Semana Mayor

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Los  días que van del Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección; disculpas por anticipado, si conociera el mito de otras culturas o prácticas religiosas podría estar en condiciones de hablar de esos otros ritos, pero no, resulta que en esta fracción del mundo en la que cohabito con millones de personas, esta tradición enraizada de la fe judeocristiana es la más frecuente según censos y devociones. Nada mal para una ideología que resiste los siglos y que probablemente sufrirá las modificaciones necesarias para la persistencia.

Establecida desde el Concilio de Nicea (Año 325), separándola de la Pascua judía, cada día de la Semana Mayor tiene un significado, amén de liturgias, constituye una extensa metáfora de lo metafísico, una filosofía envuelta en poesía, cada día es también enseñanza, examen y promesa. La Entrada, la Cena, el Lavatorio, La Pasión, Viacrucis, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazareth. Adentrarse en el misterio milenario de cada uno de estos hechos, conceptos, fenómenos, postulados –como como se desee llamarlos, pues en cada una de las disciplinas han rendido los santos y sabios explicaciones sobradas–. No sólo son conmemoración de los  adeptos o acomodo de los calendarios civiles, procesiones y demás fenómenos, este tiempo ofrece una oportunidad de introspección, pues también proviene de  una cuarentena moral conocida como Cuaresma. Por tanto, no sólo es un día feriado extendido, un puente o período vacacional escolar.

Ahora que la otra cuarentena de 365 días nos tiene bajo condiciones de resguardo por alta precaución, sanidad y cautela (espero que sea así para todos), no tiremos los esfuerzos realizados, los momentos de solidaridad que aunque escasos han sido suficientes para establecer cierta conciencia ética de la población, todo eso se esfumará ante una tercera ola de la enfermedad Covid19. #Quédateencasa