Rompiendo las cadenas de violencia digital

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Hoy en día, en pleno 2021, nos encontramos frente a una realidad desigual marcada por las cadenas de violencia hacia la mujer que se han trasladado al ámbito digital, y que, a pesar de los diversos mecanismos que tienden a compensar las brechas y desigualdades históricas, éstas parecen no tan lejanas y a partir de ellas es posible que cada uno de nosotros tengamos varias experiencias en nuestro entorno sobre escenarios violentos que siguen siendo permitidos, cuando en realidad, constituye muestra patente de la violencia invisibilizada.

Más allá de reconocer la valía de las mujeres y de lo femenino en el entorno social, idea romántica que implícitamente invisibiliza la violencia al evadir la responsabilidad respecto la forma en que en realidad opera nuestra sociedad en cuanto a la igualdad de género, el 8 de marzo se vuelve una verdadera lucha en función del origen y destino de la conmemoración que requiere de cierta dicotomía para lograr aproximaciones efectivas en torno a una sociedad igualitaria.

Una revisión integral, podría llevarnos a la falsa idea que la igualdad podría alcanzarse a través de un análisis de la especie humana como parte un ente indeterminado conocido por su esencia inmaterial en el que el conjunto de atributos en torno a la dignidad pudieran resultar aplicables de manera genérica para hombres y mujeres por igual, y por ende, establecer una serie de atributos como especie animal que le son propios por naturaleza, sin embargo, conviene señalar que dicha aproximación cuenta con una trampa cosmogónica en función de que gran parte de los enfoques filosóficos responden a propuestas androcentristas que han definido las características del ser humano, incluyendo la noción de dignidad humana, materialmente desde la perspectiva “de los derechos del hombre”, es decir, tal como se desarrolla en gran parte de las corrientes feministas, nuestra construcción cultural actual tiene grandes tintes verdaderamente “falo centristas”, a través de los cuales nuestro entorno ha sido descubierto y explicado.

Por ello, si bien en lo personal no me cabe duda de la importancia de la lucha feminista y del impulso de las medidas positivas, afirmativas y visualizadoras de la acción femenina en la sociedad, me queda claro que uno de los principales indicadores de las barreras y estructuras existentes se dan a partir de la existencia de corrientes lingüísticas, filosóficas y de pensamiento que se oponen, critican o simplemente descalifican dichos mecanismos de compensación de desigualdades fácticas.

Es más, precisamente, más allá de un supuesto género biológico, encontramos de manera subyacente la idea de igualdad y no discriminación, y la inclusión de los seres humanos no sólo con sus congéneres, sino como parte de un ser que interactúa con su entorno y a partir de ahí se desarrollan nociones bioéticas mediante las que se explican las principales pautas que ha de tener la especie humana no sólo con su propia especie, sino con todas aquellas que representen expresiones de vida y en virtud de las cuales, se materialice potencialmente sus relaciones con ellas.

Finalmente, con el desarrollo tecnológico no debe pasar desapercibido una nueva dimensión ética en torno a las creaciones por parte de la innovación y la tecnología como parte de los criterios bio-tecno-éticos sobre los cuáles será posible interactuar con seres “artificiales” que coexistirán con nosotros como seres “naturales”, cuando eventualmente la distinción entre unos y otros cada vez más vaya desapareciendo o difuminándose, considerando los avances de la biotecnología en la que no se vuelve necesario contar con fierros para generar “robots” sino que éstos pueden generarse de manera orgánica y genéticamente ordenados, así como la interacción transhumanista en la que la biología puede ser modificada y mejorada a través de aparatos mecánicos, orgánicos, o inclusive programáticos a nivel ADN, o mejorado a través de intervenciones químicas. Si bien es más lo que desconocemos hoy en día, no deja de existir una aparente xenofobia que se traslada a cualquier otro escenario en el que las personas se enfrentan hacia lo desconocido.

Xenofobia que en parte, parecería que ante la falta de entendimiento se produce en torno a la lucha feminista, al grado de que se sigue, inexplicable e injustificadamente, polarizando a la sociedad respecto a un tema que debería empezarla a unir para generar nuevos conceptos a partir de los cuales el concepto de dignidad humana no deba ser necesariamente neutro, sino que en dicho concepto podamos encontrar conceptos tanto masculinos como femeninos que a su vez, sean plenamente reconocidos en lo individual y en lo general a partir  de su incorporación en la cotidianeidad.

Sin embargo, a pesar de que se trata de una lucha avanzada que en principio, le corresponde a las mujeres desarrollar como parte de una proceso de emancipación del género, participando de él, los hombres en la medida que estas nuevas corrientes generan consenso sobre aquellos aspectos en los que es necesario reconstruir nuevos paradigmas inclusivos e incluyentes, que a su vez tenderían a convertirse en los nuevos mecanismos de secularización del sexismo, a fin de que nuestras actividades reflejen una sociedad plural en todas sus dimensiones y que inclusive, el concepto ser humano, posiblemente replanteado en lo gramatical y sobre su contenido, pueda comprehender todas aquellas expresiones que le son propias y que permitan describir a nuestra especie.

Es así, que estas redes sociales en torno a una concepción androcentrista de nuestra actualidad, se han trasladado a los medios digitales como una serie de cadenas de violencia que surgen desde la invisibilización de la mujer como género y que, día a día tenemos presentes en el ámbito doméstico, laboral, social, familiar, político y económico, sin que esta lucha parezca tener un horizonte cercano para su fin, por lo que, si bien como género masculino puedo coadyuvar desde mi actuación y función en promover, respetar y maximizar los derechos de las mujeres en nuestro entorno actual, acompañando su lucha a través de su liderazgo transformador, también es cierto que como hombres, sin invadir aspectos propios del feminismo o de los fundamentos que soportan su ideología, empezar a alzar la voz de los escenarios de violencia en los cuales participamos por la propia estructura jerárquica organizacional, o inclusive desde los propios aspectos de hábitos heredados que nos exigen redimensionar los aspectos propios de la actuación y la importancia de la coordinación entre ambos géneros, no porque únicamente persista una desigualdad sustantiva, sino porque adicionalmente siguen existiendo brechas biológicas y comportamentales que requerimos cortar a través de las cadenas atávicas que nos han dado una falsa seguridad y conocimiento de lo que el mundo es y debería ser.

Por ello, para que nuestras redes digitales dejen de convertirse en cadenas de violencia digital es importante que replanteemos nuestro contexto sociocultural y que, sin invadir cuestiones propias de los géneros, reconozcamos nuestras diferencias desde nuestra sexualidad y los roles que desempeñamos en función de ellas, para permitir escenarios igualitarios desde la intimidad de nuestros hogares y hacia nuestras proyecciones sociales, que se ven marcadamente desde el ámbito laboral.

Lograrlo, no es labor fácil si nos damos cuenta de las diversas trampas que encontramos de por medio, empezando desde las condiciones económicas que exigen a la gran mayoría de los hogares dedicarse a labores ambos miembros y a partir de ahí, con la paternidad y maternidad, definir cuáles son los roles deseables dependiendo de las circunstancias, así como, que en ese mismo escenario y las posibilidades de modificación conductuales, los escenarios laborales no excluyan a aquellos que han determinado contar con un medio de desarrollo familiar, como en aquellos casos de alta exigencia en los cuales prácticamente se vuelve nugatorio el acceso tanto a hombres y mujeres que se encuentran ligados a la crianza, por lo que, para acabar con la violencia, también es importante desarrollar parámetros de desarrollo humano que ponga límites a las cargas y garantice un mínimo de igualdad de oportunidades bajo bases reales, que permita mediante una concepción de igualdad de género, contar con las condiciones sociales que garanticen una sociedad igualitaria en todas sus dimensiones. 

Hasta la próxima.