Simbiosis

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La vida es más que un simple juego mortal en el que engañar y matar aseguran la inyección del gen más espabilado a la siguiente generación; es también la unión simbiótica y cooperativa que permite triunfar a los que se asocian.

­Lynn Margulis

 

Una de las teorías de mayor impacto en la biología evolutiva es la endosimbiosis serial, propuesta por la bióloga estadounidense Lynn Margulis en su obra On the origin of mitosing cells (Origen de las células mitóticas) en 1967.

Una simbiosis es la asociación íntima entre dos especies, cuyos miembros  (simbiontes), pueden ser beneficiados (mutualismo), no ser afectados (comensalismo) o ser dañados (parasitismo).

En esencia, la teoría expone que las primitivas células eucariotas se originaron por la relación de  células procariotas, las bacterias.  Los ejemplos más claros son los cloroplastos y las mitocondrias que antes, habían sido bacterias independientes, así como la adquisición de cilios y flagelos que permitieron  la capacidad del movimiento que tienen las células con núcleo.

 

La simbiosis está presente en algunos hongos y plantas cuya asociación se denomina  micorriza, en las cual los hongos obtienen azúcares fijados por las plantas y, a cambio, los hongos proporcionan a la planta, nutrientes vitales del suelo.

Sin embargo, la simbiosis también se encuentra en el día a día; en la escuela, hogar, calle. Un ejemplo son los equipos de trabajo, si no se lleva a cabo una simbiosis entonces el objetivo común no se cumple.

¿Y cuál es el objetivo común de todo organismo vivo sino sobrevivir y reproducirse?

Nuestro bienestar, por lo tanto,  depende del bienestar de las demás formas de vida.

En su obra Microcosmos Margulis apoya la perspectiva de humildad ecológica que derroca la visión antropocéntrica y equívoca de reconocer a la especie humana como el pináculo evolutivo:

“(…) podemos restituirnos algo de nuestra antigua grandeza evolutiva al reconocer a nuestra especie no como dueña y señora sino como compañera; participamos en una asociación callada e incontrovertible con los organismos fotosintéticos que nos nutren, los productores de gas, las bacterias heterótrofas y los hongos. Ningún designio político ni ningún avance tecnológico es capaz de disolver esta asociación.

 

En 1969 James E. Loveloock y Lynn  formularon la hipótesis de  Gaia que considera a la Tierra como un sistema vivo.

Parafraseando a Ricard Guerrero en Microcosmos  nuestro planeta es en conjunto un sistema vivo por las interacciones entre la biota y los componentes geoquímicos de la Tierra.