SOBRE LA POÉTICA DE UN POETA Y LA POESÍA EN SU POESÍA Y EN LA POESÍA
¿Sabes lo que es una era?
Es un punto de partida
y un final con nacimiento.
Es decir un círculo de vida
rodando con su muerte.
J.B
En plena dictadura de la Era Digital, que pretende impregnarlo todo, y donde casi todo se vive en una siniestra nube segmentada, milimetrada, llena de algoritmos que nos respiran en la nuca, que vigilan nuestras miserias, y desde donde probablemente, y sin paranoias, hasta nos estén oliendo, felizmente, tenemos a la poesía, pero sobre ese arte inefable, la poesía de Jorge Bacacorzo, salvadora, irresistible, poderosa y todo terreno, en lo cotidiano y por ende, en lo más profundo de nuestras vidas, también, nos da el encuentro.
Nada más caótico que la poesía, por su diversidad, su antigüedad y sus contextos. Y quizá abordarla y enmarcarla sea una labor utópica, felizmente. De ahi que el poema tenga, tantas versiones como lectores posea. De manera que podemos decir que estamos hablando de un océano con todo lo que eso significa. Y en esas aguas encontramos un archipiélago, las Eras de Junio.
Celebrar el centenario de un poeta, en la casa del amauta, no podría tener mayor duende. Y la ucronía, vale. Y la poesía, como siempre, nos rescata, y nos saca, una vez más, de la locura de los famas de Cortázar.
La poesía, como esa rosa de los vientos que nos ubica para retomar rutas o diseñarlas, inunda hoy este recinto, y el homenaje al poeta Jorge Bacacorzo nos reúne en una fiesta de todas las sangres, como no podría ser de otra manera. Acercarme a Las Eras de Junio fue muy difícil, y casi naufrago en el intento. Nadar entre palimpsestos, entre lo que está debajo de cada verso, de cada verso y de cada verso, multiplica las interpretaciones, como si fueran capas de cebolla que ignoran la palabra fin.
Si asumimos la poesía como el núcleo natural de todas las artes, es decir, como centro y médula, de la danza, la música, el teatro, la literatura, la pintura, la escultura y el cine, estamos diciendo, evidentemente y como un axioma que asoma natural, que la poesía de Jorge Bacacorzo, se mueve, se oye, se ve, en sus actores como personajes y viceversa. Cuadros como fotografías en una rápida acuarela, y como se esculpe en imágenes, una revolución, sin marcos que la midan con nomenclatura social, sino con los telescopios con complejo de microscopio, que tenemos algunos lectores con serias dudas de salud mental, o espiritual, como está de moda decirlo.
Las Eras de Junio, me pareció, más allá del tema, del motivo, una poesía sinfónica. Coral, veloz y lenta, tiene solos, agudos, graves y muchos niveles, nuevamente, de intensidades, incluidos los silencios.
Y es que su poesía nace del error, me explico… el error sufre, aparece, uno no dice me voy a equivocar y se da, no, el equívoco es natural y por lo tanto, autentico, y en La Eras de junio, vemos cómo el ser humano en su dimensión pequeña y grande, se equivoca, no todo lo calcula, y yerra y cae en manos del poder, o de las armas o de los números, y vemos cómo la injusticia y el abuso, sí es premeditado, y ese si no es un error. Es un grito desgarrado hacia dentro, que viene de las víctimas.
Durante un buen tiempo, este legado de Jorge Bacacorzo me fue esquivo, para leerlo había que estar como una esponja marina. Beberse un mar tiene algo de suicida, de mágico, y de exageración por supuesto.
Jorge Bacacorzo parecía que no conoció ni la pluma ni la máquina de escribir para versar, se me antoja creer que lo hizo desde un caleidoscopio, a manera de varias miras telescópicas de francotirador. Su poesía dispara, desde perdigones hasta balas de alto calibre. Es la protesta construida ladrillo a ladrillo revolucionario, para que su mismo yo poético la dinamite, y así, la vuelva a construir, como una noria que no deja de crecer.
Cada verso suyo es una volteada de tortilla presentada en cámara lenta, en lucimiento estético de fondo y forma, lo que obliga al pobre y privilegiado lector, a administrar la respiración para poder continuar con la lectura, si logramos salir de ese ojo de la tormenta donde nos ha puesto el autor.
La originalidad está inherente a la construcción de cada verso y de cada poema, y el viejo Walt Whitman aparece con aquello de: Me contradigo, contengo muchedumbres, y creo que ese es el alma de Jorge Bacacorzo en este poemario, contiene muchedumbres.
Lo conocí, conversamos, fue muy generoso conmigo, y su atenta y distraída y extraña sabiduría, me dio la sensación de estar frente a un ser que era poeta las 24 horas del día.
Me arrepiento, de no haberle pedido una entrevista para publicarla, pero el riesgo a ser víctima de su sentido del humor casi invisible, me acobardó. Tenía la mirada de quien lo había leído todo, y frente a eso opté por la retirada.
Y hoy que estoy presente, cometeré el atrevimiento de leer en público un poema dedicado, a él, a Jorge Bacacorzo.
COMO UN NIÑO FRENTE A UN POETA
Escribías y decías
Decías y enseñabas
Enseñabas y disparabas
Hacías versos y construías
Una posibilidad
Un sueño
Una ilusión
Una justa romana bien calibrada en el mercado
Una balanza… una plomada, un teodolito.
Y cuando te fusionabas más,
Cuando te fundías más
Cuando te amurallabas más, para saltar más alto que cualquier trampolín
Cuando despertabas más, más despierto que nunca
Nos hacías soñar, nuevamente
porque todos los meses eran junio
Como tu nombre, bautizado con tu vida
Para que nunca más, te vuelvas a dormir.

