Prosas poéticas…
Mi despertar
Mi cuerpo está tendido bajo la lluvia, respirando extrañas paranoias, confundido en agujeros del infierno y flamas de veladoras multicolores, en medio de una crisis falsa, de un ramaje cansado que intenta olvidar tu nombre en medio de un amargo despertar.
Te cubría desde las fotografías de labios rojos, desde los asilos de besos desparpajados, intocables, heridos, indefensos guardianes de chocolates en flor. Sé que te hicieron sequia las brisas de medio día; al abrazarte, bajo miserias de cariño y menús de embriagadas seducciones.
Te sé, nostálgica, viajera, recorriendo hombros de unos labios. Mírame en la esencia de tus lamentos. Siente los diablos renunciando a tu sangre. Pinta con humo el horizonte de tus dedos, siente mi nombre de anciano gris cabalgando ahora a menor velocidad.
Mis horas, han visto tus saltos atragantándose en los archivos nostálgicos de la regadera, escondiendo el hambre bajo el sur de tu lengua, donde ya no florecen animales, ni lucen los niños aquellos sombreros especiales de otoño.
Se ha formado un charco enorme, ya no se mueven mis brazos, ni veo las horas atragantándose junto a mí. Al ocultarte, me nacieron alas, volví donde la mariposa inicio el vuelo, decidí resplandecer amable, haciendo a un lado las franelas que me cubrían con tus manos; desperté con luz.
Lenguaje sin sentido
Tan sólo una noche, amando llamaradas en tu lengua; y mi respirar se graduó en tu vergel, armando una historia de atracción. Querida, flota en las callecitas de la sobrevivencia, arma los rompecabezas de la memoria, de la conciencia en su religiosidad.
Todo es ilusión, mentiras suplantando globos de camaleón sin identidad, eucaliptos impostores con rostros vergonzosos en inconclusa cárcel de cristales rotos. Tú seduces en la neblina, a media luz, a mediodía ocultando la sal del maíz en las avispas del invierno.
Así, cumples tu promesa de aprisionar la hiedra y su ruido de sombras silenciosas, en las que vendrás con tu esplendor de niña de ojos azules. Sentados a la orilla de la cama, cegados por la recompensa del manantial bailarín, viajamos en luces espolvoreadas, traspasamos papel y polvo, en la narración de tu inesperada y turbulenta visión, en el momento de sobrevivir con propuestas malignas; respiramos abismos en defensa de una narración salitrosa, colmada de ceniza y desiertos ilusorios.
El lugar perfecto para que te desplaces, sobre el mástil con aliento de peligro al hacer olas en los aullidos, listo para disfrutar nuestros pecados con religiosidad, nuestros signos de inagotable vuelo; para deglutir fortuna en las noches de los dilemas con olor a cerveza y despojos, se estiran las gotas de tequila, en el ilícito insomnio del idiota lenguaje sin sentido.
Sudemos alrededor del helado, al ritmo de mudanzas de ciego, de imágenes vaporizando esferas de aire, en el papel decadente donde desharemos nudos de escritura apasionada, y aprobaremos chispas de agua en los diarios excitados en la libertad de códigos, que no perdonan rupturas atrás del desierto, de donde emergerán inesperados juramentos de odio extranjero, que engaña esperanzas y salta entre sueños de viento cansado, y estirpes de olores en devoción de valientes, dónde se esculpe en maderas el caer de las hojas, que inquietan a la desaparición de la belleza al final de la máscara seductora, distante, tranquila, entablando miedos.
¿Dónde vendrán instantes de progresivo escupir, en las paredes donde somos esperma escurriendo entre los adornos de una hora mal distribuida?

