Por esas cosas tan absurdas de la vida

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En 1958, en el Distrito Federal, EN LA NOCTURNIDAD todo era de alucine: cabarets, los cines, las cantinas que no cerraban, el teatro Margo con su marquesina repleta de estrellas, la lucha libre y las imprescindibles peleas de box de los sábados. En el negro espejo de los zapatos de charol reflejábanse coloridos puntitos de luz.

La tele en glorioso blanco y negro comenzaba y no había para donde voltear en San Juan de Letrán porque te encontrabas con una novedad. una esplendorosa Hetaira noctámbula con pegado vestido o un vendedor de biblias para salvar tu alma pecadora.

Y más que nada el D.F. contaba con su barrio de Tepito, magia misterio y ratería en donde vivían dos glorias boxísticas: Raúl El Ratón Macías y José Huitlacoche Medel, pero en la calle, en el desmadre el rey de la broza era José El Toluco López que noqueaba, hacia fiesta y volvía a noquiar.

Sucede que El Ratón en una Arena México de bote en bote le ganó al negrito Nate Brooks y se convirtió en campeón gallo de Norteamérica, pero luego al pelear en Los Angeles Californianos fue noqueado y fracturado de la mandíbula por Billy Peacock.

Luego Raúl Macías disputara el título mundial gallo siendo derrotado por Alfonse Halimi en tanto El Toluco fue a Los Ángeles a desmadejar y medio dejar loco a Billy Peacock.

Sucede que había un promotor griego americano llamado George Parnassus quien llevando a peleadores mexicanos a Los Ángeles los llenaba de dólares y él se llenaba también de billetes verdes.

Parnassus llegó ex profeso a México para contratar al El Toluco López que era un bruto en diamante, pues no tenía administración. En Naucalpan, estado de México había un hermoso coso taurino llamado El Toreo y como el toluqueño jalaba gente lo hicieron arena de box y le trajeron al campeón de Europa el francés Eugene Lacozanet. En la semifinal peleaba el tlaxcalteca Mauro Vázquez que era tan galán que le pusieron el Tony Curtis del boxeo.

La arena estaba a reventar y Parnassus, vio y notó que al subir Mauro cientos de damas le lanzaban besos.

Llego El Toluco, se cambió y mientras Mauro Vázquez noqueaba, el promotor griego ya había pensado en contratarlo.

En el ring, El Toluco se quitó el zarape y el muertero, porrista de todo lo toluqueño organizó un enorme orfeón.

El francés Lacozanet se portó valiente hasta que su blanca epidermis se enrojeció sintiendo los guadañazos del ídolo matlatzinca y no duró mucho en el ring al ser noqueado por el toluquito.

Parnassus vio el momento de abordar a Mauro Vázquez y luego pasarse a firmar al toluco López quien tardaba en bajar, pues se empeñaron en bajarlo en hombros.

Parnassus se arregló con los representantes de Mauro y al salir de la puerta de toriles habilitada de vestidor ya no estaba el de Toluca, pues fue llevado por su flota a celebrar la esplendorosa victoria.

No estuvo nadie para representar al toluco y el gringo norteamericano se regresó con el contrato de Mauro Vázquez quien fue una bomba tan estruendosa que cada vez que peleaba en el Olimpic Auditorium de Los Angeles, California, no cabía la gente.

Lo que poco se supo es que al otro día y en plena cruda mientras se aventaba un curado de piñón le dijeron al toluco que lo había ido a buscar Parnassus en persona y sólo se limitó a decir: 

– Ah!  ¿si? Pues ya que… Sírvame otra catrina.

Fueron 10 peleas seguidas las que ganó Vázquez y una dolarisa la que se llevó. Tan chingón era que se dio el lujo de rechazar una pelea contra el campeón Brown quien, y según quería ganar lo mismo que el Tony Curtis de Tlaxcala.

La vida está llena de cosas injustas: en una pelea molera José El toluco López después de ganarle a un tal Kit Soriano en su pelea 122, se retiró y se perdió en el anonimato del vicio, muriendo a los 40 años de edad.

Raúl El Ratón Macías, hasta el estelar de una película tuvo y cuando murió a edad provecta el presidente Felipe Calderón le hizo un público homenaje con sentidas palabras que salieron en todos los diarios.

¿Y Mauro Vázquez? Se retiró con el rostro de galán limpio. Y supo administrarse. Peleó desde septiembre a 1957 y se retiró en 1965. Invirtió en el negocio de mueblerías y se hizo millonario y hasta fue presidente municipal de su pueblo, San Martin Xaltopan. Pero también la de malas se le vino y manejando su elegante último modelo chocó en la carretera México-Puebla, Falleciendo a los 35 años de edad.

Y todo por esas cosas tan absurdas de la vida, como dice la canción Que seas feliz de Consuelito Velázquez.