Tapando soles

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En el día a día de todo ser humano, hay momentos en los que tendríamos que tomar partido, asumir posturas y tomar al toro por los cuernos, buscando clarificar aquellas conductas o situaciones que nos resultan incómodas, cuestionables o problemáticas.

No obstante, pareciera que nos es más conveniente fingir que no pasa nada, al punto de tapar el sol con un dedo, como si el hecho de no hacerlo público o negándolo, desapareciera o dejara de existir.

Eso es parte de la pretensión de muchas instituciones y personas por vender al mundo que tienen absolutamente todo bajo control, queriendo pretender lo que no son y, con ello, suponer que convencen a sus interlocutores, aunque éstos, se dan perfectamente cuenta de la realidad.

Los casos en esta inconsistente postura son muchos, desde gobiernos que, aún con las evidencias de que han dejado de hacer cosas, están convencidos de que por no hablar del asunto este morirá por desgaste, pasando por instituciones que, ante la difusión de una conducta inapropiada de alguno de sus funcionario, sugieren a sus empleados negar las imputaciones, a pesar de que los testimonios en audio y video resultan contundentes.

Imagine usted que en una empresa, una cámara de seguridad capta el momento preciso en que uno de los empleados, con el uniforme de la organización y en evidente estado de ebriedad, agrede a una persona que iba caminando por la acera.  Por coincidencias del destino, alguien más graba el hecho con su teléfono celular y comienza a difundirlo a través de redes sociales.  Al día siguiente, con poco más de 50 mil visitas, y con un repudio social amplio, el gerente de la empresa pide a sus empleados no decir nada al respecto, para evita una mala imagen.

Es decir, ¿realmente estamos convencidos que por no decir nada el problema se resuelve?

Siempre he sostenido que todo comienza en casa, y quienes actúan de esa manera es porque seguramente desde el seno familiar se les acostumbra a reaccionar de esa forma; en cuantas familias en el mundo escuchamos frases del estilo: pero no se lo digas a tu padre, por favor no se lo cuentes a tu hermano, ¿por qué andas contando las cosas a tu esposa?, y otras tantas que buscan ocultar lo evidente.

Tratar de ocultar inútilmente algo que es demasiado notorio resulta ocioso, ¿no sería mejor asumir las cosas y buscar soluciones?

Por supuesto que existen casos en los que, por estrategia, quizás convenga un voto de silencio, en tanto se están haciendo esfuerzos por corregir aquello que genera el conflicto; por esta causa, cediendo sin conceder, podría legitimarse la pretensión, porque en el mediano plazo ese problema de origen será resuelto, con la expectativa de un nuevo punto de origen con resultados más promisorios.  Pero si es la inacción la que predomina, cuando el sol salga será tan deslumbrante que acabará por causar una ceguera de la que no habrá forma de recuperarse.

Dejar de estar tapando soles, cuando la realidad ilumina todo aunque pretendamos evitarlo; tal y como dice aquella frase popular: el circo sigue mientras haya quien la aplauda a los payasos.

horroreseducativos@hotmail.com