Quitemos el totomoxtle al maíz… Xipe Totéc renacer cosmogonía ancestral
Contagiado por la vibración de la fiesta que he vivido en el Municipio de Yautepec, Morelos, en el contexto del Primer Encuentro de poetas y Cantores en Lenguas originales y las celebraciones del Año Internacional de las lenguas originarias, en donde vivencié una fiesta de la palabra con historias y poesías, así como música que con su sola vibración cautivaba corazones más allá de las palabras.
Esta experiencia me exige conversar un poco acerca de la música que tiene como base la palabra prehispánica, pero también la vibración en los corazones que aún generan un gran número de culturas. Suena por ahí de repente Quetzalcóatl, Hun Hunahpú, Tláloc, Pachamama, Tonatiuh, Ixbalanque, Pachamacac, todo asociado a leyendas, dioses y diosas y en general toda la palabra de culturas ancestrales. Todo esto y la misma vibración del evento al que hago referencia no es ajeno al metal, incluso podría señalar que las bandas de las que en un momento más platicaré brevemente son un eslabón importante en la preservación de lenguas y, sobre todo, de la cultura de nuestros ancestros. Así es que sin más preámbulos pasemos a nuestras bandas.
Así es que, por supuesto, por si acaso aún alguien lo duda, existe un metal con los tintes más extremos, con influjos indígenas ya sea por temática, instrumentos o el uso de la palabra de las lenguas originarias. Me parece importante señalar algunos de los instrumentos que se utilizan en estas variantes del Metal. Al parecer la R considera que un alto valor en los géneros más extremos los tienen sus instrumentos incluyendo, por supuesto las voces guturales, es parte de su gran riqueza. En el caso de la música que ahora comentamos hay una riqueza, le parece a la R, aún más impresionante. Podríamos hablar desde instrumentos que varían desde las ocarinas, flautas, el teponaxtle, el huehuetl, utilizadas en México, hasta charango, quenas, zampoñas, sikus o bombo legüero, de Sudamérica.
Una banda que sin duda recordé en estos días de fiesta es Xipe Totec. Se trata de una banda que hace honor a la palabra náhuatl a través del Death Metal. Esta banda es de origen mexicano y se fundó en 1996. Enfatiza sus raíces, la cultura y la vida cotidiana de los antiguos mexicas. Una de sus mejores aportaciones se titula Eztlacuani que significa sediento de sangre. Todas sus líricas están en náhuatl antiguo, al parecer se pretende hace un Death Metal del brutal técnico con los elementos de aire –flauta– , fuego –teponatztli, tierra –tambor mexica–, y finalmente el agua –palo de lluvia– y en una vertiente también utilizan.
Tal vez se trata, sólo tal vez, de acuerdo con la misma banda de la visión vencida de la original raza mexicana conquistada mediante la violencia, la pérdida del náhuatl, pero también se refieren a su cosmovisión y el culto del sacrificio humano, las historias ancestrales mesoamericanas, todos ellos son temas que se adaptan casi de forma natural y frontal a la agresividad propia del Death Metal. Sin duda Xipe Totec pionera en lo que pudiéramos denominar metal prehispánico. Regresando a Eztlacuani, hay que decir que es un trabajo que se realizó en el reencuentro de la banda después de trece años de haber salido de la escena. La cuestión que hablábamos de la lengua originaria fue fundamental en un rotundo éxito de este trabajo. Además por si fuera poco también el uso de los instrumentos prehispánicos que ya mencionaba arriba.
Sin duda es impresionante la sonoridad propia de una mezcla de Brutal Death Metal con un ingrediente técnico que está lleno de velocidad, agresión, solos agresivos guitarra, cantos guturales desesperados y llenos de sangre, claro está, de los grandes sacrificios humanos mexicas. Sin embargo, también hay algunas rolas de invitación hacia un viaje místico y realmente tenebroso de los sacerdotes ancestrales sobre las pirámides o por dentro de las cavernas. Para algunos es la esencia del metal mexicano con su sonido que vibra lodoso, pantanoso y tribal.
Aún hay más, en un disco posterior con título In Moyocoyani, que significa el creador de sí mismo, sólo tal vez, se hará alusión al dios Ometéotl, y algunos lo referirán como Tezcatlipocla. Acá vuelven los cantos guerreros en el antiguo idioma Náhuatl, al igual que la vibración originaria del complemento ambiental con instrumentos prehispánicos como las sonajas, el huehetl, los cascabeles, flautas, palos de lluvia, tambores mexicas. Sin embargo los solos de guitarra están más estudiados, la afinación ha bajado a Sí Bemol, haciéndola sonar como una banda densa, agresiva, técnica, que sobre todo denota una fuerza guerrera y de misticismo que no deja fuera temas de miedo como el sacrificio ritual con el desollamiento y degollación así como las descripciones de los dioses del inframundo de la cosmovisión mexica.
Hemos hablado de la importancia de la palabra así es que por ello quiero platicar brevemente lo que nos comparte México desconocido en relación a Xipe Totéc, hablando más allá de la banda, por supuesto, nos referimos al dios que alimentó a la humanidad con su piel, que sin duda esta en el espíritu de lo que la banda ha querido revivir a través del Death Metal, de la fuerza sonora que vibra en los corazones de quien así lo elija, sugiere la R.
Así es que en la cosmogonía ancestral mexica se decía que nuestro Señor el desolado es el dios de la regeneración del maíz y de la guerra; de la primavera y la nueva vegetación, y por tanto se le considera como un dios de la fertilidad y también es patrono se los orfebres. Según Fray Bernardino de Sahagún los mexicas representaban a este dios vistiendo una piel teñida de amarillo, la cual pertenecía a un guerrero que se sacrifico rindiendo culto a Xipe Totéc, en el rostro lleva pintadas tres líneas rojas, hechas con pintura facial de codorniz, una corona de forma cónica, en la mano poeta un Chimalli y viste una falda de hoja de zapote. Así es que la leyenda dice que Xipe Totéc se auto sacrificó en beneficio de la humanidad, sacándose los ojos y desollándose en vida para alimentar a las personas con su piel. Sin embargo también se habla que es una metáfora mexica en donde el desollamiento se refiere en realidad a quitarle el totomoxtle al maíz.

