forjaron la imagen de un personaje, que nos dice Bustamante: ¿Qué más hiciera un Espartaco o un Viriato, tan mentados en la historia, y que fueron el terror de los romanos? La correspondencia de Iturbide con el (conde de) Venadito por lo común no trata sino de Ascencio, y pudo asegurar que soñaba con él; ambos se conocían y respetaban mutuamente, de modo que la llegada de Iturbide le hizo redoblar su vigilancia…” Cómo es posible que en los textos de historia nacional no recuerden las proezas de Pedro Ascencio de Alquisiras, cuando sus batallas aparecen una y otra vez, llegando a ser Agustín de Iturbide un militar realista al que se le encomendó acabar con él a como diera lugar. Son muchas las batallas contra todo tipo de militares del reino español que buscaron exterminarlo, y ha de ser solamente la tragedia a pocos meses de conseguir la Independencia, misma que se lleva a cabo el 27 de septiembre de 1821. La muerte de Pedro Ascencio, igual que sucede con José Martí, el independentista cubano que no llega a ver en vida la libertad de su amada Cuba. Leo el texto de la batalla donde Pedro Ascencio es muerto en combate, cito a su biógrafo Sergio Schmucler Rosemberg quien cuenta: Los hechos que determinaron la muerte de Pedro Ascencio se desarrollaron de la siguiente manera: Se percató de la posibilidad de atacar las ciudades de Tetecala y Cuernavaca […] El día 2 de junio Ascencio intentó sin lograrlo la ocupación de la ciudad… Poco después del amanecer del día 3, el caudillo logró apoderarse de varias casas contiguas al centro de la Plaza (Tetecala), pero enterado de la llegada de Huber con refuerzos, decidido hacerle frente en el paraje de Milpillas. Allí se desarrolló una feroz lucha cuerpo a cuerpo; en medio del combate, un dependiente de la Hacienda san Gabriel, el español Francisco Aguirre (que había ido en apoyo de Huber), logró asestarle a nuestro biografiado un machetazo por la espalda… Luego que las desmoralizadas tropas del jefe indígena se retiraron derrotadas, los vencedores cortaron la cabeza de Pedro Ascencio y el comandante Huber la mandó a Cuernavaca donde fue exhibida bajo un pequeño cartel: Cabeza de Pedro Ascencio. Se dice otra versión en que fue traicionado al proponerle los realistas que estaban dispuestos a rendirse, y al ir Ascencio con bandera blanca a dicha concertación, fue muerto por las balas de los realistas de manera traidora.

 

La historia pide a sus personajes que tengan a sus historiadores. En la investigación de Héctor Sumano Magadán, enseña que Pedro Ascencio fue héroe de mayor importancia en lucha contra los realistas. El Estado de México no tiene un personaje de su medida en todo su territorio, el propio Vicente Guerrero, quien tuvo acercamientos con Agustín de Iturbide, habiendo sido quien le entregó las primeras armas a Pedro Ascencio. Cuentan sus biógrafos que se incorporó desde 1811 a las luchas en favor de la independencia, Aunque fue desde el año de 1817 donde su figura se vuelve temor por parte de los realistas: señalan sus hechos de guerra las grandes pruebas que él llevó a cabo; sin que se le tenga el recuerdo que bien merece, no sólo en tierra mexiquense sino en el recuerdo de la historia nacional. Carlos María de Bustamante, Francisco Sosa, Alejandro Villaseñor, Alfonso Sánchez García, y el poeta Guillermo Prieto, lo recuerdan con el afecto que viene de la pureza del personaje, por la voluntad de proteger a sus indios, mineros y campesinos.