POLÍTICA Y PERIODISMO

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Manuel Buendía Tellezgirón, nacido en Zitácuaro, Michoacán, el 24 de mayo de 1926 es un ícono del periodismo mexicano. Su recuerdo se encuentra en la Fundación que fuera creada con la participación de Francisco Martínez de la Vega, como presidente. Su muerte fue un motivo de tal gravedad que ocasionó conmoción en Iberoamérica y Europa derivado de la personalidad de quien representaba en aquellos años de la década de los ochenta la mayor oposición a los sucesos que hacían mal al país. Su fallecimiento por asesinato sucedió el 30 de mayo de 1984, es decir, dejó la vida a los 58 años, cuando a esa edad el escritor está en plena madurez por lo cual se debe esperar muchos frutos todavía en su vocación. Y en el caso del periodista Manuel Buendía, como se le conocía, era de esperar muchos resultados en temas que tenían que ver con el Estado y los grupos de presión, o en un tema que parecería no adecuado a sus investigaciones, es decir por la presencia de la Central de Inteligencia Americana (CIA) como la conocíamos. 

Precisamente en mi escritorio tengo dos libros que atienden el tema del espionaje en nuestro país. El libro se titula Manuel Buendía / la CIA en México, publicado por Océano en el año de 1984, es decir, en el año en que fue asesinado. La solapa de la portada dice: Parece no haber dudas entre los analistas de que una parte de la garra de la CIA reposa precisamente en México. Aunque no existen datos precisos al respecto, la paciente labor de numerosos investigadores —muchos de ellos iniciados en su trabajo a raíz del despertar que trajo consigo el terrible episodio de Vietnam— permite componer un cuadro aproximado de las actividades de la CIA, una de las dos más poderosas y mejor organizadas instituciones de espionaje, la otra sería la KGB. En este año del 2021 parece un tema que viene de ultratumba, pues estamos revisando lo que sucedía hace 36 años. Y hoy, los temas tienen que ver con la delincuencia organizada, con la salud por la pandemia del Covit-19, con la corrupción y la honestidad de los funcionarios de todos los niveles de gobierno en el país. De esos temas, sobre todo de la delincuencia y el comportamiento de los funcionarios fueron temas que vislumbraba el periodista por excelencia que fue el venido de Zitácuaro, Michoacán. Las generaciones se juntan de alguna manera, es recordable también, que de Michoacán vino ese caricaturista que revolucionó la caricatura mexicana: Eduardo del Río Rius, el cual con su presencia permitió atender muchos temas de nuestra historia, del comportamiento político a nivel municipal y comunal. 

Los dos, periodistas de varias maneras son parte de nuestra mejor historia de la prensa en México. En el libro aparecen preguntas que le hacen al periodista, el cual responde, por ejemplo, a través de una interesante reflexión que va haciendo Elenita Poniatowska para decir quién es y qué cosa piensa el periodista más admirado, por sus reportajes e investigaciones en nuestra patria, dice la periodista: Buen día Manuel / ¿Cómo se hace la opinión pública? Los políticos pueden emitir juicios, divulgar sus propias creencias, postular en mítines a lo largo de sus campañas la bondad de su persona y de su partido, pero es sólo la publicación diaria de hechos diversos lo que forma a la opinión pública. Esta verdad es la que ocasiona a lo largo de los siglos la importancia del periodista o creador en cierto sentido de la opinión pública. Los periodistas más genuinos niegan que esta profesión deba dirigir o manipular la opinión de sus lectores. Su obligación es la de poner en el tapete de la realidad los hechos y sucesos que aparecen día a día. Y es cierto, pero también es cierto que un buen periodista, que no está a la venta, tiene el deber de poner los hechos ante el lector y la ciudadanía en general, y a la vez, por su comportamiento ético convertirse en un referente.

Los datos sobre Manuel Buendía dicen: Su columna Red Privada publicada en el diario Excélsior de la Ciudad de México, era reproducida por alrededor de 60 periódicos mexicanos. Con ello fue el periodista de mayor influencia en el panorama de prensa escrita en México, en la segunda mitad del siglo XX. Los principales temas que Buendía abordó en la columna fueron la presencia de la CIA en México, la ultraderecha, el narcotráfico y la corrupción gubernamental. Como podemos ver, estaba a tiro de piedra de todos aquellos que han echado a perder el país desde las más remotas épocas de nuestra historia. Sus siguientes palabras dice: Es este bombardeo cotidiano el que transforma al lector en opinión pública. Claro que también el sentir del pueblo reflejado en las pintas, en los chistes, en los grafitti, en la escritura bárbara, en las mantas frente a las manifestaciones, en los muros, en las pulquerías y cantinas son parte de la opinión pública. Pero lo tradicional es la prensa escrita. Sus palabras comprueban su fe por el trabajo del periodista. Ese trabajo que mantiene a países por el rumbo de la democracia y la diversidad. Ese trabajo que un solo periodista que cuenta con principios éticos y morales acendrados puede ser la sola voz y conciencia de una comunidad o un país, o de la humanidad, pues hay muchos ejemplos de tales hombres y mujeres a lo largo de los últimos 3 siglos. 

Leo: A lo largo de 30 años, Buendía es un impartidor de noticia. Las produce, las analiza y comparte, por lo tanto, el peso de las decisiones nacionales. Es imposible que no se sienta comprometido con el desarrollo de su país, sobre todo el político. La mejor historia de los periodistas en México, tienen que ver con los sucesos de nuestra historia política. Y los mejores periodistas han sido actores principales en la democracia de nuestra patria. No al contrario, como se llega a creer por parte de los autoritarios gobernantes o los dictadores, a quienes hace sufrir las voluntades que herejes, se atreven a negarlos o a señalarles sus errores. 

En el libro expresa Buendía: Nuestra CIA de cada día / Hasta el señor Nixon —desde el fondo de su Watergate— habla de operaciones clandestinas de la CIA en México. No es noticia, desde luego; pero sí muy interesante que el propio presidente de los Estados Unidos nos recuerde en estos momentos que la CIA forma parte inevitable de nuestro folclore nacional. De tanto hablar de esta peluda garra del imperialismo se nos había desgastado el lenguaje y, peor aún, se nos comenzaba a borrar la idea. Su columna de Red Privada era leída día a día con total atención, y nos enseñó a ver lejos, no sólo al interior del país o de la comunidad donde vivíamos. Sus temas, como excelente o vital periodista que era, nos lleva a comprender lo que esta vocación era y es para México: valladar contra imperios y dictaduras de todo tipo. En muchos sentidos su interés en lo que señala Poniatowska son los temas nuestros de cada día. Nuestros dolores de cabeza. Dice la periodista: Dentro de uno de los grandes diarios (230 mil ejemplares) destaca la presencia de Manuel Buendía, aunque personalmente hubiera preferido leerlo en el Excélsior que dirigía Julio Scherer. ¿En dónde radica el valor de Buendía? En su buena información, su buena prosa, su capacidad de denuncia, su falta de miedo y su archivo. Buendía recuerda, coteja, comprueba. En un país como el nuestro de memoria de convenenciera, Buendía se instituye en nuestra memoria porque él es así, se ha puesto a consignar todo lo que nosotros olvidamos o confundimos en un infame batidillo. Desde hace 30 años tiene registrados los eventos de la política mexicana; nada se le ha escapado; los acontecimientos están rigurosamente consignados en uno de los archivos más pulcros y completos que puedan imaginarse. […] Todo esto viene a cuento porque Manuel Buendía es un observador tan cuidadoso de su tiempo como Lippman lo fue del suyo (guardadas las diferencias entre los dos países). En varias ocasiones he captado su mirada severa y pausada y al correr de los años, siento que Buendía se acerca cada vez más a esa ecuanimidad que en el caso de los servidores públicos es sinónimo de grandeza. Buendía se concibe así mismo, dentro de su campo, como un servidor público. De allí la espiritualidad de su actitud”.