Pesimismo

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Irremisiblemente malo, así se presenta el pesimismo. Dolor de transcurrir vivo; aunque imperceptible para el grupo social, el individuo que lo presenta, no lo llega a conquistar como filosofema (problema filosófico) y simplemente se le conoce como un sujeto triste.

Sistematizar el pesimismo en la  vida coloca en una posición desfavorable, no se considera una intervención racional para comprender la existencia humana. En el contexto del día a día, lo básico es el entendimiento, por lo que, el sentido del pesimismo constituye una meditación sobre la vida inútil y vana.

Las ideas de El Hombre, El Mundo y Dios han sido atravesadas por el pesimismo en este Siglo, más, después del fenómeno de la Pandemia por Covid-19.  También nuestra creencia y expectativa de lo que pensamos es la condición humana (antropológica y conductual) está determinada por el pesimismo. ¿Quién no ha cantado La vida no vale nada? El enunciado pesimista por excelencia, que al final sólo sugiere y reafirma el valor de la vida, muchas veces dicho por petulancia o incongruencia entre lo deseado y lo obtenido.

Sin embargo, el pesimismo está incorporado a nuestra forma de vivir en los siguientes aspectos: se juzga al pesimista que es contrario a los optimistas, los noticieros desfavorables sólo toman el pesimismo para dictar noticias e informaciones, el pesimismo impide la felicidad del ser humano, es la negación de la realidad y todo aquello que tiene que ver con el mal, pero, el pesimismo se erige como un carácter cósmico y metafísico (el universo es el peor posible) y genera el mayor malestar en personas sensibles a él. Cómo olvidar la herencia de Schopenhauer Toda vida es dolor cuando explica la voluntad enfrentada al deseo, muchos acuden al recurso del humor negro.

La raíz del pesimismo se encuentra en la forma de ser del humano en un contexto antropológico, qué complicado, y hasta José Vasconcelos se atrevió a proponer un Pesimismo alegre para contrarrestar los efectos de lo que el Gran Pesimista Emil Cioran designaba como pérdida o compromiso de vitalidad. En fin, que enfrentar el estar en el mundo como un pesimista adquiere mayor valor, pues no todos poseemos el coraje de vivirlo para contarlo.