Surrealismo ebrio

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El gato se vuelve en un barco

provoca comérselo a plena luz de esa noche

que nos penetró el ansia por seguir viviendo

en esta cola de dinosaurio bebé, y si, pues

sin ninguna estética más que el tango que queremos escuchar y punto,

punto aparte y que nos perdonen quienes nunca pensaron

en perdonarnos,

y a las mujeres, esas nubes rosas, que lo dominan todo un dominó

para que se abriguen

a los hombres, fotografías antiguas para que se bañen con ellas

con agua

de cantimplora de una sola gota, y con cuidado,

no vaya ser que estar piantao sea un crimen,

y es que, dime si acaso no hay un placer superior

el ver el gozo en las comisuras del ese basta ya,

y volverse un homicida matando y matando

y naciendo y naciendo

mientras el gato de Betty Blue, nos pregunta

qué escribimos,

y mientras tanto tú con tu piel blanca que la sacaré y enrollaré

como una forma de secuestro,

porque después de la almohada en cualquier momento muere el amor

a pedacitos

picando una picota y colando un colador,

y acaso ser otro

el que siempre quisimos

ese Dios secreto que ignora su obra

o el demonio metido en una botella

y beberlo hasta ser otro

para tener otras

solamente para entrar en ellas

y sentir como vibran

enamoradas de todo mientras dura ese momento

de agujas que se vuelven alfileres

porque ellos también quieren tener cabezas,

para ser alguien

como algún insaciable

que solo la muerte lo puede salvar

o tus gemidos para todo lo que haces

y tu silencio con la luz en negro

porque a estas alturas donde nada importa,

recién se puede empezar a vivir,

pase lo que pase,

con el corazón remendado y flotando en nuestro segundo

corazón azul,

para que me ames

con locura absoluta

y te comas todos los balcones,

por mí.