Semana de Reflexión
“Ecce Homo”
Poncio Pilato
Hace mucho que el mundo en su conjunto no vivía una semana como esta, llena de pensamientos, reflexiones y preocupaciones, es una semana que lleva ya tintes de quincena y en ocasiones de meses, es la “semana mayor”, la “semana santa” llena de misticismo y de ideales por alcanzar y metas por encontrar; las enseñanzas bíblicas tal vez hoy, tomen un nuevo sentido y relevancia.
Pues si en el sermón de la montaña, Jesús de Nazaret nos pide orar encerrándonos en nuestro cuarto, hoy no solamente los clérigos o agentes de la vida consagrada lo van a vivificar sino millones de mexicanos, miles de millones en la humanidad tendrán que buscar a Dios en lo más profundo de su ser, rodeados por cuatro paredes, encerrados o resguardados en sus hogares para evitar no contagiarse de un virus que parece está paralizando las relaciones sociales, la economía y esta convulsionando los sistemas de salud.
Hoy los templos no serán el lugar más concurrido, las puertas se habrán cerrado y los ritos de fe tendrán que consagrarse desde el corazón, acompasados por una difícil meditación en un mundo donde lo que más desean millones de personas es salir de sus casas, liberarse del yugo autoimpuesto para resistir la tentación de salir al peligro de un contagio, difícil situación la de hoy; buscar en el encierro voluntario los signos visibles de algo que el tradicionalismo religioso nos ha mostrado como un bastión de representación y signo visible de una fe que en el mundo moderno parece tambalear.
Las representaciones populares que se realizaban en distintas latitudes de nuestra comunidad donde los pasajes de la vida pública, pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo eran el epicentro de congregación, hoy han quedado suspendidos; los actos de expiación de la feligresía, los devocionales populares, peregrinaciones, carnavales, jolgorio y verbena propios de la época primaveral han formado parte del recuerdo de años que se disfrutaron pero que ahora no se pudieron celebrar; y entonces el recuerdo se mezcla con la melancolía y los suspiros parecen llevar el anhelo de lo que fuimos, de valorar lo vivido y de volverlo a vivir con la misma libertad, con la cercanía de los nuestros, con el estruendo de las glorias, con los reflectores encima, con la dicha de poder ser parte visible de la semana santa.
El ambiente que antes olía a reflexión, a quietud y calma, hoy se antoja de especulación, de incredulidad ante lo vivido, de un constante sentido de actitud contradictoria, por primera vez en mucho tiempo; se puede vivir la semana santa de una manera aislada, con un sentido hermético, aplicando lo que dice la escritura bíblica: “encontrar a Dios dentro de nuestro cuarto” al orar y cerrar por dentro la puerta de nuestro corazón, hoy las circunstancias nos obligan a permanecer encerrados, aislados de la sociedad, distanciados sanamente en el campo de la salud pero paradójicamente también por sanidad mental.
Por principio de cuentas debemos entender lo que implica la semana santa, la semana mayor o semana grande, la distancia temporal que existe entre el domingo de ramos establecido en el calendario ordinario, hasta el domingo de resurrección; siete días de paz, reflexión y ejercicios espirituales, pero ¿por qué se le denomina semana santa? Es una semana de tradición anual cristiana que conmemora los sucesos más significativos de la vida cristina: la entrada triunfal de Jesús hacia Jerusalén proclamado como rey, la decapitación de Juan “el bautista”, la venta de Jesús por uno de sus discípulos “Judas, el Iscariote“; la última cena (hecho salvífico) conocido en el rito católico como la institución de la eucaristía, la oración en el Huerto de Getsemaní, la entrega y aprehensión de Jesús en manos de sus verdugos, la negación de Jesús por su discípulo Pedro “piedra de la iglesia” y la noche más dolorosa de Jesús “el divino preso”.
Surgen como parte de la neblina de esta época, las etapas de luz redentora “según la concepción cristiana”, las visita de las siete casas (caminar de palacio en palacio siete veces, que fue el peregrinar que llevó el preso Jesús antes de ser ejecutado), la flagelación como castigo para Jesús de Nazaret, la liberación del rebelde “Barrabas”; el juicio viciado y poco apegado a derecho de Poncio Pilato en contra de Jesús, para posteriormente condenarlo al sacrificio: la muerte en la cruz, que científicamente está comprobado pudo hacerse realizado en un patíbulo y lastimado el hombro hasta desgarrarlo, la muerte en la cruz aproximadamente a las 3 de la tarde donde la naturaleza se manifestó; y el entierro doloroso del Maestro por parte de su Madre y amigos cercanos, para culminar con la resurrección gloriosa.
Cada detalle de estos días puede ser analizado a la luz de la historia, la religión o la ciencia en su totalidad, pero no hay mejor forma de atenderla que desde los actos de fe, desde la dulce suavidad de la reflexión para interiorizar dentro de nuestro ser y entendernos como seres humanos, tratando de corregir el camino, evitando las malas conductas entre nuestros semejantes, entendiendo que este periodo ordinariamente se entiende como las “vacaciones de semana santa” pero que en esencia y de origen tiene una misión más grande; la de meditar, orar, interiorizar nuestro ser, adentrarnos en el mar de pensamientos de una realidad poco descubierta, nos hemos acostumbrado a ver más hacia afuera que hacia adentro.
Y es que ahora estas vacaciones de semana santa, la cuaresma dentro de la cuarentena nos incita a cambiar el método antes aplicado, para los católicos y cristianos es una época para no nublarnos por el mundo, para no distraernos de vivir la verdadera religión, esa que tiene su origen en el alma de cada ser humano; vivir en oración como antaño se debería vivir plena y magnánimamente; desafortunadamente el hogar ha dejado de ser el espacio de aislamiento para convertirse en el lugar de distracción, los medios tecnológicos a nuestro alcance nos incitan a ver todo sobre el mundo sin preocuparnos por nuestro mundo personal, que gran reto; que delirio más grande que ser luz en una antorcha semi apagada, pues nos enseñaron la fe a la manera tradicional, la antigua, la que surge de la raíz, pero hoy pretendemos hacerla efectiva zigzagueando por las ramas, los frutos pudieran ser en esencia los mismos, pero no tendrían la sabia de la verdad.
Y es que hoy sabemos que podemos vivir esta semana santa diferente, el internet y la tecnología nos acercan a otras formas de entenderla, verla y vivirla, con sus misterios salvíficos para los creyentes, por medio de estas formas de acercamiento viviremos una representación evangélica en Iztapalapa, la misa presidida por el Papa Francisco, nuestro Arzobispo y algunos sacerdotes vía redes sociales, y habrá que adecuarse a estas nuevas formas. Hoy debemos entender que semana santa no se canceló porque esta instituida en el calendario litúrgico, simplemente se vive y siente diferente.
Que la luz que unge esta época de reflexión, inunde nuestro corazón.

