¿Qué llevó a Ortega y Gasset a escribir la rebelión de las masas? II parte

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I.

En el último espacio, a manera de preludio, nos habíamos comprometido con la tarea de presentaruna versión aceptable sobre algunas de las ideas que considero de más valor en La rebelión de las masas. Habíamos dicho que estas virtudes son muchas y que la cantidad de tópicos abiertos en el libro son inabarcables. Pero también que, en una apretada síntesis, podía sostenerse que el espíritu del texto es penetrar en las sombras de los temas de los que se ocupa la sociología más tradicional, apuntalando las dinámicas que subyacen a los fenómenos que estudia. Es en esos aspectos vedados de los fenómenos sociales donde Ortega y Gasset cree que se encuentra su mayor riqueza e interés, y por lo mismo, donde el sociólogo tradicional también debería de poner el ojo para enriquecer su tarea. La que más bien, suele verse empobrecida por relegar los ecos de lo que no se ha podido captar mediante conceptos al ámbito de lo secundario, de lo no es objetivo.

Además, íbamos a presentar los dos criterios que Ortega y Gasset propone para dar fuerza a estaestructura dinámica que subyace a varios de los fenómenos sociales que más influyen sobre nuestra vida, y que él, por medio de distintos escenarios, describe a lo largo de todo el texto: la rebelión de las masas. Este fenómeno no es sólo el nombre del libro, sino la idea nuclear tras todo él. Y a efectos de empezar a entender lo que él supone, creo suficiente concentrarse en lo que llama: El hecho de las aglomeraciones, pues, me parece, es la idea que puede difundir el propósito central del texto de la forma más amable; y además, ayudar a no perder de vista el propósito de este durante el resto de su lectura. Si algo bueno tiene esta narración genial que nos presenta, es que siempre se presta a decirnos algo sobre nosotros mismos o sobre lo que vivimos en nuestra actualidad más inmediata.

Dicho esto, aboquémonos a este primer criterio: las sociedades se comprenden de una mejor manera si centramos nuestra atención en cómo, en su interior, se relacionan individuos que son ‘masa’ o ‘minoría selecta.

II.

A mi juicio, este criterio se entiende mejor si recordamos que, dada la formación neokantiana de Ortega y Gasset, sus intenciones son las de una suerte de criticismo invertido, actitud que veo nítidamente en su ensayo: Las dos ironías, o Sócrates y Don Juan, un lucidísimo texto de 1923 que adelanta gran parte de los ataques actuales a la tiranía y violencia de la razón en la que vive sumergido Occidente desde hace décadas. Allí, se desvincula de la ironía con la que Sócrates trata a quien cree haber comprendido algo, pero que, en realidad no ha visto más que una minucia de lo que son las ideas puras, algo que después se encuentraen Kant como una redirección de nuestras intuiciones hacia los criterios indefectibles según los cuales estructuramos la realidad, para, tras someterlos al frío rigor de la crítica, quedarnos con aquellos de los que se puede estar seguro.

Frente a esta ironía clásica, nos dice que más bien, lo irónico de nuestro tiempo es que los suspicaces que llaman ingenuos a los ingenuos son, quienesson, en el fondo más ingenuos porque nuestro contexto social es infinitamente más complejo que las conceptualizaciones sistemáticas que podamos hacer de ellas, y que más bien, lo que se podría entender como contradicciones no son errores conceptuales sino simplemente los aspectos tácitos de la realidad revelándose, rompiendo las camisas de fuerza que los filósofos les colocan.

En estas contradicciones entre concepto y realidad;sin embargo, no se pretende dar razón a los pensadores de carácter dialéctico, sino advertir que esto es una consecuencia de haber sido seducidos por el embrujo de haber podido comprender todo cuanto pasa en la realidad porque un criterio racionalexplica satisfactoriamente una parte de ella. O, como él mismo lo pone en aquel texto: “La razón es sólo una forma y función de la vida. La cultura es un instrumento biológico y nada más. Situada frente y contra la vida, representa una subversión de la parte contra el todo. (…) La razón pura tiene que ceder su imperio a la razón vital.

Ortega y Gasset piensa desde unas latitudes en las que la sociología tiene gastados sus conceptos a más no poder, y en la que el materialismo dialéctico se ha constituido en un régimen académico dictatorial. Ambos, asuntos que considera urgente poder superar por medio de, más que un giro, una renovación, un cambio de aires del concepto de clase. El cual, como decíamos, cree que se ha limado hasta el cansancio por dicha tradición, a la que se refería como sigue en 1924: Para éste elmaterialismo dialéctico– las variaciones de la organización económica son la verdadera realidad y la causa de todas las demás manifestaciones históricas. Ciencia, Derecho, Religión, Arte constituyen una superestructura que se modela sobre la única estructura originaria, que es la de los medios económicos. Tal doctrina, cien veces convicta de error, no puede interesarme.

Dicho esto, se hace claro por qué advierte que no debemos confundir el propósito de su obra con el de un texto político aun cuando el título pudiera llevarnos a esto. Inteligir lo que nos quiere presentar, nos dice, pasa por no dar a palabras como masa, poderío social, rebelión, una connotación exclusivamente política, porque más allá de la cargapolítica o económica de estos términos sobre nuestras vidas, estas también son, y siempre, intelectuales, morales, económicas, religiosas, estéticas, etc… Esta cuestión persiguió al texto durante sus diez primeros años, es decir, desde 1929 hasta 1940, en los que tuvo que defenderse de muchas malas lecturas en las que se le vio acusado de elitista, de tener una visión burguesa sobre el mundo por su abogar a favor de la aristocracia y por separar a los hombres en términos cualitativo.

A tal punto llegaron estas confusiones, que en 1937, tras todos estos errores, se ve obligado a decir: Ni este volumen ni yo somos políticos. El asunto de que aquí se habla es previo a la política y pertenece a su subsuelo, y unos meses después, ofuscado: Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral. Esto, en una clarísima contraposición no a quienes quisieron usar el texto para entender mejor la coyuntura política, –que es algo válido– sino a quienes, de manera carcelaria,dijeron que el texto insunfla de ideas con intenciones de control y alienantes a quien lo lee, justificando relaciones de desigualdad y ofreciendo un retroceso en la liberación de los oprimidos por el hecho de desvincularse de los asuntos políticos de aquél tiempo y por no darles solución alguna; lo que, supuestamente, desemboca en una marasma moral y política.

Esto último no es cosa distinta que una lectura no sólo desinformada sino vulgar sobre el asunto; propia de quien cree tener el derecho de condenar a toda filosofía que se limite a hacer un esbozo de cómo es y siente el alma humana y de cómo esto afecta todos los niveles de nuestra vida

III.

Hechas estas aclaraciones, los párrafos magistralmente hilvanados del texto comienzan a tener sentido. Su supuesto esnobismo se difumina hasta hacer clara una agudeza intelectual pasmosa y la aristocracia toma un sentido y una dignidad similar a la de la antigüedad, que toma una vigencia tan extraña como seductora. A partir de este momento, nos pide que nos figuremos, que nos retrotraigamos a uno de los escenarios más cotidianos de nuestra vida para advertir algo sencillísmo: que todo está lleno. Y cuando se dice todo, es todo.

Desde la calle hasta la ópera. Es decir, que cualquiera de los recintos en los que nos desenvolvemos, rebosa. Que es tan difícil tencontrar espacio en los espacios en los que se congregantodos los tipos de individuos como en aquellos que necesitan una cierta cualificación para hacer de ellos verdadero usufructo.

Sucede; sin embargo, que esta muchedumbre que ahora se hace presente, siempre había existido,pero en un segundo plano, escondida tras la férrea convicción de que si no se presentaba en ciertos lugares era porque hacerlo presuponía fingir ser algo que no se es. Yo mismo me sentiría extraño, a no ser que fuese acompañado de un conocedor en un hipódromo o en un ritual de ayahuasca, pues sacar el partido de ambos presupone el conocimiento de unos mínimos sobre el asunto para no referirse de manera vulgar a lo vivido en ambas experiencias. Siendo una persona más en un contexto especializado, o lo que es lo mismo, no estando especialmente cualificado en la materia de dicho contexto, ¿con qué derecho puede alguien ufanarse de ser usuario de lo que ahí se hace?

El individuo que hace esto es el hombre masa, el individuo no especialmente cualificado para algo que finge disfrutarlo y no siente pudor por aquello, el individuo al que no le preocupa hacer de su existencia algo más significativo, pues ha crecido en una sociedad en la que ser como todo el mundo, es lo ideal. En una sociedad en la que las masas han completado un advenimiento al pleno del poderío social. Sin embargo, en el seno de este fenómeno del lleno, emerge la figura del individuo que es minoría selecta. Es decir, gentes de espíritu recatado, prudente ante aquello que no conocen, y que viven en un perpetuo inconformismo con ellos mismos, sólo coincidiendo con quienes se encuentran inconformes con la sociedad por cómo se tratan algunos asuntos de vital importancia. Individuos, suma, que no nada poseen una simple cualificación intelectual mayor a la del resto, sino que viven tan inconformes como comprometidos con la realidad; y que pueden estar tranquilos cuando logran alejar a los demás de vivir a la deriva, de ser masa.

Entonces…, ¿se ha hecho normal y se ha perdido todo pudor por lo vulgar que puede ser uno en ciertos asuntos? Claro que sí, y además ¿acaso no sucede que la vulgaridad ha empezado a invadir todos las instituciones políticas y todos los medios de opinión que nos rodean, y que más bien, ésta ha empezado a ser celebrada y a hacer del rigor y de la sensibilidad de asuntos indeseables? Con esto, ¿no brota dentro de nosotros una preocupación mayúscula? Y lo que es peor, ¿no es exactamente lo que sucede en muchísimos países de todo el globo, cuando vemos al más pintoresco, vulgar y mediocre de los individuos terminar regentando el destino deun país? ¿No se bromeaba, veinte años atrás con la posibilidad de que algún día Trump pudiera gobernar Estados Unidos y hoy no sucede esto mismo?

Esto es, a mi juicio, lo que quiere presentarnos Ortega y Gasset con su concepto de masas y minorías: frente los asuntos que con más seriedad deberían abordarse en todas nuestras sociedades nuestro compromiso es mínimo y nuestra preocupación más pequeña todavía. Es decir, que nos hemos vuelto insensibles y sedentarios no a un nivel intelectual, sino también a un vital, ético, estético; y que más bien, esta insensibilidad es celebrada mientras que la preocupación y la angustia es algo censurado. Soñar en grande es visto como un acto de narcisismo, y simplemente vivir, que no es lo mismo que existir, es más fácil que nunca y esto nos alegra. E ahí pues, el sentido de decir que las masas se han rebelado.

IV.

Espero que hasta aquí se pueda desprender de mi interpretación de ambos términos que masa y minoría selecta no son términos ni políticos ni muchísimo menos clases sociales en el sentido económico del término. Por lo que, hasta cierto punto y con independencia del sector socioeconómico en el que se inserte un individuo, éste puede pasar de ser masa a minoría selecta y vicecersa. Pasa, pues, que si se despierta o se duerme la fuerza vital, el conatus que vive más o menos excitado dentro de cada uno, puede pasar cualquiera de las dos cosas. Este es el centro de la ética del autor: escoger ser masa o minoría selecta cuando se ha hecho consciente la importancia de cumplir con este salto cualitativo del espíritu, es el criterio rector de la dureza o la comprensión con que se debe juzgar moralmente una acción o un individuo.

Sin embargo, para no caer en lo que acertadamente Sandel ha llamado La tiranía del mérito es imporante matizar que este cambio de masa a minoría selecta pasa por reconocer y hasta cierto punto aceptar la circunstancia en la que uno se inserta. Lo que uno ha sido y es, depende en directa medida de su circunstancia. Lo que debe de procurar uno mismo es aspirar de manera prudente a lo que su circunstancia, progresivamente, le pueda ir ofreciendo; no desanimándose por lo que se ha podido ansiar y no se ha conseguido por el influjo de esta circunstancia, que es una de las principales razones por las que, quienes, habiendo sido minorías selectas por la grandeza de sus sueños, terminaron siendo masa al no verlos cumplidos. Pues ¿qué mejor lugar que la masa, con toda su mediocridad y su eterno conformismo, para abrazar a una persona con los sueños rotos?

Como se habrá notado, el que estos conceptos Orteguianos no estén demarcados de forma rígida y que él los haya pensado para que sean capaces de mostrarnos las fuerzas y dinámicas que subyacen a los fenómenos con los que nos topamos todos los días, hacen claras sus bondades, su elasticidad y su capacidad comprensiva para una infinidad de contextos. Y por lo mismo, sacar a  la luz ciertos ‘aspectos’ que son sumamente determinantes en todo cuanto nos rodea, pero que se encuentran ocultos cuando los enmarcamos en una mirada totalista o excesivamente cuantitativa.

Además, creo que ambos conceptos tienen la virtud de estar cargados de una fuerte convicción en la lucidez de las intuiciones más íntimas y propias de los sujetos a los que se refiere: una parte de la sociedad que la sociología tradicional suele relegar al ámbito de lo no importante. Aun cuando su riqueza se encuentra en dar voz al hecho de cómo nos impactan ya no cognitiva sino estéticamente las actitudes de las personas en determinados contextos, con lo que se generan valiosos sentidos que ya no pueden ser explicados los principios a priori de una razón pura, sino desde aquella parte de nuestro entendimiento que Ortega y Gasset llama La razón vital.