Pupilas africanas

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Una mirada dice más allá de mil palabras. Cuando dos seres humanos se encuentran frente a frente suceden un sin fin de sentimientos y emociones. Sin querer te encuentras con historias pasadas, con una vida llena de experiencias, importando poco la edad y el sexo.

 

Encontrar profundidad en la mirada de una persona no es algo que suceda normalmente, mucho menos en este tiempo donde nadie se detiene a degustar la gran experiencia que es vivir día a día.

 

Basta de introducciones, nos trasportamos a una situación cotidiana. Dos jóvenes corren por una ciudad de subidas y bajadas, donde las calles algunas veces no tienen lógica de proporción. Ambos han olvidado un rato la rutina de ejercicios, su condición no es buena. Pronto encuentran un taxi que los lleva a su destino y evitan la fatiga.

 

Correr y tomar un taxi juntos plantea una historia previa donde nuestros sujetos se conocen, pero las apariencias engañan. Apenas tienen tres días hablando y compartiendo sus experiencias de vida, apenas y se reconocen dentro del gran grupo con el que conviven.

 

Retomemos la historia, después de algunos paradas llegan a su destino final. Suben escaleras y toman asiento en dos sillas. Aquí la plática se vuelve intima, intercambian datos. Sus miradas a pesar de que ambos usan anteojos se encuentran varias veces.

 

–Te veo cumpliendo tus sueños. – menciona él.

 

Sus iris marrones se vuelven blanco, poco a poco destacan los colores de la sabana. Verde y amarillo se fusionan, junto con diversas tonalidades de café. Parece que la conversación de ambos nos ha llevado al continente donde se encuentran nuestros orígenes como especie.

 

Es difícil saber la hora precisa en que sucede esta historia imaginaria. Allí está ella, vestida con la ropa adecuada, repartiendo comida y bebida a todo ser humano que se encuentra, como paga sólo pide una sonrisa. Conviviendo con la naturaleza, observando cada especie.

 

El tiempo pasa, apuesto que estamos a nada de ver la puesta de sol más hermosa. El cielo tiene tonos anaranjados y muy poco azul, el contraste entre los amarillentos y marrones tonos es perfecto, indescriptible. El momento que ella nos hace observar es sublime y a lo lejos en esa puesta de sol se ve la sombre de una jirafa.

 

Sus ojos se tornan a su color natural y ella concluye:

 

–Espero que así sea. –