Prosas poéticas…
Zona de silencio
Bajaré a tu zona de silencio, de tinieblas, de indescriptibles temblores; donde se doma a las bestias; habita el insomnio y los amantes juegan a sembrar falsos peregrinos. Bajaré tímido por la esquina de la nada, sobre adoquines necios y paredes sonrojadas. Sorprendamos a la ciudad que amaneció adormilada y con el cuerpo vapuleado, naceremos de nuevo con labios exprimidos, en este aire corrompido por deseos.
Gime contaminado las liturgias y los cirios color violeta. Las fragancias de sonámbulo amordazado invocan a tus mantras de lágrimas nerviosas, de ronroneantes saetas. Arrastra oraciones de insípidos disfraces y bugambilias de divinos aguaceros. Desanda en falsa piel, los latidos de mariposa sonámbula, amordazada, de fogosidad tímida, y músculos de intima dulzura, con agazapados susurros que convocan al eterno y espumoso tejido de luminosa y ancestral imagen venerable.
¿Serán las tinieblas de hermosa malherida quienes derrumbarán melodías de arbustos para apaciguar tu sed?
La hoguera es indescriptible, cuando los trigales sueñan relámpagos, y un beso es eterno mancillar.
Nuestro oficio de prestamistas de gemidos, desfigura el sentido de luciérnagas, por lo que nuestra lengua de nuez, sepulta en la inmensidad de los gritos, la catedral de las inertes piedras de copal y la sitiada eternidad amortajada con imágenes y mutilantes colores.
Ignora las hendiduras del mar que en demencial sobresalto escapa a las mordidas del mítico infinito, compañero de ruinas y desdentadas horas mansas, en las cuales se fermenta el mutilado y amargo aroma de la noche, cuando sumisos encuentran infinita necesidad de llegar a nuestros ojos ciegos y sin accesos a la eternidad.
Amor, arrastrar la frágil voz del saxofón al pasar la llovizna, camina por el intangible y sombrío conjuro de humedad, que mueran los insectos amalgamados a las raíces del doloroso despertar.
De nuevo se mueven las manecillas del fatigado reloj, se aniquilan los pétalos ahora convertidos en espinas y se confunden con ruinas en la humedad que pasta impune en las lúcidas bragas sin fuerza, ni vocación, al pasar la hora del café, sin el ofensivo vértigo de un te amo.
Caudalosas mariposas
…y al final del día fascinado con luz de tu certeza, volvemos al oasis de flores con labios mordelones, a descubrir las velas que soplaron en el jardín de habitaciones levitantes. Aclaramos nuestros ojos, ensayamos caminar y acampar a mitad de tus pómulos, destapando el fascinante baile de fluidos disparados a mitad de la cita con la muerte.
Sin saberlo y perdonando los sentidos, nosotros habíamos evolucionado al frotar las nalgas del suspenso, en la época de caudalosas mariposas. Diluimos el deterioro de nuestros parajes, respiramos caminos sin intermediarios inasibles, redecoramos con imágenes tangibles que no saben de poros, de horas sonrojadas, de maletas con besos sucios.
…somos coincidentes, al movernos entre restos de cielo y grandes tajos de infierno, hundidos en el testimonio de agitadas horas, del vigor sonrojado en el interior de tus bellos cantos. Recientemente, plantamos miedo a la exigencia de insistir en filtrar la afirmación, del expirar en las mordidas provocadas por tus caderas.
Es urgente alimentar los saltos sobre tus sitios obscuros. Independientemente de los momentos mojados, de retener cada fracción de gemido interminable, de acuerdo al viaje registrado en débiles cortinas, donde desciendo para salvar nuestro tiempo de vasos prendidos, donde se deslumbra el pensar de la realidad, del humo que esconde imágenes de locuras impensables, del espacio manejable, que sigue lastimando el descuido de extraer el mechón del proyectil, que iluminará la noche de la eternidad.
