Poemas…
Bajo la sombra
a Mirna
Aún tiemblan mis dedos al pensarla, tal vez ya no me espere y su pelo no volverá a ser mi escondite favorito, ni mis cometas surcarán sus espacios.
Fugaz ilusión de generosa lascivia, desbordada al tacto de mis deseos. Melosa e impasible, de respirar pausado y enigmas misteriosos. Su místico andar en alcoba de fuego, despertó adicción, delirios en estampida, demonios indomables de ligeros ojos, subsistiendo en místicas palabras que erizaron mis sudores, bajo la sombra de sus senos.
Volvió una y otra vez, hirviendo y con destellos de pegajosa sonrisa. Mordí su enloquecedora pureza, su agresivo acoso de aposentos. Se ahogaron nuestros huesos, en el juguetear a inventar sabores de la gloria; sumisa gloria, de transparente fuego.
Señora, más mía fue, al volar en recónditos purgatorios, alejados de máscaras prostituidas en impuras memorias. Por eso, vuelve vino; a cuentagotas desliza ferviente las sensaciones de enraizar a la muerte, en los patios cercanos al ombligo que me embrujo, y del cual, mi lengua ha profesado sonrojados martilleos.
Así, no siga usted renegando de nuestro perfume, el que detonamos en segundos, cual azahares que inundaron lechos algodonados, sin cascaras de brebaje amargo.
Bendita castidad la de su cintura, la ceremoniosa fusión de nuestros golpes terrenales, la blusa sutil viniéndose en cristalina marea. Aticemos el fuego hasta fundir al cementerio y sólo dejemos en los pedregosos caminos, montoncitos de polvo, para rasgar los estragos que dejan las nostalgias en los desvelos.
Dedos de amatista
Deseo entender tus misterios de arcilla, la transformación de tu palidez en burbujas palpitantes, la ceguera de tus títeres obsesionados en cristalina corola. No entiendo tu forma de resucitar, tras la mortaja de anzuelos enardecidos. Invoco a mis plegarias trasnochadas, sin rostro, las que se escondieron por siglos en racimos líquidos y no pudieron sangrar más, ni cohabitar detrás del telón desvalido.
Parieron rumores en la humedad de los ancestros, porque son indefensos los murmullos a hurtadillas, el galopar tras los vientos de trigo desgranado. Me sabes loco, anclado a la penumbra inclemente de tus caderas, ahogado en el licor de hechizos provocado por tus labios y su marea de luna petrificada.
Deseo saber cómo me reinventas, cómo desprendes de raíz los miedos. La amargura transformada en ámbar se vuelve plumaje de fragancia, y el nudo desvelado, te bendice en cada oleaje de madrugada. Transparentas tus calcinantes latidos y el intenso respirar de cometas, prolonga los bálsamos taciturnos, apolillados, sin destino, confundidos en su despertar de pesadilla.
He clamado en mis delirios; cinco minutos sin tu carne, sin ataduras en moradas cristalinas, sin presencia de pensamientos demenciales gastando mis lamentos. Eres nocturna en esencia, acorazada jacaranda que desgaja filamentos desobedientes; de internas enredaderas, de vértigo y humo deslavado en las cloacas temblorosas de las horas que me abrazan.
Moriré cuando me despojen de tus siniestros, de tus andanzas sofocadas, de tus charlas intensas con las nubes, del caos desvelado por tus presagios. Lentamente interrogo a tus dedos de amatista, a las goteras que se forman en tu frente, a lo incierto de tus movimientos al encontrarnos al filo de una almohada, a la piel plasmada en mi piel.
¿Me permites seguir develando tus misterios?
