¡Semana Santa!
Resulta de mal gusto describir una muerte por Covid-19; inclusive el sufrimiento de quien la libró.
Pero esto poco importa a los mercaderes, por ejemplo, quienes abrieron estadios de futbol.
Ojalá despierten los mexicanos que hoy celebran(mos) el Bicentenario de la consumación de la Independencia nacional. Ojalá lean, vean, consulten que no se ha ganada la batalla. La pandemia; se ha visto que la reclusión ya destruyo mucho psicológicamente, pero el final del túnel ya se ve.
Veamos lo que puede suceder:
El jefe de familia viene sonriendo, quitando con los huaraches de plástico, montoncitos de arena; viene con dos diakiris y la esposa, marmota tendida al sol, recibe la copa.
Puerto Márquez en Acapulco, esta hasta el Keke… igual la Playa Condesa y el Revolcadero.
… Y el hijo del hombre, clavado en la cruz, en vivo y a todo color en la Iglesia- Catedral, decenas de feligreses se emocionan con la palabra. Un estornudo se escapa.
Los grandes centros comerciales no cierran… ¡cómo! Si la riada comprante hace fila para entrar.
-¿Nos reunimos para el revoltijo jefa?
–Ora, pero traes refresco y cerveza.
Y el viernes Santo, la numerosa familia celebra, algunos con otros, sin mascarilla protectora, las virtudes culinarias de la abuela.
Todo perfecto, excelente: descanso compa, reunión familiar, solamente que a todos se les olvidó que vivimos una terrible Pandemia y que estamos Todos en la cuerda floja.

